Oscura verdad (Oscuridad 1.5) Elena
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Elena

Hace unos minutos

Subo deprisa a ponerme el antifaz y prepararme para la actuación. Hoy voy a matar, ya basta de que lo haga ella, me toca a mí. Soy yo quien disfruta esto, no ella.

Respiro hondo, me pongo los botines de tacón y subo al ático.

Con la punta de la bota despierto al tipo que sigue bajo la cama. Cuando me ve, pone cara de terror y es entonces cuando me agacho frente a él y le sonrío.

–No estás nada mal, te voy a disfrutar bastante. Le quito la cuerda que tiene cubriéndole la boca.

–No vas a gritar, aquí la única que gritará soy yo mientras me comes el coño, ¿de acuerdo?

Asiente.

Muy bien, ya está entrenado.

–Tú y yo vamos a darle una bonita bienvenida a mi novio, que sepa que estoy de vuelta.

Le ayudo a acomodarse sobre el colchón, me pongo en posición con las piernas abiertas y hace un pequeño movimiento para llegar hasta mí.

–Si me lo comes bien, a lo mejor dejo que tú también te corras.

Asiente, saca la lengua y con la punta roza toda mi abertura.

En el momento en el que comienza a succionar, la puerta se abre y ahí está. Mi hombre, manchado de sangre, mirándome fijamente con odio. Sé que ya ha se ha dado cuenta de que soy yo.

Pone la cara de medio lado y me sonríe, lo que hace que se me escape un gemido y el hombre que tengo pegado a mi centro crea que es por él.

Un poco sí, pero es que esa sonrisa de malo que tiene Santiago me pone a mil.

Se le acerca por detrás al hombre y, cuando este se da cuenta, se sobresalta con pánico.

–Eh, eh, ¿te he dicho que podías parar? –le digo, guiando su cara con mis dos manos de vuelta a mi centro.

Santiago saca su navaja y acerca el mango al culo del tipo. Yo sigo sujetando su cabeza para que no se mueva.

–¿Te gusta el coño de mi mujer? Este asiente y yo sonrío.

–¿Te gusta que te den por el culo?

Vuelve a asentir, lo cuál me sorprende, y vuelvo a sonreír. Le mete el mango completo y este gime sobre mí.

–Si consigues que mi mujer se corra en veinte segundos, te daré duro por atrás.

Se separa de mí y le pregunta:

–¿Y si no?

–Ya veremos, te quedan quince segundos.

Su lengua comienza a moverse rápido sobre mi clítoris. Sabe usarla, eso está claro. Tengo que coger fuerte su cabeza para hacer presión mientras mi pelvis se mueve buscando más. Gimo con la cabeza apoyada en la pared y los ojos en blanco.

Consigue que me corra e introduce su lengua para lamer mis fluidos.

Cuando me recompongo, miro a Santiago y le señalo mi muñeca como diciendo la hora.

–Muy bien, al parecer sabes muy bien cómo complacer a una mujer. Ahora vamos a ver si sabes complacer a un hombre. Date la vuelta.

Se gira y se posiciona ya preparado para comerle la polla a Santiago.

Una vez la tiene dentro, Santi le coge la cabeza con fuerza y comienza a penetrarle la boca, ahogándolo. Yo sonrío, es mi señal.

Cojo la polla del hombre con una mano y la masajeo rápidamente hasta que estalla, manchándome los dedos. Ahora sí se irá feliz y en el infierno se acordará de mí.

Con la mano limpia, saco el mango de la navaja de su culo y la giro. En un abrir y cerrar de ojos, mi cuerpo se llena de sangre.

Su cuerpo es un lienzo destrozado por un ataque artístico, Santiago aún no lo ha soltado; el tipo ya está morado, ahogado.

No se corre en su boca, eso solo lo hace conmigo, así que cuando veo que ya no tiene vida, le hago una señal con la cabeza y lo suelta.

–Te toca, muñequita, abre esa boquita.