Oscuro destino (Pactos oscuros 1) Capítulo 9 Más oscuro, más peligrosoElena
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Capítulo 9 Más oscuro, más peligrosoElena

Elen a

¡ Como echo de menos el aire acondicionado!

El calor es sofocante incluso dentro del hospital, donde el aire parece no moverse a pesar del gran ventilador que gira en el techo.

He pasado la mayor parte del día atendiendo a pacientes en la sala de pediatría, donde Juma sigue luchando por recuperarse.

Cada vez que reviso sus signos vitales, me invade una mezcla de esperanza y miedo.

Es un niño fuerte, pero las condiciones aquí son implacables, y cada pequeña mejora se siente como un triunfo.

Después de varias horas, me siento en la oficina para intentar poner en orden los expedientes y prepararme para el día siguiente.

Mi mente sigue trabajando a un ritmo frenético, y el cansancio se cierne sobre mí como una sombra persistente.

Justo cuando empiezo a revisar los registros, un golpe en la puerta me saca de mi concentración.

—Adelante —digo, sin apartar la vista de los papeles.

La puerta se abre y me encuentro con el director Malowe, creo que no hemos hablado apenas desde que llegué.

A pesar de su edad, escrita en las profundas arrugas de su cara, tiene una presencia que se siente imponente.

Alto, con el cabello entrecano y una sonrisa triste que nunca ilumina sus oscuros ojos.

Bajo la bata va siempre de traje, como si la elegancia fuese una especie de armadura contra la dureza de la vida aquí.

—Doctora Vals —dice con una voz suave pero firme, cerrando la puerta tras de sí.

—Director Malowe —respondo—. ¿En qué puedo ayudarlo?

Él se sienta en la silla frente a mi escritorio, y durante un momento, me observa en silencio, como si estuviera evaluando cada detalle de mi apariencia, cada gesto que hago.

—Quería ver cómo se está adaptando a nuestro pequeño rincón del mundo —revela, con una sonrisa que me parece más ensayada que sincera—. He oído cosas buenas de usted desde que llegó. Grace y el resto del personal están impresionados con su dedicación.

—Gracias —respondo, manteniendo mi tono profesional—. Estoy haciendo lo mejor que puedo dadas las circunstancias.

—Eso es todo lo que podemos pedir aquí, ¿no es así? —Malowe se recuesta en la silla, entrelazando los dedos—. Hacer lo mejor con lo que tenemos.

Hay algo en su tono, en la manera en que pronuncia esas palabras, que me pone en guardia. No es solo lo que dice sino cómo lo dice, como si hubiera un significado oculto detrás de cada frase.

—Quería hablarle sobre algunos de los casos recientes —continúa, inclinándose ligeramente hacia adelante—.

He notado que ha estado trabajando mucho con los niños de la comunidad.

Eso es admirable, pero también quiero recordarle que debemos ser estratégicos con los recursos que tenemos.

No siempre podemos permitirnos tratar cada caso como una emergencia.

Sus palabras me golpean con fuerza, pero me esfuerzo por mantener mi compostura.

—Entiendo la importancia de los recursos, doctor Malowe, pero también creo que cada vida que salvamos aquí es crucial, sobre todo cuando se trata de niños —respondo, tratando de medir mi tono.

Él asiente, aunque su sonrisa no desaparece.

—Por supuesto, doctora. Solo le pido que tenga en cuenta el panorama general. Este hospital no es solo un lugar para salvar vidas, es también una pieza en un tablero de ajedrez mucho más grande. Debemos ser conscientes de cómo utilizamos nuestros recursos y a quiénes ayudamos.

—¿A quiénes ayudamos? —repito, sin poder evitar que la incredulidad se asome en mi voz.

Malowe me mira con una expresión que no logro descifrar del todo.

—Este no es un lugar fácil, Elena —dice, dejando caer la formalidad de mi apellido, lo que me descoloca aún más—. Las decisiones que tomamos aquí tienen repercusiones que van más allá de estas paredes. Hay... intereses en juego, y debemos ser cuidadosos en cómo nos manejamos.

Mis pensamientos se arremolinan, tratando de darle sentido a lo que está insinuando. ¿A qué intereses se refiere? ¿Qué tipo de decisiones podrían tener tales repercusiones? Aunque antes de que pueda formular una pregunta coherente, Malowe cambia de tema de manera abrupta.

—Por cierto, he oído que el capitán Lara ha estado viniendo a verla para tratar una herida. Es un hombre interesante, ¿no le parece? —pregunta, su tono casi casual, pero sus ojos me observan con atención.

El repentino cambio de dirección me deja sin palabras durante un segundo. Asiento despacio, sin saber qué responder.

—Sí, vino hace un par de días. Solo una herida menor —respondo, intentando sonar indiferente.

—Espero que no se involucre demasiado con él, doctora —dice Malowe, su tono aún suave, pero ahora con un filo que no puedo ignorar—. Javier es... útil, pero su mundo es peligroso. Aquí, es mejor mantener cierta distancia con personas como él.

La advertencia queda flotando en el aire entre nosotros, una advertencia que no sé si es un consejo o una amenaza velada. Malowe me observa durante un momento más, como si estuviera esperando ver cómo reacciono.

—Le agradezco el consejo, director —respondo, manteniendo mi expresión neutral.

Malowe asiente y se levanta sin prisa, como si su trabajo aquí estuviera hecho.

—Solo quiero lo mejor para usted, Elena. Y para el hospital, por supuesto —afirma, con esa sonrisa que no llega a sus ojos—. Si alguna vez necesita algo, no dude en venir a verme. Sea lo que sea —añade.

Antes de que pueda encontrar un significado a esas palabras, se gira y sale de la oficina, dejándome con una sensación de inquietud que no puedo sacudirme.

Me quedo mirando la puerta cerrada, tratando de procesar lo que acaba de suceder.

Hay algo en Malowe, en la forma en que habla y se comporta, que me hace sentir que no puedo confiar en él.

Sus palabras sobre Javier, su insistencia en los ‹‹intereses›› que debemos proteger, todo sugiere que hay más en juego aquí de lo que imaginaba.

Me levanto de la silla y comienzo a caminar por la oficina, intentando calmar los pensamientos que me invaden.

¿Qué es lo que Malowe quiere en verdad? ¿Qué papel juega en todo esto?

Y, lo más importante, ¿qué se supone que debo hacer ahora?

¿Irme? No sé por qué algo me dice dentro que mi presencia no le agrada.

El ruido del hospital continúa a mi alrededor, pero todo parece distante, como si estuviera aislada en una burbuja de confusión y sospecha.

Me obligo a concentrarme, a centrarme en lo que de verdad importa: los pacientes, las vidas que están en mis manos.

Pero la sombra de Malowe y sus palabras sigue acechándome, una presencia incómoda que sé que no se desvanecerá con facilidad.

Mientras regreso a mi escritorio, no puedo evitar sentir que el hospital, que ya era un lugar difícil, ahora se siente más oscuro, más peligroso.

Y en medio de todo, está Javier, un hombre que parece estar atrapado entre dos mundos, un hombre que Malowe considera una amenaza. Pero ¿una amenaza para quién?

La pregunta sigue sin respuesta mientras me obligo a volver a los expedientes, pero sé que no podré ignorarla por mucho tiempo. Algo se está gestando en este lugar, algo que no puedo ver con claridad, pero que amenaza con arrastrarme, quiera o no.