Otoño en Cold Spring Capítulo 31. Exponer la verdad
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Capítulo 31. Exponer la verdad

Exponer la verdad

—C reo que les debo contar lo que me pasó el otro día —le dijo Imogen a Kendall, mientras preparaban las bebidas a las señoras que acababan de llegar.

—No te obligues a hacer nada que no quieras —le aconsejó su amiga.

—Lo tengo que hacer o me sentiré peor conmigo misma.

—No tienes por qué, todos tenemos malos días.

—Pero lo mío fue motivado por una serie de circunstancias. —Imogen puso los cafés de Tony y de Shannon en la bandeja—. Me voy a sentir mejor al decirlo.

—Como quieras, estoy a tu lado hagas lo que hagas.

—Perdón. —Sonó una voz desde arriba.

En la librería, desde hacía un buen rato, había una mujer con un niño pequeño.

—Voy. —Imogen salió disparada escaleras arriba—. Dígame.

—Me llevo estos seis libros. —Todos eran con los cantos pintados.

—Buena selección. —Imogen, por los dibujos, sabía cuáles eran.

—Algunos no se encuentran en las librerías de la ciudad —sonrió—, fue todo un acierto venir hasta aquí.

—Te llevas los últimos ejemplares. ¿Me permites una sugerencia?

—Sí —dijo la mujer encantada—. Los libreros sois muy buenos aconsejando.

—Observando tu elección, hay un libro que te puede gustar y es una novedad recién salida del horno, como quien dice. —Imogen se acercó a una de las estanterías para coger un ejemplar bastante fino, no pasaba de las doscientas páginas—. Creo que te puede gustar. —Se lo tendió.

La mujer se puso las gafas y lo giró para leer la sinopsis.

—Tiene buena pinta, me lo llevo, gracias. Por cierto, soy bookstagrammer, ¿te importaría si hablo de esta cafetería tan acogedora?

Imogen parpadeó asombrada.

—Claro, por supuesto. —Sabía que aquello podía reportarles una buena publicidad—. Te los empaquetaré en una caja, irán mejor protegidos con este tiempo. —Imogen bajó la cabeza y vio que el niño sostenía un libro de pintar—. ¿Te gusta ese libro? —El niño asintió.

—¡Oh, disculpa! Siempre coge lo primero que ve —se excusó la madre.

—No pasa nada, se lo regalo. —La mujer insistió, pero Imogen fue inamovible.

Abajo, se lo envolvió todo en una bonita caja de cartón con motivos otoñales con los colores amarillos, naranjas y rojos que habían adquirido hacía un tiempo atrás. Cuando la mujer se marchó, Kendall fue a su lado y pegó su cabeza a la de Imogen.

—Cuidando a los clientes —soltó la frase que ella le había dicho.

—La verdad es que sí —le contestó con una sonrisa.

Juntas se reunieron con ese comité de mujeres que charlaban animadamente. Imogen no las interrumpió, sino que esperó a que la conversación decayera para poder dar voz a lo que quería que supieran: ¿qué hacía en Cold Spring?, ¿por qué había dejado la ciudad? Y ese largo etcétera que se preguntaban.

—Os tengo que contar algo. —Comenzó así para coger fuerzas.

Todas la miraron en silencio.

—¿Qué pasa? —Shannon fue la primera en reaccionar.

—El otro día, ellas nos vieron discutir a Kendall y a mí por la presencia de un hombre —les contó a Tony y a Shannon, pues no habían estado presentes.

—No hace falta. —La quiso parar Lilian.

—Pero lo necesito, porque os habéis portado muy bien conmigo. —Todas la atendieron. Respiró hondo para empezar con la historia—. En Nueva York trabajaba en una editorial, era la profesión de mis sueños, pero mi jefa, hace unos meses, me despidió.

—¿Y eso? —la interrumpió Tony.

—Déjala que hable —la riñó Shannon.

—Estaba saliendo con uno de mis compañeros desde hacía unos años.

—Tengo entendido que hay muchas empresas que no permiten esas relaciones —apostilló Teresa.

—Es peor —intervino Kendall, cabizbaja y negando con la cabeza.

—No, no fue por eso, sino que mi compañero salía conmigo, y desde que había entrado a trabajar era el amante de mi jefa, cosa que yo no sabía.

—¡Quieta parada! —Alzó las manos Shannon—. ¿Me estás diciendo que salía contigo mientras se metía en la cama de la jefa?

—Sí, pero lo peor no es que yo no lo supiera, es que el resto de compañeros sí lo sabían y no me dijeron nada ni me lo advirtieron —explicó con el alma en los pies, pues volvía a sentirse como la estúpida de la película.

—Menuda perraca, tu jefa. —Tony estaba indignada.

—Él también es un sinvergüenza, por su culpa la han echado y es un despido improcedente. —Shannon había dicho lo que Mark y Jared pensaban—. Estoy en tu lugar y los denuncio.

—Lo tendrían bien merecido —encasquetó Wendy.

—Eso no se hace, es mezclar lo personal con el trabajo. —Teresa tenía razón—. ¡Qué sinvergüenza es la gente!

—Ahora tu vida ha cambiado y Cold Spring es tu hogar —señaló Flora, a lo que todas asintieron.

—Por eso no quiero mezclar el pasado con el presente, tengo miedo de que el primero influya sobre el otro negativamente. —Al decirlo en voz alta, Imogen se dio cuenta de algo: sonaba a superstición.

—No pasará. —Todas escuchaban a Flora con atención—. No te dejes llevar por miedos infundados, no eres la misma mujer y eso marca la diferencia.

—Creo que el pasado puede volver si ese hombre que estuvo aquí el otro día regresa —comentó Imogen.

—A mucha gente le puede parecer extraño lo que te voy a decir, pero si reaparece piensa y habla con el corazón, él te guiará. —No esperaba una respuesta así de parte de Flora.

—¿Con el corazón? —Imogen quería saber más.

—Sí, él te ayudará. —Fue lo último que pronunció Flora.

—Y él no es el mismo hombre —añadió Teresa metiéndose en la conversación y le guiñó un ojo cómplice que le hizo arder las mejillas.

—¿Cómo? —Shannon no entendía nada.

—¿Es que nos hemos perdido algo? —Tony tampoco se enteraba.

—Hay otra noticia —dijo Kendall con demasiada alegría—. Vamos dilo, dilo —animó a Imogen a que abriera la boca.

—De verdad, ¡qué ansia! —suspiró ella—. Estoy saliendo con Jared, o algo parecido, sí.

—¡¡¡NO!!! —exclamaron al unísono Tony y Shannon.

—Soy testigo. —Levantó la mano Kendall como si estuviera en clase.

—Y yo he visto como nuestro Jared se queda en su casa. —Con ese comentario de Teresa, Imogen se tapó la cara avergonzada.

«¡Joder con las cortinas!», pensó para sí misma.

—Estamos empezando. —Se resignó a que su confesión se hubiera tornado en un claro ejemplo de cotilleo—. Y antes de que digáis nada, me contó su historia.

—Para que haya dado ese paso, ya le tienes que importar —musitó Lilian antes de beber un sorbo de infusión.

—¿En serio? —Shannon estaba que no daba crédito.

—No se lo cuenta a nadie, es un hombre muy cerrado —agregó Tony.

—Le ha dado fuerte a nuestro muchacho. —Wendy sonrió.

—Flora, ¿qué piensas? —Kendall ladeó la cabeza hacia la brujilda.

—Lo que le pasa a Jared es que ha encontrado el amor, y nos hace distintos cuando descubrimos que en él hay algo tan profundo y secreto como una fuerza salvaje que ha permanecido dormida hasta que no apareció la persona adecuada. —Todas quedaron en silencio—. Estabais predestinados.

Esa confesión dejó a Imogen clavada en la silla al observar de seguido como un brillo de certeza le iluminaba el rostro a la bruja de Cold Spring.

¿Qué más podría profetizar?