Santiago
El cuerpo del hombre nos sirve de almohada mientras intentamos recuperar el aliento después de esta maratón salvaje y sangrienta que acabamos de tener.
Tenemos sangre hasta en las pestañas y todavía nos tenemos que encargar de Ignacio, pero ya solo necesito descansar; mis ojos se niegan a abrirse, mi cuerpo no reacciona así que me dejo llevar por Morfeo.
–¡Santiago, despierta, despierta! –Escucho la voz de Elena y mi cuerpo se tambalea.
Abro los ojos y la encuentro completamente limpia y el cuerpo del hombre ya no está. ¿Qué cojones?
–¿Qué pasa?
–La policía está afuera.
–¿Qué?
–La policía está afuera.
–Ya te escuché… Tú recíbelos mientras me baño y me quito la sangre. No dejes que entren si no tienen una orden.
Asiente y entra en el baño. Imagino que se manchó las manos cuando intentaba despertarme.
Me apresuro en levantarme, quito la sábana y le doy vuelta al colchón. Tengo que bajar al sótano y esconder a Ignacio y no tendré tiempo si tienen una orden para entrar. Me cago en mi puta madre.
Corro al baño ya libre, entro a la ducha con la ropa puesta e intento quitarme la sangre, pero no sale. No tuve que haberme dormido, no me dará tiempo.
Cuando ya he conseguido sacar toda la sangre que consigo ver, la puerta del baño se abre.
–Ya se han ido.
–¿Qué te dijeron? ¿Entraron?
–No tenían una orden. Preguntaron si sabía algo de Ignacio, que su última visita fue a esta casa y que aparecemos en una lista de sospechosos.
La policía tiene la lista, la madre que me parió.
–Tenemos que hacer algo con Ignacio.
–Vale, pero ya está muerto.
–¿Lo mataste?
–Mmmjumm… Mientras dormías…
Tras decirlo, entra en la ducha, mojando toda su ropa, y la abrazo. Se deja llevar por el llanto encima de mi hombro.
–¿Qué vamos a hacer? No puedo estar sin ti… –solloza.
–No lo estarás, te juro que todo irá bien. Ya escuchaste a Gianni, en cualquier caso iremos al centro psiquiátrico y podremos salir en pocos días.
–¿Y si no?
–Y si no, haremos lo que mejor sabemos hacer.
–¿Follar?
–Y matar.