Otoño en Cold Spring Capítulo 25. El pasado bebe un «pumpkin spice latte» #2
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Capítulo 25. El pasado bebe un «pumpkin spice latte» #2

Kendall le había enseñado cómo hacer ese café, lo cual agradeció en esos instantes, mientras que contenta lo fue preparando en un vaso decorado con calabazas y hojas otoñales. Una vez hecho, lo colocó delante, fijándose en que el hombre la miraba con curiosidad.

—Tú no eres de aquí, ¿verdad? —Él, de unos ojos negros profundos, se entrometió a lo grande.

—Eh... —A Imogen le resultó tan bruto que no fue capaz de reaccionar.

—Perdón, lo siento, no debería inmiscuirme de este modo.

—No pasa nada, soy de Nueva York —le contestó con la voz temblorosa, ya que no sabía lo que podía salir de ahí.

—Es que... —El hombre entrecerró los ojos—. ¿Trabajaste en una editorial?

—Sí, cuya sede está en uno de los rascacielos de Broadway.

—Entonces, trabajaste para mí.

—¿Perdón? —Imogen dio un paso hacia atrás, alejándose de él, y no se dio cuenta de que la cafetería estaba en silencio, solo se oía el murmullo suave de la radio; tampoco de que Kendall se había levantado y se acercaba a ella con paso acelerado.

—Soy el dueño, ¡claro! Tu cara me suena por verte en los pasillos y por los ascensores. —Imogen dio otro paso hacia atrás para alejarse de ese hombre en el que se había personificado el pasado—. No sabía que te habías marchado.

—¡La echaron! —le encasquetó Kendall.

Imogen tardó unos segundos en reaccionar al enfado con el que arremetía su amiga.

—¿Qué? —El hombre agitó la cabeza como si fuese la primera noticia que tenía.

—Calla —le rogó Imogen a su amiga, que la conocía muy bien, y cuando Kendall se enfadaba soltaba cualquier cosa por la boca, ¡era peor que ella!

—No, Imogen, hay que hacer justicia. —Luego de mirarla a ella, clavó sus ojos marrones en el hombre que tenía delante—. Su jefa, una editora que se beneficia a un subalterno y que es una lianta de mujer, la despidió sin motivo.

—¿Cómo dices? —Se quedó aún más patidifuso.

«¡Ay, qué vergüenza!», Imogen se tapó la cara, quería desaparecer de la cafetería.

—Lo que oyes, se folla en su oficina a uno de los empleados; si no nos crees, pregúntale a Mike, uno de los de seguridad, es el único decente. —Tras esa explicación de Kendall, Imogen se acordó de que se lo había contado cuando Mike la había informado de todo ello.

—No sabía nada de esto. —Estaba desconcertado.

—Kendall. —Imogen la cogió por el brazo para que no siguiera hablando, pues estaba al borde de las lágrimas.

—Me enteraré de lo sucedido —afirmó el hombre, que dejó un billete en la barra.

—No... —Imogen quedó con la palabra en la boca al irse él y montarse en un coche que lo esperaba fuera. Se giró a Kendall, que estaba de brazos cruzados y con los labios fruncidos a causa del mal humor—. ¿Qué has hecho? —Aquella pregunta salió sola.

—Contar la verdad y defender a mi amiga.

Imogen se pellizcó el puente de la nariz, frustrada y con unas enormes ganas de llorar que se tragó.

—¡No quería que lo supiera!

—Tu exjefa se merece que la dejen con el culo al aire después de lo que te hizo.

—¡No! —Puso los brazos en jarras y estrujó con las manos la camiseta—. ¡Es mi vida! Soy yo la que debía decidir, ¡no tú!

—Ese hombre no se podía marchar sin saber la verdad de lo que pasa en su oficina.

—Kendall, ¡es problema suyo! —Se tapó los ojos, nerviosa, y se giró enfadada—. No es problema nuestro, ¡que haga lo que quiera! Ahora se informará y todos me señalarán.

—¡Qué más da!

—Se nota que no conoces a esa mujer, ¡puede tener repercusiones negativas! —Alzó las manos—. ¡No!

—Imogen. —Se quiso acercar a ella para tranquilizarla.

—¡NO!

—He defendido a mi mejor amiga, y digas lo que digas lo volvería a hacer. —Con esa respuesta de Kendall, Imogen se sacó el delantal, que arrojó al obrador, y cogió el chubasquero—. ¿Qué haces?

—Pues tus ansias de justicia solo fastidiaron todo.

Imogen, sin mediar palabra con su amiga, dando la respuesta por callada, salió de la cafetería a la carrera y el viento la azotó al soplar salvaje, pues a lo largo del día se había levantado.

Al correr rápido, el aire empujaba las lágrimas, algunas quedaban atrapadas en las hebras de su pelo, que, según soplase, se le pegaban a la cara.

Corriendo todo lo que le daban las piernas, sin advertir como el aire le raspaba la garganta al respirar grandes bocanadas, recorrió Main Street sin pararse a mirar quién podía verla, sin oír los latidos desacompasados del corazón o los puntos que tenía en los costados, solo quería desaparecer y que todo el mundo la dejase en paz.

¿No podría nunca olvidarse de esa parte de su vida? ¿La iba a perseguir siempre?

La ira, la rabia y la impotencia le hervían en la sangre hasta calcinarle las venas, estaba enfadada con su vida, consigo misma, con Kendall, con el mundo, porque no había hecho nada malo, solo confiar en las personas que no debía, y creyendo que su único secreto era Jared, en ese día, separado por horas, el pasado arremetía contra ella, la despojaba del alma y le arrebataba todo lo bueno que había logrado.

Se desvió por el camino que bordeaba el río con un grito de frustración en la garganta y llegó al Dockside Park, donde no podía seguir escapando.

Había momentos en la vida que huir no servía de nada, porque el dolor iba contigo.