10 Buscando ayuda #2
Sin embargo, Jennifer tenía que admitir que la comida estaba bastante buena y, tras unos pocos bocados de curry caliente y sabroso, empezaba a sentirse un poco mejor.
Mientras un camarero traía un plato colmado de naan cortado y papadums, ella se aclaró la garganta, se limpió la boca y dijo: —Espero que no te haya importado que te haya ocupado el sábado.
Amy, que parecía un hámster con las mejillas atiborradas de trozos gruesos de pollo tikka, sacudió la cabeza frenéticamente. —Oh, no, no pasa nada en absoluto. Una salida de chicas y todo eso.
—Debes de haber estado ocupada.
Amy se rió entre dientes. —Oh, ya sabes, he tenido que despejar un par de cosas de mi apretada agenda, pero eso se hace por una amiga, ¿verdad?
—Gracias. Solo necesitaba algo de compañía. El perro y el gato... son majos, pero me gusta hablar con alguien que pueda responderme de vez en cuando.
—No hay problema. Dijiste por teléfono que tenías algo que querías... oh, espera un momento. Acaban de reponer el phaal. Te vuela la cabeza, eso. No te preocupes, puedes probar un poquito del mío si te da miedo.
—Yo... —empezó Jennifer, pero Amy ya se había levantado de su asiento, volando bajo como un avión de reconocimiento para colarse entre dos personas enormes, del tamaño de colinas, que se dirigían hacia los recipientes de curry recién rellenados.
Jennifer observó con diversión cómo Amy se apretaba delante de ellos para cargar su plato de phaal mientras uno de ellos agitaba una mano frustrada en señal de protesta, como si quisiera espantar a una mosca.
—Mira, no pasa nada —dijo Amy al volver a sentarse—. Me parece bien. Quiero decir, no me parece bien al cien por cien, pero puedo vivir con ello si es lo que quieres.
Jennifer frunció el ceño. —¿Si qué es lo que quiero?
Amy se metió un trozo de cerdo en la boca y luego se inclinó hacia delante. —Rick —dijo con voz amortiguada—. Si quieres intentar algo con él, me parece bien. De eso se trata esto, ¿no?
Jennifer hizo una mueca. —El único movimiento que me gustaría hacer respecto a Rick es alejarme. Al menos un par de escritorios, preferiblemente a otra habitación distinta.
Amy frunció el ceño. —¿Quieres decir... que no estás... que no te interesa?
Jennifer se rió. —Oh, me interesa, claro que sí. Me interesa ver qué tontería es la siguiente que sale de su boca. Es muy entretenido. Pero si te refieres a interesarme para salir con él... ni hablar. Realmente no es mi tipo.
—Pero si es guapísimo.
—Admito que es más agradable a la vista que, pongamos, el padre Ted o el viejo Don, pero tiene la personalidad de un nabo.
Amy pareció desanimada. —Es que se pone un poco nervioso contigo, eso es todo. Es porque eres un poco...
—¿Un poco...?
Amy se metió otro trozo de pollo en la boca y de inmediato empezó a toser. —¡Picante! ¡Pica! ¡Pica, pica, pica!
—Espero que no estés hablando de mí —dijo Jennifer, pasándole a Amy un vaso de agua.
Amy estalló en un ataque de tos mientras, de forma intermitente, hacía bajar el agua. Jennifer quedó levemente impresionada de lo poco que se derramó en el suelo, que convenientemente tenía un estampado en rojos y naranjas por si ocurría un evento así.
Amy, sobreviviendo a la sobrecarga de especias, agitó una mano frente a su cara y sacudió la cabeza.
—No, quería decir... aunque no diría que estás «que crujes»...
quiero decir, si me gustaran las de mi mismo equipo podría pensar que sí, pero...
simplemente eres algo así como levemente guapísima.
Para ser profesora, quiero decir. Es casi reglamentario que las profesoras tengan que ser unos cardos, ¿no?
—¿Ah, sí? No recuerdo haber visto eso en la solicitud. —Jennifer sonrió—. «Imprescindible ser un cardo».
—Está en la letra pequeña —insistió Amy—. En la letra muy pequeña. Esa letra pequeña que está entre líneas y que en realidad no se puede leer. Tienes que ser un cardo, de lo contrario a los chicos se les pondrá dura y eso causará problemas.
Jennifer, empezando a desear haberse quedado en casa después de todo, hizo una mueca. —Eh, ¿esto es una escuela primaria? A la mayoría les faltan varios años para llegar a la pubertad. —Sonrió—. O sea, lo que estás diciendo es que no soy un cardo.
Amy dio un suspiro de frustración. —Esto es mucho más fácil con cerveza. Estoy diciendo que cuando las opciones son Maud la de recepción o Vicky la orientadora escolar, la que tiene ese ojo a la virulé, o bueno, yo, es obvio que Rick va a ir a por ti como una de las flechas de Shop.
—Eh, ¿Shop? ¿Quién es Shop?
Amy sacudió la cabeza. —¿Tengo que explicarlo todo? Shop. Ya sabes, ¿Downton Abbey? ¿Friar Tuck? ¿Tuck Shop?
—Ah... ya lo pillo.
—Ese es uno de los míos. ¿Crees que a Rick le impresionará?
Jennifer se encogió de hombros y le dedicó a Amy lo que esperaba que fuera una sonrisa de apoyo. —Puede que sí.
Amy sonrió, y luego se metió un trozo enorme de pan naan en la boca, como si temiera que la familia que cargaba comida en sus platos cerca de allí pudiera confundir la mesa de Amy y Jennifer con parte del buffet.
—Entonces —masculló a través de un bocado de pan—, ¿no habías dicho que querías hablar conmigo de algo?
Jennifer sonrió. —Oh, no era nada. Solo sobre la obra de teatro de los profesores, eso es todo.