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Sabrina miró a su amiga, como buscando confirmación.
Marilee asintió, y Sabrina pareció relajarse un poco.
Daba gusto ver la verdadera amistad que había entre estas dos mujeres.
Ace lamentó que el resto de la manada no hubiera sido tan acogedor con esta pobre pequeña bruja del clima.
El Alfa podría haberla protegido y ayudado, pero en lugar de eso, simplemente había pedido ayuda —lo que al menos era algo— y se había lavado las manos, encantado de dejar que otro se encargara del supuesto problema.
Sabrina no era un problema del que ocuparse.
Era una mujer encantadora que tenía problemas con su don.
Si Ace hubiera estado al mando por allí, toda esta situación se habría manejado de forma muy distinta.
Pero no estaba al mando, y tenía que sacar lo mejor de la situación.
Llevar a Sabrina ante los Lords parecía una buena idea, especialmente si ya había despertado el interés del Venifucus.
No tenía forma de estar seguro al cien por cien de que los desconocidos fueran del Venifucus, pero todo era condenadamente sospechoso.
No lo sabría con certeza hasta que atacaran, y en ese punto, podría ser demasiado tarde para Sabrina.
Mejor sacarla de la zona ahora e intentar escabullirse de los desconocidos, esperando que no los siguieran.
No era propio del estilo de Ace huir de una amenaza, pero tenía que considerar a Sabrina, y no podía contar realmente con estos lobos para que le cubrieran las espaldas. Si sus hermanos estuvieran aquí, la historia sería muy diferente, pero no estaban, y tenía que hacer lo mejor para Sabrina.
Le gustaba la versión corta de su nombre que usaba Marilee, pero de alguna forma, le gustaba aún más su nombre completo.
Era más regio. Le encajaba mejor que el apodo en su mente.
Se preguntó qué nombre prefería ella y si le pondría objeciones a que usara su nombre completo en lugar del apodo.
Esperaba que no. Por supuesto, ella todavía no le conocía de nada, en realidad.
Arreglaría eso mientras viajaran juntos.
Esta mujer era demasiado intrigante como para dejarla sola.
Tanto su mitad humana como su lado grizzly se sentían cada vez más fascinados por ella.
—Por si sirve de ayuda, he notado que la mayoría de sus problemas últimamente están relacionados con el viento —ofreció Marilee. Ace se sintió conmovido una vez más por lo buena amiga que era Marilee para Sabrina. Ojalá el resto de su manada fuera así de comprensivo.
—Es bueno saberlo —respondió Ace, asintiendo a Marilee en agradecimiento—. Ahora, ¿quieres verificar quién soy y quién me envió? Haré un poco de exploración por los alrededores y luego, si estás lista, creo que deberíamos salir de aquí lo antes posible —le dijo a Sabrina.
—¿Cómo te... em... verifico? —preguntó Sabrina vacilante. Ace miró a Marilee.
—Llamad a los Lords y preguntadles si me enviaron.
Mi nombre es Ace. —Miró a ambas mujeres mientras se presentaba—.
Describidme y aseguraos de que soy el mismo tipo que ellos enviaron.
Luego, decidles las palabras clave Tango X-ray Delta Roger.
Sabrán que vamos de camino hacia ellos, posiblemente con tipos malos siguiéndonos el rastro.
—¿Quieres que yo llame a los Lords? —Marilee parecía indecisa.
—¿Tienes su número de la línea directa? —preguntó Ace a la mujer.
Ella asintió—. Para este tipo de cosas se creó.
Cuando alguien responda, dile que necesitas hablar con cualquiera de los Lords o con Rocco Garibaldi.
Eso es todo. Con nadie más. Si te ponen problemas, di que yo te dije que llamaras y que estoy en una misión autorizada directamente por Tim y Rafe. Eso hará que se den prisa.
—Si estás seguro —dijo Marilee, todavía con aire un poco inseguro, pero ya estaba echando mano de su teléfono.
Ace asintió hacia ella. —Saldré fuera para daros algo de privacidad.
Preguntadles lo que necesitéis. Aseguraos de que soy quien digo ser.
Necesito la confianza de Sabrina si vamos a viajar juntos, y este es un buen lugar para empezar —dijo con sinceridad.
Tenían que saber que estaba intentando establecer el vínculo con la mayor facilidad y rapidez posible porque la amenaza era real.
Ace salió por la puerta de la tienda, pero no fue muy lejos. Empezó olfateando el perímetro de la tienda, buscando cualquier olor que no encajara del todo. Solo recorrió una corta distancia antes de que el penetrante olor a sangre vieja lo detuviera en seco.
Ace alzó la vista hacia la dirección de donde soplaba la ligera brisa. El olor le llegaba desde el otro lado de la calle. Más concretamente, del hombre que lo observaba en la acera de enfrente.
Joder. Ace pensó que tendría más tiempo, pero no cabía duda en su mente de que el tipo que lo observaba era un problema.
Ese olor... Hizo que a Ace se le erizara el vello de la nuca.
Era el olor del mal. De la magia de sangre.
Algo tan atroz que había sido proscrito entre los magos desde antes de la época de Elspeth.
Solo aquellos que buscaban el mal seguían el camino de la sangre, pues su poder provenía de la sangre de los inocentes a los que torturaban y mataban.
Ace comprendió de pronto el destino que los desconocidos querían imponer a Sabrina. Habían venido a robar su poder. A hacerla sangrar.
Bastardos.
De ninguna manera Ace permitiría que eso ocurriera.
Ace agudizó sus sentidos y se dio cuenta de que había otro hombre acercándose desde un ángulo oblicuo.
Él también apestaba. Ambos llevaban abrigos de cuero como si hubieran salido de Matrix.
Un equipo estúpido para las Rocosas. Estos dos debían de ser domingueros de ciudad, lo que hizo sonreír a Ace.
Podría ser más astuto que dos tipos de ciudad cualquier día de la semana, con magia o sin ella.
Esto podría ser más fácil de lo que pensaba.
Entonces, le golpeó la primera ola de magia agresiva.
O no.
Joder, eso ha dolido.