Otras aguas Familia #2
87%

Familia #2

A mamá le dolían mucho las piernas. Le habían programado una resonancia. Seguiría con la quimio durante otro mes y luego el médico decidiría qué hacer.

La solicitud para el año sabático debía presentarse en una semana.

Mamá no la había mencionado últimamente, pero si las cosas con Howard terminaban, con seguridad el tema surgiría de nuevo.

Pero ¿por qué debía sentir yo la obligación de ir?

, ¿se esperaba que el hijo mayor desempeñara el papel de marido suplente?

No en cuanto a las necesidades cotidianas —de eso se encargaba mi hermana— sino en cuanto a ser su ancla.

Como yo no tenía hijos, tal vez mamá sentía solidaridad en nuestra soledad compartida.

Y después de años de rechazar su dinero, cedí y acepté unos tiquetes de avión, lo cual me hizo sentir en deuda con ella.

Para acabar de complicar las cosas, la solicitud exigía una propuesta de diez páginas y yo no tenía ningún proyecto en mente. Entonces me puse a pensar por si acaso. Así podría esperar hasta el último día para decidir.

Para mi alarma, Marta buscó en internet sobre programas universitarios y se entusiasmó con la idea de ir. Y aunque yo la necesitaría como amortiguador en caso de estar con mamá, me preocupaba que le gustara la vida allá y quisiera quedarse (lo cual, por supuesto, formaba parte del plan de mamá).

***

Otra misiva:

Visité sorpresivamente a Howard en Daytona.

Le pregunté si me había comprado una tarjeta de San Valentín.

Me contestó que no había comprado ninguna en su vida.

Le dije que me diera una aunque yo tuviera que pagarla.

Di una vuelta por Walgreen’s mientras él la escogía.

Dijo que no podía leerla sin gafas, aunque pensó que tenía suficientes palabras sentimentaloides.

Bueno, es la tarjeta más linda que me han dado en la vida, y él reconoció que la había leído.

Confesó que no era romántico y que no se le daba bien expresar sus sentimientos. Creo que puedo ayudarle con eso.

***

Aprovechando su estado de ánimo, le contesté sobre el año sabático.

«He estado hablando las cosas con Marta. Realmente no es el mejor momento para ir. Se trata de mi trabajo y de su actuación; podría darte más detalles. Pero quiero dejarlo claro: si de verdad quieres que vayamos, iremos. Depende de ti».

«No, Trey —respondió mamá—. Depende de ti. Tienes que reconocer los beneficios que tendrías aquí. Oportunidades profesionales, atención médica y seguridad. Y, sobre todo, estar con tu familia».

Ahí estaba. Arrojó la bomba: el tema familiar.

«Mamá, como te dije, hemos considerado todo eso y se reduce a lo siguiente: No queremos ir en contra de tus deseos».

«No importa lo que yo quiera. Lo que importa es lo que sea mejor para ti. Tendrás mi casa y mi carro, y el dinero que te pagaré para que me ayudes con mis memorias. Hablando de eso, he tomado algunas notas. Tienes que resaltar estas cualidades de Howard: lo interesante que es.

Lo enigmático y contradictorio. Tan dulce y sin embargo tan… solitario. Tan seguro de sí mismo y al mismo tiempo tan frágil».

«¿Le dijiste que tienes cáncer?».

«Sí, se lo dije. Justo después de que mencionara su cirugía de la próstata».

***

La directora me detuvo en el pasillo y me preguntó por mi oficina. Le dije que pronto tomaría una decisión. Ya estaba terminando mi propuesta y pensando en vender mi carro. Como mamá no me escribía, la llamé y le pregunté por Howard.

«Otra vez está muy ocupado. Le dije que el balón estaba de su lado. Que yo intentaría ser paciente. Fue entonces cuando hablé con su hermana. Me confirmó lo que yo sospechaba. Lleva cinco meses “enamorado” de una mujer en Daytona. Tiene sesenta años, se ha casado cinco veces y trabaja en AAA;

Howard me llamó desde allá para decirme que estaba buscando trabajo. Su hermana dijo que no tenía ni idea de que él había estado conmigo. O que tuviera serios problemas financieros. Añadió que gasta dinero como un loco. Se supone que vive de la Seguridad Social,

así que su amante debe estar pagando sus cuentas. Le he dejado varios mensajes, pues el lunes era su cumpleaños, y no me ha respondido».

«Mamá, esto parece una historia de detectives».

«No —espetó—. Es una historia de amor».

***

«Esperé unos días —me contó mamá a continuación—, y luego publiqué un mensaje en Senior Mates. Usando un nombre falso, me describí como una cincuentona amante de la diversión a la que le gustan los viajes, los buenos vinos y las conversaciones provocadoras».

Y Howard respondió de inmediato. Lo pillé con las manos en la masa».

«¿Cuánto dinero le diste?».

«¿Qué?».

«¿Le diste algo de dinero?».

«Un poco, pero he sabido de tres mujeres que le dieron mucho más. Fui a SouthTrust, donde él me había hecho un cheque por cinco mil dólares. Wendy, la gerente, me dijo que su cuenta ha estado sin fondos desde hace un año. Le conté la historia de Howard. Se puso furiosa. Me dijo:

“¿Qué piensan tus hijos de esto? Vengo de una familia italiana muy grande; mis hermanos ya habrían matado a ese hombre”».

Mamá hizo una pausa para que yo asimilara eso.

«Wendy me dijo que dejara rebotar el cheque y luego informara a la policía. Tengo sentimientos encontrados. No quiero que Howard salga herido. Pero si lo delato y él tiene que asumir la responsabilidad, es posible que finalmente obtenga la ayuda que necesita».

***

«Lo llamé hoy —me contó mamá—. Sonaba deprimido. La buena noticia es que está en terapia. Dice que todo se debe a su obsesión con la mujer AAA cuya existencia ha negado todo este tiempo. Le dije que se declarara en quiebra y se buscara un trabajo».

«¿Qué pasará ahora?».

«No lo sé. Pero a pesar de todos sus defectos, yo no daría nada por lo que hemos tenido».

«Yo no cambiaría nada, quieres decir».

«Como dije, tú eliges las palabras. Pero tienes que transmitir la angustia que siento».

***

«¿Esto significa que iremos?», preguntó Marta.

«No necesariamente», dije.

Los días siguientes fueron insufribles. Pensé en llamar a mamá para decir que no íbamos y luego esperar su reacción. Con base en eso, decidiría qué hacer.

Sin embargo, mamá tampoco me llamó. Y la fecha límite se venció.

***

¿Y qué pasó con Howard, un charlatán encantador que engañaba a mujeres vulnerables y sedientas de afecto?

No envió condolencias cuando mamá falleció.

Y nunca me devolvió la revista con mi primer cuento.

Siempre supe que esos hombres existían, pero nunca pensé que uno de ellos se aprovecharía de mamá.

Pero hay otra forma de ver las cosas.

Tal vez mamá lo había pillado desde un comienzo.

¿Había algo malo en que una anciana solitaria, incluso una mujer de principios como mi mamá, le pagara a un charlatán por sus afectos?

Especialmente en un momento de gran necesidad.

Había que reconocer la generosidad de ella, así como su capacidad de perdón, las mismas cualidades que le permitieron aceptar mi decisión de renunciar al año sabático.

Nunca volvió a mencionarlo. Aunque se me ocurre que, así como estaba al tanto de Howard, tal vez estaba al tanto de mí.