Otras aguas Consentimiento implícito #3
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Consentimiento implícito #3

Me balanceaba sobre una escalera inestable; estaba ayudando a Joy a pintar su dormitorio. Ella tenía una pantaloneta y una blusa manchada de pintura. Su pelo estaba recogido, como a mí me gustaba.

«Vino mi contratista», dijo Joy tras una pincelada.

Me escocía oírla llamarlo así. Para mí, era un imbécil con una aberrante pistola de masilla. Y como los recursos de Joy eran limitados, también lo eran sus servicios. Pero eso no impedía que él se diera una pasada.

«No puedes imaginar lo que tuvo el descaro de decirme».

Sí, podía imaginarlo.

«Se ofreció a cablear mi sótano; dijo que podríamos “llegar a un acuerdo”».

Pinté las marcas de masilla que quedaban en la pared.

«Los hombres piensan que una mujer que vive sola siempre va a ceder».

La vi agacharse para introducir el pincel en la lata de pintura.

«Se ve bien —comentó Joy—. Algún día tendré mi casa libre de deudas».

Era su tema favorito: poner su vida en orden. Y aunque sus sueños eran muy distintos de los míos, yo admiraba su determinación. De hecho, en ese momento, pensé que podía amarla. Esto, pensé, es lo extraña que puede llegar a ser la vida.

«¿Sabes por qué quiero recablear mi sótano?».

«¿Por qué?».

«Estoy pensando en alquilarlo. Mi contratista puede instalar un baño y una cocina. Obviamente, tendré que encontrar un inquilino decente. Nada de deudores morosos ni cascarrabias ni bebedores…».

Mi escalera se tambaleó.

***

En mi descanso de almuerzo, llegando al final de Crimen y castigo, recordé que ese día sería la «Noche familiar».

¿A quién podía pedirle que me acompañara?

Joy estaba descartada. ¿Tal vez a una compañera de trabajo?

Ni pensarlo. ¿Para qué levantar sospechas en mi trabajo?

Y yo no tenía parientes en Filadelfia, salvo mi primo Sonny.

«¿Sí?», respondió Sonny al teléfono. Oí a su bebé llorar. El exfiestero convertido en hombre de familia.

«Necesito pedirte un favor. ¿Podrías salir conmigo esta noche?».

«¿Adónde?», preguntó.

«Te lo explicaré, pero te necesito».

«¿Para qué?».

«Para que seas mi persona allegada».

«¿Estás en un bar?».

«No, de eso se trata. Dejé de tomar. Y todo por Joy».

«¿En qué te metiste?».

«En un curso para conductores ebrios. Esta noche tengo que ir con una persona allegada».

«Espera, ¿y qué implica eso? Si a eso vamos, yo estoy manejando sin licencia».

«Olvídalo, Sonny», dije.

***

Mientras iba al curso, con las orejas adoloridas por el frío, pasé por lavanderías y negocios de cambio de cheques.

Entré a un bar llamado Dirty Mack’s. Olía a ceniceros y a sudor rancio.

Unas caras conocidas —los viejos alcohólicos de siempre— se inclinaban sobre sus bebidas.

Me senté en un taburete y me limpié la nariz con el puño de la camisa.

El calor me produjo cosquillas en los oídos.

A mi lado, un viejo miraba el televisor.

«¿Qué quieres?», preguntó el bartender.

Titubeé. «Bourbon, solo».

Enseguida me llevé el bourbon a los labios. Lo olí.

«¿Eres el Tejano?», le pregunté al hombre que estaba a mi lado.

Me miró desconfiado, con un ojo medio cerrado. «¿Por qué?».

«Te he visto antes aquí». Deslicé el vaso hacia él. «Estás tomando bourbon, ¿verdad?».

Le compré trago y le prometí una plata. El aula estaba cerca. El Tejano quiso otro trago. Entramos a un pub y él fue al baño. Cuando fui a apurarlo ya se había ido.

Marqué su número desde una cabina telefónica. «Joy —le dije—, necesito pedirte un favor».

***

«Mucha atención», dijo Abby la Ambiciosa cuando me senté al lado de Joy. Con sus pulseras tintineantes, parecía la anfitriona de una fiesta. Tenía tacones altos y un collar de perlas corto; mostraba sus dientes relucientes. «Primero, me gustaría darles la bienvenida a nuestros invitados especiales».

En una mesa cubierta con papel crepé rojo había refrescos y donas.

Noté muchas caras nuevas y las viejas parecían diferentes debido a sus atuendos formales.

Sanji el Sofisticado había llegado con su elegante esposa, y Ariel con un hombre delgado con chaqueta de ante.

La acompañante de Vinny llevaba un chal, como si estuviera en una fiesta, y George tenía un traje que no le quedaba bien.

CAT era el más difícil de reconocer. Sin gorra y con el pelo peinado hacia atrás, llevaba a una linda mujer del brazo.

Abby tomó la palabra. «Estoy segura de que nuestros invitados están orgullosos de sus seres queridos. Y debemos reconocer su papel en el progreso que han hecho. Por mucho que se hayan esforzado, no habrían podido hacerlo solos.

Todos necesitamos apoyo y no debemos ser demasiado orgullosos para no aceptarlo».

Al hundirme en mi silla para evitar la mirada de Joy, extrañé al Tejano.

«Ahora —dijo Abby—, es hora de entregar los diplomas. Cuando yo diga cada nombre, por favor pónganse de pie y presenten a su persona allegada». Se paró frente a los pergaminos atados con cintas escarlatas.

«Isaac Adams».

Isaac sonrió y anunció: «Mi esposa, Deloris». Ella cubrió su sonrisa con una mano. Todos aplaudieron.

Y entonces Abby dijo mi nombre.

«Mmmm —dije—, esta es Joy Vaughn, mi… pareja».

En medio de la ovación, miré a Joy, esperando ver un ceño fruncido. En cambio, sonreía como una novia radiante. Al recibir mi diploma de manos de Abby, nunca me había sentido tan completamente sobrio.