Oscuro destino (Pactos oscuros 1) Capítulo 12 ElenaJavier
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Capítulo 12 ElenaJavier

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E l ruido del motor se desvanece en la distancia mientras camino de regreso a la cabaña que uso como refugio.

Las estrellas resplandecen débilmente en el cielo sobre la selva, apenas visibles a través del dosel de árboles.

La noche se siente pesada, cargada de una tensión que no puedo sacudirme.

No es la primera vez que siento esta presión en el pecho, pero lo que de verdad me preocupa es por qué se ha vuelto tan constante en los últimos días.

‹‹Elena››. Su nombre aparece en mi mente como una intrusión, una que no puedo ignorar.

He visto a muchos médicos en mi vida, pero ninguno como ella.

La manera en que manejó la situación hoy, con el león y luego con el joven herido, fue algo que no esperaba.

Había subestimado su habilidad, y ahora me golpea como un puño en el estómago.

‹‹Frágil››, eso llegué a pensar de ella.

Enviada aquí como castigo por romper las normas.

Si eso me dejó impresionado, verla hoy salvar a ese niño tras enfrentar a un puto león.

¡Cojones! Si hasta a mí me temblaban las piernas…

Está claro que no la conozco tanto como pensaba que lo hacía.

Recuerdo cada corte preciso, sin dudar, cada decisión que ha tomado a toda velocidad y bajo presión…

Me ha recordado a mí en las misiones, cuando cada segundo cuenta y cualquier error puede costar una vida.

La selva a mi alrededor cobra vida con los sonidos de la noche.

Insectos, aves nocturnas, y el ocasional crujido de ramas bajo las pisadas de algún animal.

Este lugar nunca está en silencio, y es algo que he aprendido a apreciar.

El ruido es un recordatorio de que siempre hay algo acechando en las sombras, algo que puede saltar en cualquier momento.

Mientras me acerco a la cabaña, veo la luz de una hoguera encendida cerca.

El brillo del fuego proyecta sombras alargadas sobre los rostros de mis hombres, que están sentados alrededor de las llamas, compartiendo lo que queda del día.

No puedo evitar sentir una extraña sensación de familiaridad al verlos así, un sentimiento de pertenencia que no siempre me permito reconocer.

—Capitán, por aquí —me llama Morales, levantando una mano en señal de saludo mientras me acerco.

Asiento en silencio y tomo asiento en un tronco al lado del fuego.

El calor de las llamas es bienvenido, a pesar de que el aire tropical ya es sofocante.

La hoguera chisporrotea con el crepitar de la leña, y el humo asciende en espirales, mezclándose con el olor terroso de la selva.

Enciendo un cigarrillo, aspirando el humo mientras intento ordenar mis pensamientos.

No debería estar pensando en ella de esta manera.

No puedo permitirme el lujo de distraerme.

Pero aquí estoy, imaginando su expresión concentrada, el temblor en sus manos que intentó ocultar después de la cirugía…

—Capitán, ¿todo bien? —La voz de Benítez me saca de mis pensamientos. Lo observo mientras afila su navaja contra una roca, el sonido es familiar. Eso me tranquiliza y de alguna manera me perturba.

—Sí, todo bien —respondo, apagando el cigarrillo y dejando que caiga al suelo—. ¿Alguna novedad?

Benítez se encoge de hombros.

—Nada por ahora, pero sabes cómo es esto. La calma antes de la tormenta.

Asiento en silencio, sabiendo que tiene razón.

Las cosas han estado demasiado tranquilas desde la misión en la base de la guerrilla.

Demasiado silenciosas. No puedo evitar sentir que algo grande está en marcha, algo que no hemos visto venir.

Los documentos que encontramos en la base apuntaban a una operación mayor, y eso me preocupa.

No solo por mí o por mis hombres, sino también por el hospital. Y por Elena.

—¿Qué tal la doctora? —pregunta Morales de repente, rompiendo el silencio.

Lo miro de reojo, pero su expresión es neutral, como si de verdad estuviera interesado en mi opinión.

—Es buena en lo que hace —respondo, tratando de mantener mi tono neutral también—. Muy buena, de hecho.

—No esperaba que dijeras eso —admite, Sight esbozando una suave sonrisa—. Pero después de hoy, tengo que estar de acuerdo. La chica tiene agallas, eso hay que admitirlo. Un león, ¿eh?

Está claro que la noticia ha corrido como la pólvora.

—Un puto león —recalco con una media sonrisa—. Pensé que me iba a convertir en comida para gatos —bromeo.

—¿Y ella? —pregunta Yawara.

—Se ha portado. Teníais que haberla visto recomponiendo a ese crío, en el suelo, sin ayuda, sin medios…

—No se habla de otra cosa, un puto león —repite dando una calada a su cigarrillo.

—¿Y vosotros? —pregunto, cambiando de tema—. ¿Qué opinas de ella?

Benítez se encoge de hombros de nuevo, pero su mirada es más seria ahora.

—Es alguien en quien podemos confiar, eso es lo que importa —afirma y veo que el resto cabecea, conformes.

Sus palabras me sorprenden, pero no las discuto.

En el fondo, sé que tiene razón. Aunque confiar en alguien nunca ha sido mi punto fuerte.

Mis hombres están empezando a verla de manera diferente, a respetarla por lo que es capaz de hacer.

Y eso me incluye a mí. Pero también significa que está entrando más en nuestras vidas, en nuestro mundo.

Y no estoy seguro de cómo manejar esto. Elena era tan solo un recuerdo, una parte de un pasado que me obligaba a no rememorar.

—Manteneos alerta —ordeno—. Algo me dice que esto no ha hecho más que empezar —advierto, para cambiar de tema.

De repente, un ruido sibilante se escucha cerca del fuego.

Todos nos quedamos quietos, alertas, y en un abrir y cerrar de ojos, Benítez se levanta y lanza el cuchillo que estaba afilando en dirección al sonido.

Se clava en el suelo, y un segundo después, la serpiente que había estado deslizándose hacia el calor de la hoguera cae muerta, su cuerpo todavía se retuerce entre espasmos.

—Cena servida, caballeros —dice Sight con una sonrisa, caminando hacia la serpiente para recogerla.

—Qué lujo, ‹‹filet mignon›› para cenar.

Todos estallan en carcajadas, yo también. Sight despelleja a la serpiente con la facilidad de alguien que ha hecho esto muchas veces antes. En este lugar, nada se desperdicia, y una serpiente como esa puede proporcionar una buena comida cuando no hay mucho más disponible.

Mientras los observo trabajar, no puedo evitar recordar el rehén que encontramos en la base de la guerrilla.

La imagen de sus ojos vacíos, el terror mezclado con la resignación, me ha seguido desde entonces.

No era más que un peón, alguien atrapado en un juego que no entendía.

Pero también me recordó que todos nosotros, en algún momento, hemos sido peones de alguien más.

—¿Qué pasó con el tipo de la base? —pregunta Morales, como si hubiera leído mis pensamientos—. El prisionero.

—Lo entregamos a los contactos de Malowe —respondo, sabiendo que eso es todo lo que necesitan saber. No hay necesidad de entrar en detalles.

Los hombres asienten en silencio. Todos sabemos lo que significa ser entregado a Malowe. No hay vuelta atrás. Los secretos que guarda, las operaciones que maneja... todo está envuelto en una nube de incertidumbre y peligro.

Mientras la serpiente se cocina sobre las llamas, el olor de la carne llenando el aire, me siento a la orilla del grupo, mis pensamientos volviendo una y otra vez a lo que está en juego.

Cuando la serpiente está lista, los hombres la reparten en silencio, comiendo directamente con las manos; cada bocado es un recordatorio de lo lejos que estamos de la civilización.

Me despido, Benítez asiente, sabiendo que no necesito decir más.

Entro en la cabaña y cierro la puerta tras de mí.

El espacio es pequeño, apenas lo suficiente para una cama y una mesa, pero es todo lo que necesito.

Dejo mi equipo en la mesa y me siento en el catre, mirando el techo como si pudiera encontrar respuestas en las sombras que se mueven con la luz de la luna.

La pregunta de Elena durante el viaje regresa a mi mente.

¿Qué hago aquí? Quise decirle la verdad, pero las palabras se quedaron atrapadas en mi garganta.

¿Cómo le explicas a alguien que tu vida ha sido una serie de decisiones mal tomadas y que cada paso que das te lleva más lejos de la persona que alguna vez quisiste ser?

No es algo que pueda poner en palabras. No ahora.

Pero hay algo más que me preocupa. Los documentos que encontramos, los nombres, los mapas.

.. Todo apunta a que la guerrilla está planeando algo grande.

Y aunque Malowe me advirtió que no me involucrara demasiado con Elena, sé que no puedo ignorar lo que está pasando.

Si el hospital está en peligro, si ella está en peligro, no voy a quedarme de brazos cruzados.

Me levanto de la cama y camino de un lado a otro, tratando de aclarar mi mente. Necesito enfocarme. Necesito saber qué está pasando y qué papel voy a jugar en todo esto. Mi lealtad siempre ha sido con mis hombres, con la misión. Pero ahora hay algo más, alguien más, que me hace cuestionar todo.

El sonido del teléfono por satélite vibrando en la mesa me detiene en seco. Lo cojo y miro la pantalla. Es un mensaje codificado, una alerta que esperaba y a la vez temía recibir.

‹‹Movimiento confirmado. Operación en marcha. Requiere intervención inmediata››.

Esas palabras son suficientes para hacer que mi pulso se acelere. Esto es lo que hemos estado esperando, lo que temíamos. La guerrilla se está moviendo, y no tenemos tiempo que perder.

Tomo una respiración profunda y suelto el aire despacio, intentando calmarme. Esto es lo que hago, lo que siempre he hecho. Pero esta vez, el peso de la responsabilidad se siente más pesado. No solo por mis hombres, sino también por lo que podría estar en juego para el hospital, para Elena.

No hay tiempo para dudas. Agarro mi equipo y salgo de la cabaña, la adrenalina ya ha empezado a correr por mis venas. Reúno a mis hombres en silencio, sus rostros serios mientras les explico la situación. Todos saben lo que está en juego, y no necesito decir más.

Mientras nos preparamos para partir, no puedo evitar mirar hacia el hospital a lo lejos, las luces aún encendidas en la distancia. No sé qué va a pasar después de esto, pero una cosa es segura: nada volverá a ser igual.

Nos subimos a la camioneta sin decir nada más y mientras el motor ruge de nuevo a la vida, me preparo para lo que venga. No hay margen de error esta vez. Y aunque no lo diga en voz alta, sé que hay una persona en particular a la que no quiero fallar.

El camino se extiende ante nosotros, oscuro y lleno de peligros que aún no podemos ver. A pesar de todo, avanzo con una determinación renovada, sabiendo que no importa lo que venga, siempre estoy listo para enfrentarlo.