Otoño en la Casa de Huéspedes Willow River (Los cálidos días de otoño 2) 26 Recuerdos de infancia
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26 Recuerdos de infancia

Recuerdos de infancia

Recuerdos de infancia

Pasaron un par de minutos más, pero Lily acabó recuperando la capacidad de hablar con oraciones normales y racionales.

Michael, sin embargo, al enterarse de su identidad, pareció desarrollar la misma aflicción que ella había sufrido inicialmente, tropezando con las palabras como si su racionalidad previa le hubiera abandonado.

—Siento como si casi nos conociéramos ya —dijo Lily, tratando de no sonar demasiado entusiasmada mientras recuperaba la voz—. Quiero decir, éramos amigos de niños, ¿verdad?

Michael asintió. —De niños. Yo… de verdad…

—Me rescataste de aquel árbol.

—¿Del árbol? Oh, yo…

—Y acabo de recordar… —Lily se echó a reír—. Lo siento, de verdad debería callarme.

—No pasa nada —dijo Michael.

—Quizá deberíamos respirar hondo —propuso Lily—. O contar hasta diez o algo así.

—Vale.

Lily lo observó mientras contaba con los dedos. Él no apartaba los ojos de los de ella. Al llegar al ocho, ella empezó a reírse. Él enarcó una ceja y también se echó a reír.

—No me extraña que el tiempo pase tan rápido aquí —dijo él—. Eso no han sido diez.

—Pero ha funcionado, ¿a que sí?

Michael miró a su alrededor y luego sonrió. —Creo que sí. Soy Michael. ¿Te lo he dicho ya?

—Sí, me lo has dicho.

—Gracias por ponerte en contacto conmigo. De verdad, gracias.

—Ha sido un placer. Tu madre… parece que está un poco triste. Solo quería ayudarla un poco.

—Parece que lo has hecho. Y también me has ayudado a mí.

—¿Ah, sí?

Michael asintió. —Necesitaba una excusa para volver. Ha pasado demasiado tiempo.

—¿A Willow River?

Su lento avance los había llevado a cruzar el puente, donde otro tramo de escalones bajaba hasta el carril bici. Lily se dirigió hacia allí sin pensar, y entonces se dio cuenta de que Michael llevaba su bicicleta. Miró hacia atrás y lo vio cargándola al hombro con relativa facilidad.

—Perdona, es que suelo ir por aquí. Subo un poco por el sendero y luego corto por el prado que hay frente a la casa de huéspedes. Es más rápido.

—Me parece bien.

—¿No pesa mucho?

—Un poco, pero me las apaño.

Lily bajó los escalones a toda prisa y esperó abajo a que Michael descendiera.

Estiró la mano para ayudarle con la mochila que le colgaba de un hombro y su brazo rozó brevemente el de él.

Tuvo un escalofrío e inmediatamente se regañó a sí misma por comportarse como una adolescente.

Sostuvo la mochila mientras él posaba la bicicleta y se la tendió cuando él se dio la vuelta.

—Gracias —dijo él.

Se sentaron en un banco cerca del río sin siquiera pensarlo; Michael apoyó la bicicleta en un extremo y se sentó en el lado que daba al río, mientras Lily se sentaba en el otro.

—Tengo muchísimos recuerdos fantásticos de este lugar —dijo él—. La vida era bastante caótica cuando era niño, pero siempre que nos quedábamos aquí, las cosas parecían calmarse. ¿Siguen por aquí todos los de antes? ¿Jimmy? ¿Mark? ¿Christina?

Lily sintió una punzada momentánea de celos al oír el nombre de su antigua amiga, pero luego recordó que Christina se había mudado cuando tenía nueve años. Demasiado pronto para estar enamorada.

—Algunos —dijo ella—. Jimmy trabaja arriba, en la tienda de la granja. Mark… no sé por dónde andará. Christina se mudó al norte hace años.

—Mucha gente sigue su camino —dijo Michael—. Solía soñar con volver aquí. Siempre me preguntaba qué habría cambiado. Que el tren ya no pase… ese es el gran cambio. Pero gran parte sigue igual.

—Y el carril bici está muy bien.

—No me había dado cuenta de que era el antiguo trazado del tren hasta que he visto la iglesia.

—¿Venías a menudo? —preguntó Lily, sintiéndose un poco culpable por no recordarlo mejor. Estaba empezando a darse cuenta de lo absorta que había estado durante sus años en Londres; la intensidad de su vida había ido alejando su pasado.

—Casi todos los veranos hasta que cumplí los doce —dijo Michael—. Después me fui al internado y luego a la universidad. Me pasé un par de veces cuando estaba de paso, pero luego me lié con el trabajo, y ya sabes cómo son estas cosas.

Lily asintió. —Se empiezan a olvidar las cosas.

—Debí haber imaginado que mi madre volvería aquí. Parecía demasiado obvio.

—¿No habéis tenido contacto en cinco años?

—Recibo tarjetas por Navidad y por mi cumpleaños —bueno, con unos días de margen—, así que sabía que estaba viva. Simplemente confié en que viviera su vida. Y… —Se le borró la sonrisa.

Lily sintió deseos de alargar la mano hacia la suya y tuvo que hacer un esfuerzo consciente para mantener las manos sobre la mesa.

—¿Qué pasa?

—Nunca fue la mejor madre del mundo. No es que fuera abusiva ni que me tuviera descuidado, simplemente era…

distraída. No la eché de menos cuando me fui al internado porque había visto cómo trataba a mi padre.

Mantuve el contacto con ella, pero también volví a contactar con él y habíamos empezado a vernos, a reparar la relación que ella había roto.

Entonces él murió de repente, y eso fue todo.

Esta vez Lily no pudo evitarlo. Alargó la mano por encima de la mesa, se dio cuenta demasiado tarde de lo que estaba haciendo y se conformó con ponerla sobre la manga de la chaqueta de él, como si aquello fuera de algún modo menos sugerente.

Michael levantó la vista y sonrió, pero no hizo ademán de retirar el brazo. El corazón de Lily casi se le sale por la garganta cuando él puso su propia mano sobre la de ella y le dio un apretón suave.

—Lo siento —dijo él—. No pretendo que parezca que tengo traumas infantiles ni nada por el estilo.

Ya lo he superado todo. Fue como fue, y he llegado a una etapa en la que no guardo rencor.

De verdad me gustaría reparar la relación con mi madre.

Estaba pensando mucho en ella, y tu mensaje llegó justo en el momento oportuno. Y que fuera tuyo, además…

Su voz se fue apagando. Su mano seguía sobre la de ella. Lily lo contempló, preguntándose qué estaba pasando. ¿Era esto lo que se sentía? ¿Era esto el amor a primera vista?

—Bueno, cuéntame —dijo Michael—. ¿Qué has estado haciendo estos últimos años? Deduzco que ahora trabajas en la casa de huéspedes.

Retiró la mano con suavidad y Lily sintió que volvía a respirar. Aun así, necesitó un par de respiraciones para recomponerse.

—Solo desde hace un par de meses —dijo ella—. Antes vivía en Londres… ¡oh, maldita sea!

—¿Qué?

Lily hizo una mueca. —Se supone que había quedado con alguien.

—¿Ah, sí? Siento haberte distraído.

—No, no pasa nada. —Se puso de pie—. Lo siento, Michael. Me tengo que ir. ¿Dónde estás…? ¿Puedo verte…? —Se agarró un mechón de pelo y tiró de él como si eso pudiera devolverle el sentido común.

—En la casa de huéspedes, y sí —dijo Michael, levantándose también —.

Me da miedo acercarme a mi madre hasta que tú me hayas allanado un poco el camino.

Hasta entonces, me limitaré a dar vueltas por ahí, quizá haga una foto o dos, y luego veré si en la casa de huéspedes tienen alguna cerveza artesana decente.

—Vale, estupendo —Lily se sacudió un par de hojas caídas de la ropa —. Eso es estupendo. Ah, ¿no acabo de decir eso mismo?

—Lo has dicho.

—¿Entonces te veo luego?

—Sin ninguna duda.

Se quedaron parados mirándose durante unos segundos. Lily seguía con un nudo en el estómago, pero Michael parecía no querer apartar la mirada nunca.

—Bueno, adiós —dijo Lily, levantando una mano y dando un torpe aleteo que esperaba que pasara por un saludo. Entonces, antes de poder hacer algo realmente ridículo como correr a abrazarlo, se dio la vuelta y echó a correr hacia las escaleras que subían al puente.