Otoño en Cold Spring Capítulo 28. ¡¡¡AMOR Y AMISTAD!!!
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Capítulo 28. ¡¡¡AMOR Y AMISTAD!!!

¡¡¡AMOR Y AMISTAD!!!

E n poco tiempo, Jared había llegado a su casa, pues a esas horas, las carreteras de Cold Spring estaba desérticas, sus edificios todavía se difuminaban con la noche, convirtiéndolos en meros espectros fantasmales si no fuera por las farolas que iluminaban las aceras y los señalaban a ellos también.

Sin hacer ruido para no molestar a los vecinos, bajaron del coche y entraron en casa.

—Puedes irte, si quieres, como ves estoy sana y salva. —Extendió los brazos hacia delante.

—Te acompaño hasta la cafetería y luego me voy a casa.

—Como quieras.

Imogen subió las escaleras hacia su cuarto y cogió la ropa limpia que dejó sobre la cama.

Ya en la bañera (con un ruido de tuberías que parecía que iba a partir la casa en dos), pensó en que no le hubiese importado tener nada físico con Jared, debido a que sus besos le hacían arder la sangre, por muy cortos que fueran.

Lograba excitarla sin casi hacer nada, y ya habían hablado de ello en la noche de Halloween.

En ningún momento ella lo besó para obligarlo a ir más allá, solo que una parte de sí misma tenía muchas ganas de que sus cuerpos se fundieran en uno.

Con esos pensamientos y el corazón caliente por el amor que él le mostraba en cada acto o actitud, en unos veinticinco minutos ya estuvo lista; eso sí, la apenó que el olor que él había dejado en su piel hubiera desaparecido.

Vestida con un tipo de chándal vaquero, pues hacía ya un frío casi invernal, bajó y no lo encontró en el sofá, donde lo había dejado, sino que estaba en la cocina, estirado debajo del fregadero.

—¿Qué haces? —Ella alucinaba.

—No me gusta nada ese ruido, creo que son las tuberías.

—Me he duchado, pero no te preocupes, que si tengo problemas te llamo y me las calientas.

Jared empujó el culo hacia delante.

—Repite —le pidió él.

—Eres un buen desatascador de tuberías —musitó Imogen, que se tapó la cara para que no la viese reír—. Seguro que hasta tienes buena mano con las viejas.

—No se me da mal la fontanería.

—Eres un calentador de tuberías, por eso las señoras te llaman «manos de oro».

—¿Qué estás insinuando con eso de «las tuberías»?

—Se te dan bien tanto la naturaleza como las cañerías, pero con esa imagen de fontanero sexy, pues tienes más pinta de calentador, tienes a las señoras encantadas.

Jared bufó.

—Siempre te meterás conmigo por algo.

—Sí, no lo voy a negar. —Soltó una risilla nerviosa—. Me tengo que ir.

—Muy bien. —Se levantó—. Te acompaño.

Con ese ofrecimiento, la acercó a la puerta de la cafetería.

—Esta noche cenamos juntos en tu casa —organizó él.

—Vale, pero dime, ¿por qué?

—No pienso dejarte sola después de que lo hayas pasado tan mal.

Imogen sonrió y le dio un beso en los labios.

—Nos vemos después. —Se bajó del coche y lo despidió con la mano.

Entró en la cafetería y se encontró con Kendall apoyada en el quicio de la puerta del obrador.

—He visto a la pareja del momento en exclusiva. —Cerró las manos en puños y pegó un brinco de felicidad—. ¡Me encanta!

—Estás loquísima. —Imogen negó con la cabeza. Dejó el chubasquero donde siempre para ponerse el delantal.

—Me resultáis tan cuquis.

—Sí, cuquísimos.

—¡Og, chica!, qué humor —le protestó su amiga.

—Normal, cuando pillo a mi amiga en plan espía.

—Estoy feliz por ti y por lo bien que te sienta Jared —se explicó Kendall cuando entraban en el obrador.

—¿Estamos hablando de una persona o una marca nueva de vaqueros? —Le vino a la mente lo bien que le sentaban a él—. Es el manos de oro de Cold Spring —se acordó.

—¿Y es así? —Canturreó Kendall a su lado.

—No hemos hecho nada.

Kendall balanceó la cabeza.

—Es cierto, te quedaste frita en el sofá y no te quiso despertar para llevarte a casa —le contó aquello que no sabía con una sonrisa—. Tenías razón, es todo un caballero, al menos contigo.

—Que me trajo a casa...

—Y al trabajo —terminó por ella Kendall, que fue a servir dos tazas de café que colocó encima de la isla y que acompañaron con unos trozos de bizcocho de calabaza.

—¿En qué te ayudo? —le preguntó tras beber un buen sorbo de café que, junto con el que había tomado en casa de Jared, así como la ducha, ya no se sentía tan cansada.

—De momento en nada, no hay espacio en el horno.

Imogen asintió, por lo que aprovechó ese momento para hablar a las claras con su amiga.

—Hay algo que me gustaría charlar contigo para que me des tu opinión.

—Claro, ¿qué es? —Kendall pellizcó su trozo de bizcocho.

—Verás, él me contó su historia con la ex, el modo en que lo dejó plantado como una seta en el altar.

—¡Anda! —Kendall se sorprendió, alzó las cejas y ladeó la cabeza—. A mí me lo contó Mark y me puntualizó que a Jared no le gustaba tratar ese tema. Pero, sí, una pena que la gente sea tan miserable.

—Pienso como tú, nadie se lo merece, y menos tener que dar la cara ante todos los invitados.

—Sí, te juro que si Mark me hace eso lo cuelgo de un árbol por los huevos. —Se metió otro trozo de bizcocho en la boca y luego lo empujó con un sorbo de café—. Pero ¿qué me quieres comentar?

Imogen chasqueó la lengua.

—No soy capaz de contarle lo que me pasó con Howie. —Se sinceró al fin, y el peso que eso le provocaba se aligeró.

—Ayer me fijé cuando vi que no lo contabas todo.

—Creo que debería abrirme con él como lo hizo conmigo. —Soltó lo que la quemaba por dentro—. Él también debe saber mi historia en su totalidad, no de un modo tan sesgado.

—Sí, cierto, debe saberlo, y se lo tienes que decir, pero no te fuerces. El tiempo te pondrá el momento adecuado para que le cuentes tu historia. Es más, ayer tampoco era el día para que lo hicieras, estabas cerrada a esa posibilidad, a todo lo que viviste, lo de Insta, el tipo ese.

—Me da la sensación, la tengo desde hace un tiempo, que es para que nadie me llame «buscona», no sé. —Se encogió de hombros y se centró en la taza humeante de café.

Kendall, con su taza en la mano, se acercó a ella.

—De eso, nada, métete esto en la cabeza: no eres ninguna buscona, te engañaron, y quien se atreva a decir lo contrario, se enfrentará a mí.

—Imogen asintió, pero Kendall la cogió por los brazos, lo que provocó que las dos amigas se mirasen—.

Atiende, quien engaña al corazón de una mujer con falsas promesas y con un amor que es como la niebla se llama «estafador».

Es un vendehúmo, y tú no eres culpable de nada. ¿Me has escuchado?

—Sí. —Imogen se notó un poco más aliviada, pues Kendall no lo decía para hacerla sentir mejor, sino que lo decía con la verdad en la mano, ya que conocía toda su historia con Howie.

—Me alegro y espero que te lo claves en esta cabecita tuya. —Le dio unos golpecitos en la frente—. Ahora, hazme el favor de disfrutar del hombre que la vida ha puesto en tu camino.

—Cierto, tengo... —Sopesó lo que iba a decir—. Bueno, Jared y yo tenemos otra oportunidad en el amor.

—Y piensa: Howie pertenece a tu pasado y ya no te puede hacer daño. —Le rodeó los hombros con un brazo—. Venga, anímate. —La cogió por el mentón con la mano libre—. Quiero verte contenta y feliz, y hazme caso: el tiempo te pondrá el momento justo en el que hablar con Jared.

Kendall tenía razón en todo, debía disfrutar de lo que la vida le había dado.

Sin embargo, hay errores que se incrustan como cicatrices en el espacio que separa el corazón y la mente, por mucho que el presente y el futuro le sonrieran.