Otoño en Sycamore Park (Los cálidos días de otoño 1) 17 Sueños hechos añicos
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17 Sueños hechos añicos

Sueños hechos añicos

Sueños hechos añicos

—No me habías dicho que Tom era actor —le dijo Jennifer Stevens a Angela Dawson, intentando no sonar demasiado recriminatoria.

Angela soltó una risita con la boca llena de quiche. Se dio unos golpecitos en los labios con un pañuelo y sacudió la cabeza—. ¿Lo es?

—Sabes perfectamente que lo es.

—Bueno, sabía que hacía sus pinitos.

—Hace mucho más que pinitos. Lo he buscado en internet. Ha salido en un montón de cosas. Es prácticamente el hijo más famoso de Brentwell. Me sorprende que no le hayan dado las llaves de la ciudad o algo parecido.

—Es que no tiene puertas.

—Bueno, si las tuviera...

Angela siguió riendo entre dientes—. ¿Acaso hay alguna diferencia? ¿En cuanto a si te gusta o no?

—¿El hecho de que haya salido en unas treinta series de televisión y se haya pasado tres años interpretando al segundo protagonista en Les Misérables en el West End? Pues claro que la hay.

—Ah, pero técnicamente está retirado. Me ha dicho que solo se unió al reparto de Macbeth: Revisited para tener algo que hacer por las tardes. Ya no sale en la tele.

—¿Entonces sí que sabías que es actor?

Angela se limitó a encogerse de hombros—. Puede que haya surgido en la conversación de vez en cuando. Nunca me ha parecido relevante mencionarlo.

—¡No estoy en una entrevista de trabajo!

—Cálmate. Siguiendo los mismos principios, yo no le he dicho a Tom, por ejemplo, que abandonaste a tu ex mientras él estaba fuera en un fin de semana de golf para empezar una nueva vida aquí en Brentwell.

No me pareció que fuera relevante. Sí que he mencionado que siempre quitas las avellanas de los pasteles y que te pones un poco habladora después de la tercera copa de vino.

Cosas así sí me han parecido de gran relevancia, en caso de que lleguéis alguna vez a tener una cita.

Jennifer hizo una mueca—. Te doy la razón. Un momento. ¿Cita? ¿Estás intentando emparejarme?

—Oh, no. De verdad que no tengo energías para eso. Simplemente te estoy ofreciendo un poco de guía aquí y allá, intentando encaminarte en la dirección correcta, por así decirlo.

—No me interesa Tom.

—Me ha parecido entender que acabas de decir que sí.

—Me refería a... como persona. Pretende ser el guarda de un parque, pero en realidad es uno de los actores de método más respetados de Gran Bretaña, y está aquí escondido en Sycamore Park.

—Oh, no está escondido. Cobra por ello. Trabaja para el ayuntamiento.

—Bueno, ya sabes a qué me refiero.

Angela le dio una palmadita en el brazo a Jennifer—.

Mira, cálmate un poco y toma algo más de vino.

Ya habrá tiempo de sobra para preocuparse por todas estas cosas.

Aún eres joven. Ah, y hablando de eso, el viernes es mi cumpleaños.

¿Crees que podrías soportar a una vieja para pasar una noche tranquila por la ciudad? No he salido a ninguna parte en años.

Jennifer sonrió—. Por supuesto. ¿Quieres que hagamos una fiesta de verdad?

—Oh, no, solo un par de copas, quizá un bailecito. En mi juventud me movía muy bien, ¿sabes? Sin embargo, hoy en día, cumpliendo... cincuenta y nueve, ya no tengo la flexibilidad que tenía antes. Una pena.

—Estaré encantada de acompañarte esa noche —dijo Jennifer—. Realmente no he salido a ninguna parte desde que llegué. Siempre que no vayamos a Donald’s, en Friar Street, por si está allí mi baboso compañero de trabajo.

—¿Donald’s? ¿No querrás decir McDonald’s?

Jennifer se encogió de hombros—. ¿A lo mejor tiene sala de fiestas?

—Quizá podríamos invitar a Tom para que nos acompañe a las dos — dijo Angela—. Aunque odiaría ser el sujetavelas.

—Mejor que sea solo una noche de chicas —dijo Jennifer.

Angela dio una palmada—. Fantástico. Nos emborracharemos de verdad y hablaremos de tu vida amorosa. ¿Otra copa de vino?

James estaba durmiendo en su almohada con Bonky colocado a mitad de la cama cuando Jennifer llegó a casa, como sugiriendo que los tenía un poco descuidados.

Sacó a Bonky a dar un paseo rápido hasta la esquina de Sycamore Place, aunque estaba demasiado oscuro para aventurarse en el parque.

Bonky parecía conforme inspeccionando la hilera de arbustos junto a la carretera, pero Jennifer miró hacia la entrada del parque, iluminada por las farolas, con un sentimiento de anhelo.

Solo ahora, al pensar en ello, se daba cuenta de hasta qué punto aquel retazo de árboles, senderos, estanques y rocas se había vuelto tan fundamental en la versión reiniciada de su vida, como un engranaje central sobre el que podía empezar a girar.

Por primera vez en varios días, había pensado más en lo que había ganado que en lo que había dejado atrás.

Y se sentía bien.

Bonky avanzó unos pasos, tirando de la correa. Jennifer le siguió, mirando distraídamente un folleto pegado en una marquesina de autobús cercana mientras el perro husmeaba en los arbustos próximos.

Propuesta De Cambio De Uso Del Suelo:

Esquina noroeste de Sycamore Park

Reunión abierta al público

Sábado 2 de octubre

Ayuntamiento de Brentwell – Edificio Norte, 2.ª planta, sala 12

Organiza la concejala Regina Clover

Bajo el encabezado había unos párrafos que explicaban la propuesta.

Toda la esquina noroeste, que incluía al Big Gerry y sus alrededores, se consideraba una ubicación ideal para una nueva planta de tratamiento de aguas, con el fin de reducir la carga de la planta de tratamiento actual al norte de la ciudad.

Jennifer se quedó mirando. Una planta de aguas residuales.

Justo al borde de Sycamore Park. Las vistas desde la cafetería de Angela quedarían arruinadas; los hermosos árboles serían sustituidos por vallas de alambre de espino, camiones cisterna y carteles de PROHIBIDO EL PASO; la suave brisa entre las ramas de los árboles, por el zumbido de los generadores y el tintineo de los sistemas de aspersión.

Regina Clover, esa mujer de nombre hermoso pero corazón ennegrecido, era la anfitriona. Jennifer sacó su teléfono y le hizo una foto al aviso. Ella estaría allí, y esperaba que otros residentes locales de los alrededores del parque también lo estuvieran.

Esto no podía permitirse. Justo cuando Jennifer había encontrado algo de paz, esta estaba a punto de irse al traste.

—Vamos, Bonky —dijo Jennifer, tirando de su correa mientras un viento gélido soplaba por Sycamore Place como para recordarle el desastre inminente—, tenemos trabajo que hacer.