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—No es tan sencillo —le dijo él—. Ya te quedes aquí o vayas a otro sitio, sigues necesitando equilibrar tu magia. Estoy dispuesto a hacer lo que pueda para ayudarte con eso, sin importar a dónde vayas.
Eso hizo que se girara para mirarlo a sus cálidos ojos marrones. —¿Por qué? —preguntó ella—. ¿Por qué te importa lo que pase conmigo y con mi ridículo y pequeño talento?
Él dio un paso más. —No es ridículo y, a juzgar por la capa de hielo con la que me topé al entrar en el pueblo, tampoco es pequeño.
—Miró a su alrededor y bajó la voz a un tono más confidencial—.
Están pasando cosas en el mundo exterior que no conoces.
Peligros para la gente mágica. Si tu magia salvaje atrae el tipo de atención equivocado, podrías estar en verdadero peligro.
—¿Qué? —Marilee y Sabrina vocalizaron su sorpresa al unísono.
—Hay desconocidos en el bosque —continuó el hombre—.
¿Envió Tobias una advertencia a su manada?
—Aquí el hombre miró directamente a Marilee, aunque no habían sido presentados.
Parecía saber que era una mujer lobo. Probablemente se lo dijo su nariz, ya que al parecer los cambiapieles podían oler cosas así.
Marilee asintió con los ojos muy abiertos. —He oído que debemos estar atentos por si vemos desconocidos e intentar averiguar lo que podamos si alguno de ellos entra aquí.
—¿Cómo podría un humano acampar en territorio de hombres lobo y no ser visto excepto cuando quiere serlo? —preguntó él, con una mirada de acero en sus ojos color chocolate claro.
Marilee jadeó, e incluso Sabrina comprendió a qué se refería. —¿Crees que esos desconocidos están enmascarando su presencia de alguna forma? —preguntó ella—. ¿Con magia?
—Posiblemente —dijo él, volviendo a centrar su atención en Sabrina—.
Sea lo que sea lo que están haciendo, no parece amistoso.
Si fueran legales, se habrían acercado a Tobias al llegar a su territorio.
Toda la gente con magia sabe lo suficiente como para respetar las normas de cortesía.
Si son humanos sin magia, ¿cómo pueden ser tan buenos ocultando su presencia?
Ni siquiera algunos soldados de las Fuerzas Especiales que he conocido tienen ese tipo de habilidades, aunque pueden esconderse de formas que la mayoría de la gente ni siquiera imagina.
Lo mismo para los cazadores. Ningún humano es tan bueno como para engañar a toda una manada de lobos de cazadores entrenados que patrullan su propio territorio. Es incomprensible.
—Tiene razón —susurró Marilee—. Si están ocultando su presencia en nuestro territorio, definitivamente no traman nada bueno.
—¿Y sugieres que han venido aquí a por mí? —chilló Sabrina.
—Es muy posible que se sintieran atraídos por tu magia salvaje. Sé, de hecho, que el Venifucus ha estado muy activo intentando convertir o capturar a magos y Otros que acababan de descubrir sus poderes —pronunció con un tono oscuro que casi la hizo estremecerse.
—¿El qué? —preguntó Sabrina, confundida.
—Oh, Brina, yo he oído hablar de esos tipos. No querrás verte mezclada en nada en lo que ellos estén involucrados, créeme —dijo Marilee, con la expresión tensa por la preocupación—. Son algo así como el mal puro.
—El Venifucus es una antigua organización de magos y Otros dedicados a traer de vuelta al Destructor —su líder—, una hechicera fae llamada Elspeth, al reino de los mortales. Algunos piensan que ella ya ha regresado, y que se avecina una gran guerra —les dijo.
—Sabes lo loco que suena eso, ¿verdad? —preguntó Sabrina—. Es como algo sacado de un cuento de hadas.
—Ojalá fuera un cuento de hadas —coincidió él—.
Pero no lo es. El Venifucus ha intensificado sus actividades en los últimos años, y van activamente tras los magos jóvenes que no controlan totalmente sus dones, y tras los Otros que tienen un poder que ellos pueden corromper.
Tu magia salvaje resultaría atractiva para ellos.
—Hizo una pausa un momento, y luego su mirada se suavizó—.
Puedo ayudarte a controlarla, si me dejas.
Eso la dejó desinflada. Tenía que pensar, pero necesitaba más información primero.
—Pero, si los malos ya están aquí y la manada parece no poder localizarlos, entonces estaría más segura si me marchara, ¿verdad? —razonó en voz alta.
—Posiblemente, pero eres vulnerable mientras tu magia esté fuera de control. En el momento en que la uses, podrán localizar tu posición de nuevo —advirtió él—. Pero si viajamos juntos y nos dirigimos a un lugar seguro, tienes mi palabra de que haré todo lo posible por protegerte.
—Un lugar seguro. ¿Como dónde? —quiso saber ella. Ningún lugar le parecía seguro tras lo que él acababa de contarles.
—Creo que los Lords te ayudarían. Su compañera es una sacerdotisa, dotada de magia. Si, por alguna razón, yo no puedo ayudarte a ganar el control, sé que ella puede —prometió él.
—¿Dónde están ellos? ¿Está lejos? —Sabrina hizo la siguiente pregunta lógica.
—Montana. Más que eso no puedo decir, pero puedo llevarte allí —le dijo.
Sabrina miró a Marilee. Confiaba en su amiga más que en cualquier otro lobo del pueblo. —¿Tú qué crees, Mar?
—Creo que, primero, deberíamos verificar que es quien dice ser —dijo Marilee con audacia—.
Sin ánimo de ofender —dijo, mirando algo nerviosa al hombre—.
Luego, si resulta ser quien dice, creo que probablemente sea más seguro para ti recibir ayuda.
Por mucho que me duela que te vayas, podría ser la única forma de mantenerte a salvo.
Puedes confiar en los Lords sin duda alguna.
Si este hombre ha sido enviado por ellos, supongo que también puedes confiar en él.
—Pero yo no soy una cambiapieles. ¿Por qué debería importarles lo que me pase? —preguntó Sabrina lo que realmente la inquietaba.
—Cada alma que el Venifucus corrompa hará que la batalla venidera sea mucho más difícil —le dijo él—.
Todos los seres que sirven a la Luz tendrán que unirse como lo hicieron antaño para luchar contra el mal.
Si estás comprometida con el bando correcto, los Lords —y yo— te ayudaremos. Tan sencillo como eso.
—¿Qué ocurrió la última vez que el bien y el mal lucharon? —preguntó Sabrina, casi temiendo la respuesta.
—¿Has oído hablar de la Edad Media? —Una de sus cejas se arqueó, y el atisbo de una sonrisa asomó a sus labios.
—¿En serio? —Sabrina tragó saliva. Él asintió y a ella se le cayó el alma a los pies—. Maldita sea.
Ace odiaba darle tan malas noticias a esta mujer tan guapa, pero había que hacerlo.
Tenía que saber exactamente en qué clase de peligro se encontraba.
Estaba claro que nunca se había planteado que sus habilidades para manejar el clima fueran algo que a otro pudiera interesarle explotar, pero él tenía que hacer que fuera consciente de la verdad.
Por lo poco que había visto de su poder, no era insignificante.
De hecho, era mucho más potente de lo que esperaba.
Lo que estuviera ocurriendo en su interior para crear tal caos en el exterior no era algo pequeño.
Parecía estar... evolucionando. Su poder crecía a trompicones, como el de un joven.
Ese es el tipo de pérdida de control que había visto al entrar en el pueblo.
Se parecía mucho a alguien que se hubiera acostumbrado a una intensidad de poder y de repente esta se viera elevada a un nivel completamente nuevo.
—Mira, marcharte del pueblo es probablemente una buena idea —le dijo Ace en voz baja—. He conocido al Alfa, y no me da la impresión de ser el tipo de persona que se desvive por nadie que no sea de su manada.
Sabrina asintió lentamente, y Marilee pareció apenada. —Tiene razón —dijo la mujer lobo tras un momento incómodo—. Es ferozmente protector con nosotros, pero cualquiera que no sea de la manada no aparece en su radar, lamento decirlo. —Marilee centró su atención en Ace—. Eres un oso, ¿verdad?
A él le pilló un poco desprevenido su pregunta directa, pero le gustó su enfoque franco. Ace asintió confirmándolo.
—Brina, los cambiapieles de oso se encuentran entre los más mágicos de todos —dijo Marilee, buscando la mano de Sabrina—. Los Lords te enviaron un oso por algo. Él puede protegerte, tanto física como mágicamente. Si vas con él, te pondrá a salvo o morirá en el intento.
Sabrina se alarmó. —No quiero que nadie muera —dijo con voz temblorosa.
Ace quiso tranquilizarla. —Yo tampoco quiero eso —dijo en el tono más ligero que pudo emplear dadas las circunstancias—.
Pero le di mi palabra a los Lords, lo que significa que estoy comprometido con tu seguridad.
Tu amiga tiene razón. Una vez que uno de nosotros recibe una tarea de los Lords, se convierte en un compromiso sagrado.
Estás más segura conmigo que en cualquier otro lugar ahora mismo...
a menos que tengas aliados que nosotros no conozcamos.
Sabrina negó con la cabeza, con aspecto de estar un poco perdida. Miró hacia otro lado, y él no deseó nada más que alargar la mano y darle un abrazo. Parecía tan sola en ese momento. Pero entonces, ella le miró con sus grandes ojos azules muy abiertos.
—¿Y tú... te conviertes en un oso? —Parecía indecisa al preguntar.
Ace asintió solemnemente. —Un grizzly —aclaró—. Te aseguro que mi forma peluda está tan bajo control como mi forma humana. Al igual que los lobos. Recordamos quiénes somos cuando cambiamos. Nunca te haré daño.
Le dio esa información por si acaso le preocupaba que la atacara cuando estuviera en forma de oso.
Los humanos no sabían mucho sobre los cambiapieles, incluso aquellos humanos que tenían dones mágicos.
Los cambiapieles solían preferir que fuera así.
Les gustaba tener sus secretos. Pero, si ella iba a viajar con él, necesitaba confiar en él.