10 #3
—¿Es de la zona cajún? —preguntó Ace. Se había cruzado con la mayoría de los tipos de Grizzly Cove a lo largo de los años, pero no los conocía tan bien.
—Luisiana —respondió Ezra—. Nacido y criado en los pantanos. Sabe mucho sobre magia humana y vudú.
Su conversación privada terminó en ese momento, porque las tres hermanas humanas terminaron de atender a Sabrina y empezaron a dirigirse hacia la puerta cerca de donde estaban Ezra y Ace. La mayor parecía ser la líder y le sonrió a Ace, acercándose directamente a él y tendiéndole la mano.
—Soy Nell —dijo ella—. Estas son mis hermanas. Volvemos a nuestra tienda a por más provisiones. Tú cuida de ella hasta que regresemos.
Ace, perplejo, estrechó la mano de la mujer y le soltó un protocolario: —Sí, señora. —Parecía que no había otra respuesta aceptable en aquella situación.
—Yo soy Ashley. —La hermana mediana también le ofreció la mano a Ace y él la estrechó obedientemente—.
Urse me ha pedido que te diga que vendrá con Big John en cuanto estéis instalados y cómodos.
Urse es la pareja del Alfa —aclaró ella, pasando junto a Ace hacia la última hermana, que le tendió la mano y le sonrió.
—Soy Tina. Ya conoces a mi marido, Zak. Traeremos más comida más tarde. ¡Espero que te guste el picante!
Y con eso, el torbellino de mujeres abandonó la habitación, llevándose con ellas su energía ajetreada. Ace estaba un poco estupefacto. No sabía que las mujeres humanas pudieran ser tan mandonas, aunque, por otro lado, tendrían que ser de carácter fuerte para plantarle cara a un oso cambiante.
—Simpáticas señoras —comentó Ace mientras Ezra las seguía hacia la puerta.
Ezra asintió. —Os dejaremos un tiempo a solas para que os recuperéis, pero no hagáis ninguna travesura.
Big John quiere conocer a tu chica cuanto antes.
Sospecho que estará aquí con su pareja más pronto que tarde.
Probablemente las hermanas ya estén hablando con Urse.
El sistema de cotilleos por aquí es sumamente eficiente.
—Ezra guiñó un ojo y salió por la puerta, cerrándola tras de sí.
Sabrina se sintió un poco abrumada por las atenciones de las tres hermanas, pero la dejaron con un sándwich enorme que rápidamente acaparó toda su atención. Ya se había comido un cuarto cuando se cerró la puerta. Levantó la vista y solo encontró a Ace con ella. Estaban solos. Por fin.
Ace se acercó a sentarse a su lado en el sofá. —¿Cómo te encuentras?
—Hambrienta —respondió ella entre bocado y bocado del sándwich más delicioso que había probado nunca. Al menos, esa era la sensación. Quizá el hambre hacía que todo supiera mejor.
—Bueno, come. Te hará sentirte mejor, y probablemente tengamos otra tanda de visitas en unos minutos: el oso Alfa y su pareja.
—Pensaba que los osos no teníais eso del Alfa —dijo ella, deteniéndose solo para hablar antes de darle otro enorme mordisco al sándwich.
—Normalmente no. Es decir, tenemos Alfas, pero no son como los Alfas de los lobos.
No son líderes supremos de todo lo que abarcan con la mirada.
Son más bien gobernantes por consenso, si acaso.
Los osos no encajamos en la estructura de manada.
Somos demasiado independientes para eso.
Pero Big John se ha ganado mucho respeto de todos sus hombres y de muchos otros.
Es un táctico sin igual, y todo este pueblo fue originalmente su visión.
Sabrina pudo notar la admiración en su voz cuando Ace hablaba del hombre al que llamaba Big John. Tenía ganas de conocer al oso Alfa, pero también sentía un poco de inquietud. Si aquel Alfa era algo parecido a Tobias, el Alfa de los lobos, podría tener un problema.
—¿Crees que querrá que me vaya? —No podía olvidar la hostilidad del Alfa de los lobos cuando su don empezó a fallar. Al principio se había mostrado acogedor —aunque a regañadientes—, pero cuando ella empezó a tener problemas, se convirtió en una pesadilla.
—En absoluto —se apresuró a asegurarle Ace—.
Big John puede parecer aterrador, pero en el fondo es un pedazo de pan.
Solo no le digas que he dicho eso. Es más del tipo paternal que intenta resolver los problemas de todo el mundo —le contó Ace—.
Según dicen, lo hace bastante bien, además.
Te gustará. Y, lo más importante, no va a echarte del pueblo por un poco de magia rebelde.
Somos osos. No nos asustamos fácilmente como esos lobos moñas del norte.
—Ella sonrió un poco ante su broma. Era amable por su parte intentar animarla.
Para ser sincera, todavía se sentía un poco conmocionada—.
Además, su pareja es una maga. Creo que simpatizará mucho con tu problema y podrá ofrecerte alguna ayuda.
Sabrina reflexionó sobre lo que él había dicho mientras devoraba el resto de su sándwich.
También había patatas fritas, que desaparecieron rápidamente.
Igual que las dos botellas de té helado que las hermanas le habían dejado.
Justo cuando estaba considerando buscar una segunda ración, llamaron a la puerta.