Oscuro linaje. Libro 2: La esfera de Emet Capítulo 9
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Capítulo 9

Sylara

Cuando regreso, el apartamento está sumido en una tranquilidad poco habitual.

Nell está acurrucada en el sofá del salón, leyendo su libro de conjuros con una copa de vino tinto en la mano.

Se ha puesto una de mis camisetas y no puedo evitar sonreír.

Le queda demasiado grande y se desliza de continuo por uno de sus hombros, dejándolo al descubierto y revelando su clavícula.

—¿Qué tal fue la reunión? —pregunta, levantando la vista del libro y dedicándome una sonrisa que consigue que mi corazón se salte varios latidos, sobre todo al ver que mantiene su hombro al descubierto.

—Complicada, pero productiva —admito, dejándome caer a su lado en el sofá y bebiendo un trago de su copa—. Resulta que Amara es una dríade y está dispuesta a ayudarnos.

—Supongo que tendrás que explicarme eso de ser una dríade, pero ¿eso es bueno? Quiero decir, que nos ayude. Incorporarla al equipo de algún modo.

—Muy bueno. Pero también un poco aterrador.

Le cuento sobre las horribles visiones de Amara en las que aparece Kaelisar, sobre el departamento secreto del museo de Europa y, finalmente, sobre el juramento mágico que hice con ella. Nell escucha en silencio, sus ojos fijos en los míos.

—¿Un juramento mágico? —repite cuando termino de hablar—. ¿Eso significa que estás... atada a cumplir tu promesa? ¿No hay ningún modo de romperlo?

—No —confieso, tomando un largo sorbo de vino—. Si no cumplo mi palabra, el juramento me destruirá desde dentro.

Nell deja la copa sobre la mesa y se gira hacia mí, colocando sus manos en mis mejillas y acariciándome con los pulgares.

—¿Por qué arriesgarías algo así?

—Porque es lo correcto —respondo, encogiéndome de hombros—. Y porque algo en ella me recordó a ti. Esa determinación de hacer lo que sea necesario sin importar el riesgo.

Me calla con un beso suave, casi tímido. Maravilloso. Sus labios saben a vino y cuando la punta de su lengua encuentra la mía, se me escapa un pequeño gemido.

—¿Lo has sentido? —pregunta de pronto, apartándose ligeramente.

—¿Estás intentando preguntarme si estoy excitada?

—No, joder, quiero saber si lo has sentido. Esa… esa corriente de poder. No sé cómo describirlo.

Simplemente, asiento lentamente con la cabeza. Es la misma sensación que experimenté anoche después de hacer el amor con ella, pero más intensa. Como si nuestro vínculo se hubiese fortalecido, como si cada contacto íntimo entre nosotras alimentase algo más grande.

Antes de que pueda responder, Althea y Sabina emergen de la cocina, llevando bandejas con lo que parece ser una comida improvisada. Althea se detiene en seco al ver que nos acabamos de separar.

—¿Interrumpimos algo? —pregunta Sabina con una sonrisa traviesa.

—Por mí, podéis seguir —gruñe la Kobold—. No es que no haya estado escuchando los gemidos de Nell toda la puta noche.

—En realidad —suspiro mientras una idea loca comienza a formarse en mi mente—, quizás podéis ayudarme con algo.

Tengo una teoría y necesito saber una cosa: después de haber hecho el amor con Nell, al volver a tener cualquier contacto con ella, aunque sea solo un beso, ¿sentís algo diferente o nada peculiar?

—No pienso darte detalles íntimos, pervertida —bromea Sabina, aunque Althea frunce el ceño y asiente con lentitud.

—Una oleada de poder. Como si mi conexión con el fuego se hubiese intensificado de algún modo —admite.

—Exacto. Acabo de sentir lo mismo ahora.

Sabina deja su bandeja y se acerca a nosotras.

—¿Estás sugiriendo que el vínculo del Quad se hace más fuerte después de hacer el amor?

—Algo así. Solo es una posibilidad, pero creo que una vez que existe una unión más fuerte, cada vez que ocurre algo, aunque sea un simple beso, se genera energía.

—Entonces, ¿cada vez que me acueste con una de vosotras tendremos más poder? —interrumpe Nell.

—Bueno, bueno, no te pases —me apresuro a explicar, alzando las manos con las palmas abiertas para pedirle calma—.

Mi teoría es que hacer el amor es lo que lo dispara, a partir de ahí, cada interacción que implique contacto íntimo fortalece el vínculo, aunque sea de modo temporal, pero hay muy poco escrito sobre Quads vinculados en los textos antiguos.

Nell nos observa a todas con una mezcla de curiosidad y algo que se parece demasiado al deseo.

—¿Estaríais dispuestas a... experimentar? —pregunta casi con miedo.

De pronto, se hace un silencio tan denso que casi se pueden escuchar los latidos cardiacos.

—¿Qué clase de experimento quieres hacer? Si estás proponiendo algún tipo de sexo las cuatro a la vez, creo que todavía no estoy preparada para esas cosas —gruñe la Kobold.

—No, idiota. Un beso —responde con naturalidad—. A todas. Una por una, claro. Sin celos ni tonterías. Veamos si la conexión es real.

Sabina traga saliva, alternando la mirada entre todas las que estamos en el salón.

—Joder, sí —murmura Althea, acercándose con la confianza típica de los Kobold—. Si hay algún aumento de poder, quiero saberlo.

Sabina simplemente asiente, aunque puedo ver la anticipación brillando en sus ojos verdes.

—Por mí, está bien —admito.

Nell se levanta del sofá con un movimiento algo inseguro, nerviosa, como si no pudiese creer lo que está a punto de ocurrir. Se acerca primero a Althea.

Cuando sus labios se encuentran, puedo ver el momento exacto en que la chispa se enciende. Althea profundiza el beso de inmediato, enredando una de sus manos en la melena rubia de Nell mientras la otra aprieta sus nalgas, atrayéndola contra su cuerpo.

El aire a nuestro alrededor comienza a calentarse. Literalmente. Puedo sentir cómo la temperatura sube un par de grados, y pequeñas chispas bailan entre los dedos de la Kobold.

—Joder —masculla Althea cuando se separan—. Eso fue...

—Intenso —completa Nell, tocándose los labios con la punta de los dedos.

A continuación, es el turno de Sabina. Coloca las manos en la cintura de Nell con una delicadeza que contrasta con la pasión de la Kobold.

Es un beso muy diferente, pero se ve a la legua que Nell lo disfruta de igual modo. Más lento, como la marea acariciando la orilla. Aunque no menos poderoso, a juzgar por los gemidos que se escapan de sus bocas.

—Creo que sí. Hay aumento. El poder está ahí —confirma con voz ligeramente ronca—. Definitivamente está ahí.

Nell se gira hacia mí, y en sus ojos veo un deseo que consigue que mi respiración se detenga.

—Creo que te toca —susurra, cogiendo mis manos entre las suyas antes de besarme.

El beso es muy diferente al que compartimos en el sofá hace unos minutos. Al sentir su lengua recorrer el contorno de mis labios, casi puedo notar cómo la magia de la tierra responde, despertándose en cada fibra de mi ser.

Las plantas alrededor del apartamento comienzan a crecer. Brotan nuevas hojas, algunas flores se abren, las enredaderas se extienden. Es como si toda la vida vegetal en un radio de varios metros estuviese respondiendo a nuestro beso.

Nos separamos lentamente y permanezco con mi frente apoyada sobre la suya.

—Acercaos y dadme la mano —ordeno, mi voz apenas un susurro—. Todas juntas.

Formamos un círculo y comienzo a sentir el poder de cada una de ellas: el feroz calor de Althea, la fluidez cambiante de Sabina, la energía libre e impredecible de Nell.

El poder comienza como un zumbido suave, casi imperceptible.

Pero se intensifica con rapidez, creciendo hasta convertirse en una especie de corriente eléctrica que fluye entre las cuatro.

Mi conexión con la tierra se amplifica, haciéndome consciente de cada raíz, de cada semilla, de cada organismo vivo en un radio de varias manzanas.

A través del vínculo, puedo sentir cómo Althea se conecta con cada llama, cada chispa, cada fuente de calor.

Sabina se extiende hacia cada gota de agua, cada corriente, cada nube en el cielo.

Y Nell... Nell toca cada molécula de aire, cada brisa, cada presión atmosférica en lo que parece ser toda la jodida ciudad.

—Puf —susurra Althea—. ¿Qué acaba de ocurrir?

—Creo —respondo, mi voz casi temblando—, que acabamos de activar oficialmente el vínculo del Quad.