Otoño en Cold Spring Capítulo 21. Departamento de especulaciones, deducciones e historias halloweenescas
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Capítulo 21. Departamento de especulaciones, deducciones e historias halloweenescas

Departamento de especulaciones, deducciones e historias halloweenescas

C uando Imogen fue hacia la cafetería, su calle, como todas las de Cold Spring, era un hervidero de niños y jóvenes repitiendo «¿truco o trato?

» y de gente disfrazada con intenciones de pasarlo bien, que se concentraba por allá, por aquí, pero algunos iban al bandstand .

En cambio, en Main Street era la cafetería la que tenía un ambiente festivo.

De todos los locales era el único abierto por la fiesta que las chicas habían montado y publicitado, en parte también por la ayuda de Shannon, que había repartido panfletos que ellas habían hecho e imprimido.

Cuando entró un pequeño muñeco zombie sosteniendo una cesta de mimbre, la saludó a la vez que notó el ambiente cálido, y vibraba en cada esquina por el aire festivo, al haber recibido bastante afluencia de gente.

Algunos iban disfrazados, como Mark, Kendall, Tony, Cloe y su marido; otros, como el caso de Imogen o Jared, no lo habían hecho, lo cual no importaba.

Además, al tener las puertas abiertas eran muchos los que aprovechaban a sacarse una foto en el escritorio de Bram Stoker, ¡se había convertido en la sensación de la noche!

—Has tenido muy buen ojo al haber colocado esas mesas en la librería. —La felicitó Tony con una gran sonrisa.

Era cierto, y eso consiguió que Imogen vibrara y se emocionase.

—Sí, eso parece.

—Venga, hazme mi foto. —Se animó la mujer.

Así lo hizo, luego a todos aquellos que se unieron a ella. Hubo gente, bastantes desconocidos que se ocultaban detrás de un disfraz que etiquetarían a la cafetería-librería.

—Sin quererlo tenemos propaganda gratis —le susurró Kendall al oído, apoyando la cabeza en su hombro, iba un poco contentilla.

—Habéis alegrado Main Street, al menos por esta noche que se ha convertido en un desfile de poses de modelos. —Se rio Shannon.

—Si era bastante particular, ahora más —le siguió la broma Tony.

—Como venga más gente, os aseguro que seréis el nuevo reclamo de Cold Spring —afirmó Cloe.

—Pues eso mismo es lo que espero —reconoció Imogen con una copa en la mano del ponche que había llevado Wendy y que estaba un poco cargado de más—. Quiero que seamos conocidas.

—¡Hala, vas buscando la fama! —exclamó Kendall, divertida.

Imogen fue girando lentamente la cabeza hacia ella y parpadeó varias veces.

—No, pero nos crearemos una buena reputación. —Vio como su amiga se servía más ponche—. Ten cuidado o cogerás una melopea —le advirtió.

—Sí, Wendy se ha pasado un poco con el alcohol, nunca lo hizo tan cargado. —Tony torció un poco la boca mirando el recipiente.

Todas observaron, luego, al trío formado por Lilian, Wendy y Teresa, que charlaban con unos y otros. Teresa había llevado un rico vino caliente que apenas tenía alcohol, al haber utilizado un vino cero cero.

—¿Soy yo o Jared mira mucho hacia aquí? —Reparó Cloe en ello, lo que consiguió que todas se fijaran en él.

Para Imogen estaba muy guapo, con sus vaqueros azules, una camiseta blanca por debajo de una camisa de franela, que no era su prenda favorita para hombre, pero debía reconocer que a él le favorecía mucho.

Evitó observarlo durante mucho tiempo (estaría toda una eternidad haciéndolo), lo que pasaba era que debía disimular para que nadie se diera cuenta de que sus ojos lo estudiaban con más atención de la normal.

Aun así, no pudo contener un suspiro que soltó por la nariz.

Él era ajeno a todo, mantenía una animada charla con Mark y el marido de Cloe.

«No mires, por favor, no mires», le pidió en silencio.

Él hizo todo lo contrario, giró la vista a ellas y...

¡las saludó con la mano!, a lo que todas respondieron del mismo modo.

«Es tonto, de verdad, ¡¿a quién se le ocurre? ! A Jared», se respondió ella misma.

—¿Te ha saludado? —Shannon era la más avispada de todas, aunque no parecía muy segura.

—Fue a todas, creo yo. —Nada más decirlo, se escondió en su vaso de ponche que terminó en cuestión de segundos.

—¡Le gustas! —dedujo Tony, que continuaba mirándolo.

A Imogen no le agradó un pelo que se acercasen tanto a la verdad, aunque fueran especulaciones.

—Oíd, ¿no será ese el cambio que venía pronosticando Flora estos días? —preguntó Cloe atando cabos y llenándose el vaso de vino caliente.

—Lo dudo —soltó Imogen lo más rápido que pudo.

—Imogen y Jared —meditó Kendall, que al rato agitó la cabeza—. Imposible, os lleváis a matar.

—Por eso mismo, imposible —sentenció Imogen.

—Todo es posible —apostilló Tony con una sonrisilla pícara—, y más en una noche tan mágica como esta.

—¡Qué emoción! Una nueva pareja en Cold Spring. —Cloe, de la alegría, se rio.

—Y luego decís que da calabazas, ¿en qué quedamos? —Quiso saber ella.

—Puede ser que tú seas la indicada para acariciarle el corazón...

—Muchacho —Lilian se había acercado a él, y como Kendall, también empinaba un poco el codo—, esta noche encontrarás al amor acechándote.

—Ya lo veremos. —Él no se lo tomó a mal.

—¿Ves? En otro momento, le diría un par de cosillas a Lilian, y en cambio se ríe. —Observó Shannon—. La transformación está cerca.

—Estamos ante el Halloween del amor —bromeó Cloe.

—Que sí, muchacho, que sí —insistió la mujer—. Si miras a tu alrededor, seguro que ves a alguien cuyo corazón te atrae.

Dicho y hecho, Jared buscó con la mirada a Imogen, ella le devolvió una bastante nerviosa y enrojeció como una ciruela pocha.

No fue por vergüenza, ni simular lo que no era, sino porque su corazón le palpitó en el centro del pecho, pues él, sin querer, había confirmado las palabras de Lilian, sus almas se atraían más de lo que podían sospechar y por vez primera ella así lo sintió.

Era más, la atracción, pese a estar a distancia considerable, además de por la gente que se interponía entre ellos, se mantenía intacta y percibió como a través de un fino hilo lo sentía más cerca y tiró para aproximarse a él y así romper la separación entre sus cuerpos.

—Aunque no lo quieras reconocer, a ese hombre le gustas —afirmó Cloe.

—Creo que estás en lo cierto —asintió Shannon.

—No sé... —Kendall parecía dudarlo—, lo conozco...

—Como nosotras —la interrumpió Tony—, y nunca lo he visto tan pendiente de una mujer.

—Es que mira hacia aquí con disimulo como para asegurarse de que todo está bien —comentó Cloe.

—¡Joder, la que faltaba! —Shannon señaló con la cabeza a una mujer que entraba en la cafetería.

Imogen se fijó en el gesto de sus amigas, en cuestión de unos pocos segundos pasó de divertido y risueño a oscuro. Ella, por ejemplo, conocía muy bien a Kendall, y solo ponía esa cara de asco con una persona que le caía fatal no, lo siguiente.

—¿Quién es? —Quiso saber Imogen, pues nunca se había cruzado con ella ni la había visto.

—Es Muriel —le respondió Kendall.

—¿No la conoces? —Cloe no daba crédito.

—Hasta ahora nunca la había visto —reconoció.

—Claro —afirmó Shannon—, eres una recién llegada a Cold Spring.

—Es cierto, no me acordaba, como te veo todos los días. —Tony se encogió de hombros.

—Como diría Flora, nunca te acerques a ella. —La advertencia de Cloe le congeló la sangre a Imogen.

—¿Por? —Eso logró que separase la vista de aquella mujer.

—Tiene un canal de YouTube y un blog, donde enseña lo fantástico que es el pueblo, como todos los de alrededor, para luego hablar mal de los vecinos y soltar cotilleos —le contó Kendall, que no podía dejar de mirarla.

—Y no solo eso, sino que airea las penas y todo tipo de noticias verdaderas o falsas de la gente —matizó Shannon—. De un rumor hace una montaña.

—Además que estafa con sus supuestos viajes y vende más caro el merchandising de todo el valle del Hudson —añadió Tony, por si lo anterior no le llegaba a Imogen.

—Vaya, menudo personaje —susurró.

—Su boca solo vierte mentiras. —Cloe tampoco se pudo callar.

—No te acerques a ella —le pidió con tono lúgubre Shannon a Imogen.

El aire se volvió frío entre las integrantes del festejo, el ambiente cálido y acogedor de la cafetería, se tornó pesado como si un iceberg se situase sobre las cabezas, el tiempo se había ralentizado tanto que las agujas tenían miedo a moverse y el graznido de un cuervo a lo lejos fue lo único que captaron los oídos de esas mujeres.

Imogen la siguió mirando: saludaba a algunos, cotilleó la cafetería con mucho descaro, como si estudiase cada detalle, y cuando lo dio por terminado, se fue sin consumir nada.

Continuaron charlando hasta que a eso de la medianoche, o quizá un poco más tarde, todos se fueron retirando a descansar.

—Tenemos que recoger —dijo Kendall bostezando.

—No abras tanto la boca, compites de cerca con los hipopótamos —la bromeó Imogen.

—Estoy muerta y nunca mejor dicho.

—Pues vete, ya me encargo yo.

—La ayudaré —se ofreció Jared.

—¡Qué buen chico! —Le sonrió risueña. Se volvió a Mark—. Dejémoslos solos.

—Venga, nos vemos —se despidió Mark con su disfraz de vampiro.

—Sed buenos —canturreó Kendall saliendo por la puerta.

En cuanto sus amigos se marcharon, Jared, detenido delante de la puerta, se giró hacia ella y le echó una mirada acalorada que la recorrió de pies a cabeza; luego, con pasos medidos, se deslizó por el espacio de los separaba, atraído por la necesidad de estar cerca de ella.

Le agarró las manos, se las llevó a los labios y le dio un beso a cada una, después la abrazó.

Sus cuerpos se fundieron, solo requerían sentirse sin besos ni caricias ardorosas de por medio, era el puro apremio de estar juntos sin interrupciones, sin nadie de por medio que los vigilase.

Todo el ser de Imogen se sosegó y la reconfortante sensación de estar a salvo, segura entre sus brazos, la empujó a pegar la nariz en el centro de su torso, respirando ese aroma que se asemejaba a un día caluroso de otoño.

—He estado esperando este momento todo lo que llevamos de noche —le susurró sobre el pelo.

—Mejor que no lo hicieras, porque las chicas sospechan algo, aunque Kendall no le da credibilidad. —Se separó para mirarlo.

—Si ella supiera. —Echaron a reír—. Pero, Mog —inventó un diminutivo—, si continuamos así no podremos ocultarlo por mucho tiempo.

—Vale, pero me gustaría ir con tiento.

—Lo entiendo y lo comparto. —Le regaló una sonrisa sesgada y miró hacia arriba—. Ahora, si me lo permites, voy a hacer algo que llevo toda la noche...

Interrumpiéndose a sí mismo, subió las escaleras de dos en dos, seguido por ella, y se sentó en la silla del escritorio gótico dedicado al escritor Bram Stoker.

—Esta silla es muy cómoda, ¿la probaste?

—No, no me senté en ninguno de ellos —habló ella refiriéndose a los escritorios.

—Deberías.

Ella se lo quedó mirando y, como empujada por una mano invisible, no se pudo contener por más tiempo, y sin vacilar salvó el corto espacio que los separaba, con las miradas enganchadas, la de él, intensa como el fuego ardiente en una chimenea, le rodeó el rostro.

—Mog. —Su voz era igual de profunda, con un deje enronquecido.

Ella cerró los ojos y dejó caer la boca sobre la suya.

Era la primera vez que tomaba la iniciativa de besar a un hombre, siempre había tenido miedo a ser rechazada, pero, en ese caso, sabía que no iba a suceder.