Oscuro linaje. Libro 2: La esfera de Emet Capítulo 20
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Capítulo 20

Althea

Conduzco con una mano, porque con la otra tengo que sujetar a Waylon para que no se caiga del asiento en cada curva.

Por el espejo retrovisor, veo a Nell dormida en el asiento de atrás sobre el regazo de Sabina, con los ojos cerrados y la piel del color de la cera.

Hace media hora absorbió una maldición oscura que debería haberla matado y sigue viva solo porque las tres canalizamos todo lo que teníamos a través del vínculo para contrarrestarla.

A su lado, Sylara y Amara se apretujan como pueden para caber en el espacio que les deja la sirena.

Tyronicus se quedó atrás. Le vi alejarse entre los árboles con los Kobolds supervivientes, cojeando. Tiene muertos que enterrar y una aldea que reconstruir.

La ciudad aparece en el horizonte mientras el sol comienza a salir. Un mundo humano que no tiene ni la más mínima idea de lo que acaba de ocurrir a escasos cien kilómetros de ellos.

***

—Sabina, ¿puedes preparar uno de tus baños curativos? —pregunto en cuanto entramos en el apartamento.

—¿Para quién?

—Para todos. Nos turnamos.

Tumbamos a Waylon en el sofá. Está muy débil y desnutrido.

Tiene marcas de magia oscura por todo el cuerpo, pero vivirá.

Es extraño mirarle. El padre de Nell. El hombre que ella creía que la había abandonado.

Excepto que no la abandonó, Kaelisar le capturó y torturó. Le mantuvo prisionero durante años.

Busco el parecido, pero apenas lo encuentro. Quizá en los pómulos y en la forma de la mandíbula, aunque poco más. Mientras que Nell es viento y libertad, él parece apagado y roto.

—Una Kobold.

Su voz me sobresalta. De pronto abre los ojos y me observa con curiosidad.

—Hace mucho que no veía una —murmura.

—¿Has conocido a más Kobolds?

—Conocí a algunos. Buenos aliados. Feroces guerreros. —Su mirada se pierde en algún punto indeterminado—. Lasara los adoraba. Decía que eran los más honestos de todos los seres.

Quiero preguntarle más. Me gustaría saber qué le pasó, cómo acabó todo tan jodido, por qué su hija creció huérfana mientras él se pudría en una celda. Pero sus ojos se cierran de nuevo.

—¿Cómo está?

Nell aparece a mi lado casi desnuda, envuelta tan solo en una toalla tras el baño curativo que ha preparado Sabina. Parece un fantasma con resaca, pero al menos el color ha vuelto a sus mejillas.

—Acaba de hablar, así que supongo que empieza a recuperarse.

—No sé qué sentir. Se supone que debería estar feliz, ¿no? He encontrado a mi padre. Está vivo y todo eso, pero no deja de ser un completo extraño. Un completo extraño que tiene todas las respuestas que he buscado durante años. Y ahora está inconsciente.

—Despertará. Y entonces podrás preguntarle lo que quieras.

—¿Y si no me gustan las respuestas?

—Es un riesgo que tendrás que aceptar —respondo, encogiéndome de hombros.

***

Waylon despierta de nuevo una hora más tarde y esta vez parece más lúcido.

—Niletta —balbucea—. Necesito hablar con mi hija.

Nell llega corriendo desde la cocina, donde estaba comiendo algo con la elfa y Sabina. Se sienta frente a él, pero no se atreve a hablar.

—Éramos jóvenes —comienza Waylon cuando nos acomodamos a su alrededor—. Los cuatro. Kaelisar, Ethelon, tu madre y yo. Formábamos un Quad.

—¿Un Quad? —pregunta Nell mirándonos confusa—. ¿Como nosotras? Puf, casi prefiero no saber esas cosas, es un poco turbio.

Waylon sonríe al darse cuenta de lo que está imaginando.

—No, no, no como vosotras —explica, haciendo una larga pausa—. Compartíamos magia. Compartíamos el gobierno. En aquella época, tras la muerte de Vaelron y para garantizar la paz, Aishfara tenía tres reyes: Ethelon, Kaelisar y yo. Lasara era nuestra reina.

—Espera, espera —dice Nell, levantando una mano—. ¿Mamá estaba con los tres? Bueno, da igual, no quiero saberlo.

—Era un Quad, estábamos conectados por la magia. Teníamos una alianza poderosa, pero no era... —Nos mira a las cuatro—. No era lo vuestro —agrega, mientras baja la mirada.

—¿Qué quieres decir? —pregunta Sylara, aunque creo que lo sabe perfectamente.

—Vosotras os sentís las unas a las otras.

Lo veo. Sois un Quad vinculado, el primero en siglos.

Nosotros no teníamos eso. Éramos aliados, nada más, no había ninguna atracción tan fuerte como la vuestra.

En nuestro caso, Kaelisar podía sentarse frente a nosotros en el consejo, sonreír, y planear nuestra destrucción sin dar ninguna pista.

—Si hubierais tenido lo que nosotras tenemos... —empieza Sabina.

—Habríamos sentido la traición antes de que ocurriese.

Realmente la traición nunca habría ocurrido, no en un Quad vinculado.

Desde luego, habríamos notado al demonio en su interior, la ambición desmedida creciendo y sus constantes mentiras.

—Waylon cierra los ojos—. Si hubiéramos tenido vuestro vínculo, nada de esto habría pasado.

—¿Qué hizo exactamente? —pregunta Nell.

—Hizo un trato. Con una entidad oscura de más allá del velo; un demonio.

Consiguió poder a cambio de... no sé realmente de qué.

Pero el precio a pagar fue todo lo que teníamos.

Intentó matarnos a Ethelon y a mí. Casi lo logró conmigo.

Me lanzó a las Tierras Sombrías, desde donde no podía regresar.

Ethelon sobrevivió, pero se exilió en Aishfara y cerró el reino.

—Y mamá huyó.

—Tu madre no sabía ya en quién confiar. Sin un vínculo real, sin la conexión que os une a vosotras cuatro, no tenía forma de saber si Ethelon estaba involucrado. Yo había desaparecido, así que huyó contigo para protegerte. Te escondió entre los humanos. Y luego...

—Murió —completa Nell.

—Sí, gastó toda su magia manteniéndote oculta, protegiéndote de Kaelisar. Y por lo que veo, lo consiguió durante muchos años.

—¿Y por qué ese loco no me deja en paz? Yo solo era una ladrona sin poderes.

—Eres la heredera de dos linajes reales. Hija de un rey. Nieta de otro. Con sangre de Elemental pura por parte de padre y madre —explica.

—Joder —masculla entre dientes.

Sylara se inclina hacia delante.

—Si Nell es la heredera de dos linajes reales, eso la convierte en una amenaza para Kaelisar y para cualquiera que quiera el trono. Es la heredera legítima de Aishfara. ¿Confías en Ethelon? —pregunta.

—Confío en que quiere lo mejor para el reino. Y ahora mismo, lo mejor es derrotar a Kaelisar. Otra cosa muy diferente es su hija Maris. Ten cuidado con ella.

—Ya, bueno, la conocí de manera accidental. La tiré de culo y me llevé un libro muy valioso, así que no creo que vayamos a ser amigas.

—Lasara nunca confió en ella, ni siquiera cuando era una niña. Decía que escuchaba demasiado y hablaba muy poco.

—¿Es peligrosa? —insiste Sylara.

—Es probable que lo sea, depende del poder que haya adquirido en estos últimos años.

Nell se deja caer en el sillón, y esconde el rostro entre las manos.

—¿Y ahora qué se supone que tengo que hacer? ¿Alguien espera que reclame el trono o algo así? Porque apenas sé usar mi magia y sería una reina de mierda, la verdad.

—Nadie espera nada ahora mismo —la tranquilizo—. Primero tenemos que sobrevivir y derrotar a Kaelisar. Luego ya pensaremos en tronos.

—Las Keystones son la prioridad —dice de pronto Waylon—. Permitirán reparar el velo y detener a Kaelisar y a su demonio.