Oscuro linaje. Libro 2: La esfera de Emet Capítulo 15
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Capítulo 15

Sylara

Althea asiente, aunque las chispas siguen saltando de sus dedos. Sabina se tambalea ligeramente, apoyándose contra la pared. Y Nell...

Nell me mira de un modo que consigue que mi corazón se acelere.

—Sylara —susurra, acercándose—. Cuando estaba en ese puente, cuando te vi a punto de caer... pensé que te perdería para siempre.

—Estoy aquí —respondo, cogiendo su mano y apretándola ligeramente—. Gracias a ti.

No dice nada más, no espera una respuesta más extensa, simplemente coloca las manos en mi cintura y me besa. Más que desesperación o miedo, es deseo y necesidad.

Presiona su cuerpo contra el mío, empujándome contra una de las paredes de espejos que nos devuelven una imagen de erotismo puro.

Nuestro reflejo se multiplica casi de manera infinita, mostrando a Nell con la cabeza echada hacia atrás mientras beso su cuello, los ojos cerrados, sus labios entreabiertos.

—Necesito más —susurra, deslizando su mano derecha por debajo de mi camisa.

Y entonces recuerdo que no estamos solas.

Me detengo y me giro muy lentamente. Althea y Sabina están ahí, observándonos. Althea con los brazos cruzados y una expresión indescifrable en su rostro. Sabina se muerde el labio inferior y siento que está a punto de unirse a nosotras en cualquier instante.

—Mierda —mascullo, apartándome de Nell—. Lo siento. Yo... nosotras...

—No tienes que disculparte —interrumpe Althea, alzando una mano, aunque su voz suena un poco tensa—. El vínculo... lo entendemos.

—Sí —añade Sabina—. Solo… que… puf. No os podéis hacer una idea de cómo me habéis puesto en un momento —admite, pasándose la mano por la nuca.

El silencio que sigue es incómodo. Muy incómodo.

A través del vínculo siento la mezcla de emociones: el deseo de Nell, los celos reprimidos de Althea, la confusión y la excitación de Sabina.

Y mi propia vergüenza por haberme dejado llevar de este modo.

Se supone que los elfos controlamos nuestras emociones.

—Tiene que haber una salida —propone Nell, alejándose de mí y alisándose la ropa con la palma de las manos.

—Escuchad. Antes de seguir… A ver, quizá no sea el mejor momento para hablar de ello, pero… —empiezo, buscando las palabras adecuadas sin encontrarlas—. Sobre lo de antes...

—No tienes que explicar nada —me interrumpe Nell—. Toda esta mierda del vínculo es muy complicada.

—Demasiado complicada —confirma Sabina—. Por eso necesitamos establecer... no sé, ¿algún tipo de reglas? —sugiere—. Algo para que esto no se convierta en un desastre total.

—¿Qué tipo de reglas? —pregunta Nell.

—No lo sé —admite la sirena, encogiéndose de hombros—. Solo... comunicación. Honestidad. No ocultarnos cosas.

—Como el hecho de que todas queremos follarnos a Nell —suelta Althea de pronto.

El silencio que sigue es absoluto.

—Joder, Althea —protesta la medio Fae, mientras se le pone roja hasta la punta de las orejas—. ¿Podías ser un poco más directa?

—¿Para qué andarnos con rodeos? —gruñe la Kobold—. Es la verdad. Todas lo sentimos. El vínculo lo amplifica, pero eso ya estaba ahí antes. Así que sí, es lo que sentimos todas.

Quiero decir algo, pero ¿cómo explico que como elfa llevo siglos perfeccionando el control sobre mis emociones, solo para que Nell Collins, una ladrona medio Fae con el pelo rubio despeinado y los ojos de colores diferentes, destroce todas mis defensas en cuestión de semanas?

—Genial —suspira Nell, apoyando la espalda contra la pared.

—Creo que es bastante más complicado que eso —corta la sirena—. Hace un rato… reconozco que me hubiese unido a vosotras sin dudarlo. A las dos —agrega, alzando las cejas.

—Es por el vínculo —explico, tratando de quitarle importancia.

—Ya sé que es por el jodido vínculo —me interrumpe Nell—. Pero eso no hace que sea menos raro. ¿Se supone que debo... qué? ¿Acostarme con todas vosotras? ¿De una en una? ¿Con las tres a la vez? Porque, para que conste, nunca he estado en una situación como esta.

—Ninguna de nosotras lo ha estado —reconozco—. Los Quads vinculados son raros. Y los textos antiguos no son exactamente específicos sobre la... logística.

—¿Logística? —repite Nell con una carcajada un poco histérica mientras pone los ojos en blanco—. ¿Estamos hablando de logística del sexo en grupo ahora? Esto se pone cada vez peor.

—Quizá deberíamos descansar un poco —sugiere Sabina—. Estamos todas cansadas, emocionalmente agotadas. Las cosas siempre se ven más claras después de reposar. Ya tendremos tiempo de discutir sobre esta situación cuando salgamos de aquí.

—Si es que salimos —corrijo.