Otoño en Cold Spring Capítulo 18. Consejos brujeriles para un equinoccio distinto
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Capítulo 18. Consejos brujeriles para un equinoccio distinto

Consejos brujeriles para un equinoccio distinto

C omo le había dicho Jared, cuando salió hacia la cafetería ya tenía en el porche una caja llena de calabazas de todas las formas, que cargó calle abajo.

Tanto Kendall como ella se quedaron con unas calabacitas pequeñas, que en el caso de Imogen las llevaría a casa para ponerlas en la biblioteca.

Siguió ocultándole a Kendall la cena y la charla telefónica con Jared, cuando hubiera algo que contar de verdad se lo diría todo, pero consideró que de momento era pronto, debido más que nada a que no quería enfrentarse a ese «cuidado» que su amiga no le paraba de repetir, pues veía en él todo lo que había deseado durante años en un hombre.

Era mejor así, que nadie lo supiera; si quedaban como amigos (no era el mejor de los escenarios), no contaría nada; si al final se resolvía la atracción entre ellos, ya detallaría todo.

De momento, el silencio era su mejor aliado.

—¿Qué es eso de un grupo de mujeres de Cold Spring? —le preguntó al cortar la masa de galletas con un molde en forma de murciélago.

—Te agregué al grupo, porque por ahí hacemos nuestras quedadas, como la de esta tarde.

—¿Es que ahora Flora va a utilizar la cafetería como despacho para sus brujerías? —le preguntó a Kendall, haciéndole saber que no se fiaba un pelo.

—No seas exagerada, por favor —resopló Kendall, metiendo una tarta que saldría en forma de calabaza con dientes.

—¿Qué va a pasar?

—Flora nos enseñará algunos rituales que hacer la noche de Halloween para atraer el amor, mantenerlo entre otros, ya lo verás, es muy interesante lo que cuenta y, a mayores, nos da consejos.

—¿Consejos? —Aquello sí que le pareció raro—. ¿Es que también es psicóloga?

—Imogen, no, para purificar la casa y todo eso. Lo verás por ti misma, no es peligroso.

—No, creo que paso.

—Estarás —la obligó Kendall—. Vendrán todas.

Esa misma tarde, cuando la cafetería estuvo más tranquila, se sorprendió por la reunión que se produjo.

Lo habitual era que Lilian y sus amigas llegasen, charlaran con Kendall e Imogen y luego jugasen una partida de cartas o cualquier otro juego; no obstante, esa tarde se había congregado un grupo bastante numeroso: Lilian, Wendy, Teresa, Cloe y por último Tony, aunque faltaba Shannon. Imogen se sentó al lado de Tony.

—¿Ha dado algún consejo ya? —La joven acercó la cabeza a Tony. Era una mujer bajita, muy delgadita, de pelo corto negro, con un rostro redondo cuyas facciones mostraban esa amabilidad de la que siempre hacía gala.

—Estamos esperando.

—Se cotiza alto. —Quiso bromear Imogen.

—No, creo que no. —Se rio por lo bajo.

La campanita de la puerta hizo que todas se girasen y apareció Shannon.

Era alta, con caderas redondeadas y siempre andaba en mallas a conjunto con sudaderas, que ese día ocultaba detrás de un bonito delantal cottagecore , una estética que celebraba la vida rural y la conexión con la naturaleza, evocando un estilo de vida sencillo y romántico, que se había puesto muy de moda.

—Querida, toma asiento —le ofreció Flora—, empezaré por ti.

Este año enciende esta vela —Flora le dio una vela blanca bien envuelta— y medita, sé que te gusta, durante unos minutos, de modo que conectarás con la energía de la noche de las brujas.

Céntrate en las nuevas intenciones y suelta lo que ya no te aporta bienestar.

—Que es mucho, os lo aseguro —les confió Shannon y todas le sonrieron.

—Para Tony, Kendall y Cloe. —La veterinaria dio una palmada y arrastró el culo hacia el borde de la silla—.

Este año os propongo una limpieza de hogar, bueno, para cualquiera de vosotras.

Ahora, en otoño, es un buen momento para deshacerse de esos objetos innecesarios así renovamos los espacios.

Barred con la intención de eliminar la energía estancada, y una vez hecho, encendemos incienso de sándalo o palo santo, que ayudará a armonizar al ambiente.

—Flora les dio a todas un incienso que olía muy bien.

—¿Los haces tú? —Se interesó Imogen observando esa barra entre verde y amarronada.

—Sí, los hago cuando las plantas están en su momento idóneo para ser podadas o cosechadas —le explicó como una buen profesional—.

Para vosotras tres —se dirigió a Lilian, Teresa y Wendy, que le prestaron toda la atención del mundo—.

Cómo no, lo podéis hacer si queréis: encended dos velas, una representará el pasado, la otra dará la bienvenida a todo lo nuevo, pero serán una guía para esas almas que regresan durante unas horas al mundo de los vivos, hallarán el camino a casa.

—Posó sus ojos en Imogen para hablarle directamente—: Sirve, de igual forma, para dar por finalizadas relaciones amorosas y amistades negativas.

—Vaya —exclamó Imogen—, me lo apunto.

—Funciona con creces —le aseguró Shannon muy animada.

«¡Ay, Dios, que las tiene compradas a todas!», pensó para sí misma.

—Son rituales inofensivos, sencillos y muy efectivos —reconoció Tony.

—De hecho, conocí a mi marido con el ritual del amor que me indicó Flora hace ya cuatro otoños —confesó Cloe sonriente.

«¡¡¡Van hechizando a los hombres!!!», se gritó para sí misma.

—Hace ya tiempo, estaba metida en una relación bastante tóxica y el ritual de soltar me sirvió: escribes en un papel lo que deseas destrabar, en mi caso era esa relación, y lo quemas en una vela, simbolizando la liberación de lo viejo y la apertura a lo nuevo.

Fue todo un milagro. —Shannon compartió su historia con Imogen con total confianza.

—Tenemos que agradecer que nuestra Flora sea tan mágica y eficiente —aplaudió Teresa.

Mientras todas charlaban sobre lo bueno de la brujilda, Flora sacó una bolsa que contenía una pequeña calabaza, una manzana roja, hojas secas que a saber dónde las había conseguido, porque los árboles de momento tenían las copas intactas, y se la dio a Imogen.

—¿Es para mí?

—Así es. —La movió en el aire para que ella la cogiera, así lo hizo—. Sobre las ramas que hay dentro, coloca a modo de altar el resto de objetos; delante de él, enciende la vela naranja, símbolo de abundancia y prosperidad. Durante la noche de Halloween, puedes hacer peticiones y reflexiones.

—Vale. —Imogen estaba alucinando un poquito, pues nunca se había considerado una mujer esotérica, pero estaba visto que las señoras que la rodeaban creían en todo ello.

—Pero antes quema este ramillete en un platito —le aconsejó—, son laurel, verbena, artemisa, ruda y muérdago, vete por cada rincón de la casa, por cada habitación, para eliminar las vibraciones de los anteriores inquilinos. Una vez que lo hayas hecho, entonces armas el altar.

Para Imogen era demasiado trabajo esotérico.

—De acuerdo. —Cogió el ramillete que iba envuelto en una bolsita de seda—. ¿Servimos más infusiones? —Se interesó Imogen al ver que no quedaban bebidas.

—¡Por supuesto! —exclamó Wendy—. Esta clase de magia se merece un buen té.

—Vamos. —Kendall se levantó e Imogen fue tras ellas, y en nada todas volvían a estar sentadas en torno a las dos mesas que habían juntado.

—Flora —la llamó Cloe—, me tienes que pasar una nueva cruz de pino.

Imogen casi escupió su infusión sin teína en la taza.

—¿Una cruz de pino? —Estaba confundida y asombrada a partes iguales.

—Sí, una cruz de hojas de pino protege la casa de espíritus malignos, libera del sentimiento de culpa no justificado o excita el deseo carnal.

—¿En serio es buena para echar un polvete? —Aquello ya le parecía surrealista, aunque la seriedad de sus compañeras de mesa lo confirmaba.

—Así es, todas las plantas, como algunas verduras, incluso frutas, tienen sus poderes mágicos; por ejemplo, el jengibre es bueno para aumentar la vitalidad sexual —asintió Flora antes de esconder sus labios en la taza.

Imogen miró con disimulo. «¡Oh, lo que me faltaba, excitarme por todo», no pudo frenar ese pensamiento ni el siguiente: «¿Es que todo tiene que ver con la sexualidad?

», bufó. A eso continuaron, por parte de Flora, otras explicaciones de plantas cuyos usos eran de lo más extravagantes que arrancaban risas, como el espárrago, un gran afrodisiaco.

—Se los daré de comer a Mark —bromeó Kendall, a lo que todas respondieron con exclamaciones.

—Está muy buena esta infusión —exclamó Tony saboreándola, acababa de probarla.

—Si os gusta, tenemos un expositor —Kendall lo señaló— para que compréis, nos lo puso la propia fábrica —les informó.

—Lo quisimos, porque en mi caso, que soy una fanática del otoño, de Halloween, de las infusiones temáticas como la de Navidad, que próximamente tendremos. —Todas clavaron la mirada en su persona, Imogen por un momento se sintió cohibida—. ¿Qué? —Saltaba los ojos entre ellas.

—Eres la adecuada —dijo Flora con misterio—. Cold Spring llevaba mucho tiempo esperándote.

—¿Para? —preguntó, pero ninguna se dignó en contestarle, y al posar la vista en Kendall, a su amiga no se le ocurrió mejor cosa que encogerse de hombros.

Flora añadió:

—Hay que estar muy atentas a lo que queda de otoño, algo va a cambiar. Creo que tendremos grandes sorpresas.

—¿A qué te refieres? —insistió Imogen.

—Va a cambiar el futuro, así como el tuyo se tornará más feliz y aquello que creías imposible se hará realidad.

Con el enigma flotando sobre las cabezas de todas, pues ninguna de ellas preguntó, como si ya supieran de lo que se trataba salvo ella, cambiaron de tema, mientras que Imogen no se creía mucho de lo que decía Flora.