Otoño en Cold Spring Capítulo 34. Acción de Gracias y parejas en ciernes
86%

Capítulo 34. Acción de Gracias y parejas en ciernes

Acción de Gracias y parejas en ciernes

L a noche de Acción de Gracias, al final, Mark, Kendall, Lilian, Shannon, Jared y Logan se reunieron en la casa de Flora, que se convirtió en una gran anfitriona.

Todos se habían encargado de algo: Jared y Logan se ocuparon del pavo, que asaron en un horno de leña; Shannon llevó pan y unos entrantes, mientras que Kendall e Imogen se hicieron cargo de los postres.

La casa de Flora, a ojos de Imogen, era menos esotérica de lo que pensaba.

Levantada muy cerca del cenador, estaba pegada a otras y compartían el mismo color, azul claro, y se alzaba en dos alturas, contando con unas vistas privilegiadas, tanto al río como al valle.

Por dentro, Imogen se encontró con una casa elegantemente decorada sin ningún objeto esotérico o brujeril, ¡NADA!

Tenía un ambiente acogedor, reconfortante, olía a incienso, estaba convencida de que Flora había limpiado con él cada rincón del hogar.

Eso sí, se fijó que cada habitación era distinta, o eso percibió desde el pasillo, aunque la que más le gustó fue el gran comedor que estaba dispuesto para la cena, con una amplia mesa cubierta por un antiguo mantel, cuyo bordado mostraba los años que tenía.

Estaba claro que Flora no era la típica bruja.

Los últimos en llegar fueron Jared, Logan y el pavo asado para fastidio de Mark, que había considerado la posibilidad de que llegasen tarde sin el pavo, lo que fue motivo de bromas entre todos; y ese mismo día, a Imogen le tocó conocer al famoso vecino de Jared: Logan era tan alto como él, fuerte, llevaba unos vaqueros azules con una holgada camisa de franela que casi usaba de abrigo.

—Encantada de conocerte —le dijo Imogen con una gran sonrisa.

—He oído hablar mucho de ti.

—¿Ah, sí? —Ella se quedó asombrada.

—Sí, y te pido que sigas con lo que haces, mi amigo está muy distinto desde que apareciste en su vida. —Su voz alegre le hacía gracia a Imogen.

—Así será, pero no sé qué hago.

—Ser tú misma. —Jared le rodeó la cintura con un brazo.

—Te quiere bien —le dijo ella por Logan.

—¿Ves? Tu novia me comprende...

—¡Anda! Pero mira qué ha traído el viento, si es Logan —interrumpió Shannon la conversación.

—¡Hola, Shannon! —la saludó un tanto cohibido.

—Al fin decidiste salir de tu cueva, estuve a punto de decir que hiciésemos una apuesta por ti.

—¿Y eso?

—No tenía fe ninguna de que aparecieras, pero, bueno —puso la bandeja del pan a un lado de la mesa—, ya no eres un ermitaño.

—Me viste antes de ayer cuando te llevé las verduras —señaló él sin perder la gracia.

—Es verdad, pero como apenas se te ve, mi mente resetea y te olvida —le encasquetó ella.

—Cuando necesite ánimos, te avisaré.

—No hace falta, pásate por la panadería.

A Imogen le dio la sensación de que entre esos dos había algo más que una amistad o un pique del momento, estaba segura de que se gustaban.

—Vaya, estas discusiones me suenan muy familiares —apuntó Kendall, que llevaba la fuente con la guarnición del pavo.

—¡El amor está en el aire! —exclamó feliz Lilian.

Con eso, Logan y Shannon se callaron y se separaron.

La cena fue de lo más animada, entre bromas, risas, anécdotas de otros años y un largo etcétera.

La conversación no se interrumpió en ningún momento, era amena, no como lo que sucedía cuando iba a casa de sus padres, que le hacían el tercer grado y, no solo eso, le preguntaban por Howie, al que habían conocido de casualidad y su padre le había dicho: «No te fíes de él»; sus palabras habían sido una muy buena premonición.

Allí las preguntas no existían, y vio a Flora muy animada, era como si aquella reunión le hubiese quitado años de encima.

Entre bocado y bocado, se dio cuenta de que no solo ella había estado sola a pesar de tener un supuesto novio, pues no hacía tanto que había llegado a esa conclusión, sino que Flora parecía haber resurgido.

Cuando recogían antes de los postres, se lo comentó a Lilian:

—Flora está muy contenta, nunca la vi sonreír tanto.

—Sí, le gusta tener la casa llena de gente —le comentó su casera.

—Está sola —musitó como si no quisiera que nadie más la escuchara.

—Pero no le importa, lleva décadas, y sí, es muy buena anfitriona. —A esas palabras de Lilian, Imogen asintió.

Los postres llegaron a la mesa, Kendall había horneado una tarta de zanahoria, y por su parte Flora había hecho un pudding , que explicó que fue hecho con magia.

—Tiene los ingredientes básicos de un pudding , pero lleva canela, para la protección y el amor; cardamomo, mucha gente lo utiliza para revitalizar el deseo sexual, pero lo he empleado con usos románticos que revitalicen el amor y, sobre todo, ese que está escondido —lo dijo mirando a Shannon y Logan, lo que le hizo gracia a Imogen.

—Cuidado, porque a lo mejor esta noche algunos no dormiremos —bromeó Mark.

—También le eché clavo, para la protección contra las fuerzas negativas y para aumentar riquezas; nuez moscada, atracción de dinero; y pimienta, que atrae la fuerza en todos los sentidos. —Extendió los brazos—. Por favor, probadlo.

Tras una sobremesa larga, en la que algunos repitieron los postres acompañados de algunos licores, Jared e Imogen decidieron en esa noche apacible, que resultaba difícil creerlo tras las continuadas lluvias y tormentas, pasear por la explanada en la que se levantaba el cenador y aprovecharon la intimidad que les concedía esa parte del pueblo al estar todo el mundo recogido en casa celebrando Acción de Gracias.

Ella se perdió en la oscura superficie del Hudson, donde quedaba atrapada la luz de las farolas y lo que conseguía era que se viera en algunas zonas muy puntuales, pero en sí, no distinguía nada: ni el cielo ni los árboles; incluso las rocas que separaban esa parte del pueblo del agua.

El río se mecía y se bamboleaba invisible, sin hacer ruido, Imogen inhalaba la humedad del aire, observaba la neblina, cual aliento del Hudson que soltaba en un largo suspiro y que se movía despacio.

El río se sentía como si fuese un ser vivo.

—¿Qué tal lo pasaste? —le preguntó Jared apoyado en la baranda.

—Muy bien, Flora es una gran anfitriona.

—Sí, y es de las pocas personas que conozco dispuestas siempre a ayudar.

—Una cosa, ¿qué juego hay entre Shannon y Logan? —Quiso saber.

—¿Por qué lo dices? —Se hacía un poco el loquillo.

—La manera en la que ella lo bromeaba no era algo puntual, me pareció que venía de lejos.

—Te has dado cuenta —suspiró.

—Sí, es evidente que hay algo entre ellos.

—Haber lo que se dice haber, no hay nada, que tontean y se gustan, sí, es cierto.

—¡Lo sabía! —exclamó ella—. No sé si te fijaste, pero él la miraba así, con disimulo, aunque no podía evitar que sus ojos se posasen en ella.

—No se te escapa nada, y eso que no parabas de mirar a tu alrededor.

—Son muy evidentes, creo que son una pareja en ciernes. Lo que pasa es que necesitan un empujoncito para que se unan.

—Eres toda una estratega del amor.

—No —negó también con la cabeza—. Y con respecto a la casa de Flora, es que me sorprendió —reconoció.

—¿Por?

—Me la esperaba de otro modo, no sé, pensaba que tendría más objetos esotéricos. —Se encogió de hombros.

—Eso es en Halloween. —Esa respuesta hizo que Imogen separase la vista del río.

—¿Habías estado antes?

—Algunas veces, también recurre a mí cuando se le estropea algo. —Se irguió para mirarla.

—Es verdad, se me había olvidado que eres un fontanero sexy, un buen dilatador de tuberías, y que las cañerías no se te resisten. —En unas horas, Jared le había arreglado el grifo de la cocina.

—Exactamente. —Se rio él por la nariz.

—Pues hasta el año que viene no podré ver su casa —suspiró Imogen.

—Mog, ¿dónde vas a pasar la Navidad? —Le formuló la pregunta un tanto nervioso, golpeteaba los dedos sobre la barandilla.

—Aquí, en Cold Spring, vienen mis padres, ya te lo dije.

—Vale, en ese caso, tus padres y tú vendréis a mi casa.

—¿Cómo?

—Eso, que vendréis a mi casa, y antes de que digas nada —le puso cuatro dedos sobre la boca—, es más grande, hay más espacio y los podré atender, porque tengo unas semanas libres que me obligan a coger. Mientras que tú trabajas en la cafetería, estaré con ellos.

Ella le cogió la mano.

—Lo tienes todo pensado.

—Sí, se me ocurrió mientras que Logan y yo preparábamos el pavo, así tampoco lo dejo solo. —Le mostró que había pensado en todo.

—Me parece bien. —Su casa era más pequeña que la de él y sabía que a su padre le gustaría la finca donde se levantaba el hogar de Jared—. Podemos incluir a Flora, si ella está de acuerdo.

—Claro, a todos los que quieran, sin problema.

—Del grupo de hoy habrá algunos, creo. —Sopesó lo que sabía.

—¿Sabes? —Tiró de ella para pegarla a su cuerpo—. Hace mucho que no planeo unas navidades, porque desde hace años todas me parecen iguales.

—Lo entiendo. —Era comprensible al haber perdido a su familia—. Pero de tus palabras se desprende que algo ha cambiado. —Le rodeó el cuello con los brazos.

—Para mí siempre fueron unas fechas demasiado melancólicas, y tú, este año, me invitas a querer celebrarlo todo, a no querer perderme nada de lo que me pueda ofrecer la vida.

—Y yo quiero vivirlas contigo. —Él se detuvo un momento para saborear su entrañable expresión bajo la luz de las farolas, inclinó la cabeza, y ella, luego, lo besó profundamente, entrelazando sus dedos en su cabello y presionando su cuerpo contra el suyo—.

Quiero descubrir los secretos de la vida a tu lado.

—De pronto, un copo de nieve se desprendió del cielo—.

¡Está nevando! —exclamó Imogen emocionada—. Esto tiene que ser una buena señal.

—El cielo me da la razón: tú has conseguido que mi corazón ría y salte de felicidad. —Le acarició la nariz con la punta de la suya—. Te quiero, Imogen.

—Y yo a ti.