Elena
El pánico se apoderó de mí, pero en cuanto vi a Santi a punto de morir mi primera reacción fue lanzarle el cuchillo al hombre, y funcionó.
Ahora estoy aquí, sin saber qué mierda estoy haciendo, dejándome llevar por lo que me pide el cuerpo, y quiero sangre, ansío sentir lo que ella siente siempre con Santi; quiero compartir las mismas experiencias.
Muevo lentamente mis caderas dejando que mis partes se empapen de sangre. Tengo el clítoris hinchado, sediento, necesitado.
Pongo las manos sobre la cara del hombre, tapándolo.
No quiero verlo mientras abuso de él de esta manera.
Cuando siento que ya estoy completamente empapada, me levanto con la ayuda de la mano de Santi.
–Necesito que me folles ahora mismo.
–¿Ah, sí? Cuéntame, ¿cómo quieres que te lo haga?
–Quiero lo que le haces a ella.
–Tampoco es tan diferente a lo que hacemos nosotros.
–No me mientas, por favor.
–¿Quieres hacer algo que ella haría?
–Mmmjummm… –El sonido escapa de mi garganta mientras muevo mis piernas para sentir el roce. Necesito hacer algo ya para calmar el deseo.
–Siéntate en su cara, vas a correrte sobre él mientras te follo la boca.
–¿Qué? –A lo mejor me arrepiento de haber pedido esto, pero no hay vuelta atrás.
Caigo pegando mis rodillas al suelo, acomodándome sobre la cara del hombre. Decido usar su nariz para masturbarme. Vuelvo a mover las caderas y la sensación es agradable. En un segundo, ya siento el escalofrío en todo el cuerpo.
Santiago se acerca, abre sus piernas alrededor del cuerpo del tipo y sacando su miembro del pantalón me coge del cabello y me acerca a él.
Con la lengua limpio el líquido preseminal que se acumula en la punta. Sabe delicioso, soy adicta a tragarme cada gota de este hombre.
–Aguanta, te voy a follar como una buena puta.
Abro más la boca. Empuja con la cadera, cogiéndome la cabeza con ambas manos para no moverme y, en un solo movimiento, la mete hasta el fondo. Siento una leve arcada, e intento respirar para poder disfrutarlo.
Empuja cada vez más duro y yo aprovecho la excitación para continuar moviendo mis caderas sobre la nariz del tipo.
La sensación es indescriptible: el placer corre por mis venas, no puedo parar. Cada vez aprieto más sobre la cara para sentir la presión. Cada vez me muevo más torpe gimiendo sobre la polla de Santi, quien me ahoga cada vez más hasta que nos dejamos llevar.
–Eso es, buena chica, trágatelo todo.
Con ojos llorosos, trago y subo la cabeza para mirarlo a los ojos. Pero, sin quererlo, se me escapa una gota de semen por la comisura del labio. Él se da cuenta y gira la cara frunciendo el ceño.
–Abre la boca.
–¿Qué? Pero si acabas de correrte.
–No me hagas repetirlo. Abre la boca, vas a volver a recibirme, a ver si esta vez te lo tragas todo.
No me he movido del lugar desde que me corrí.
La cara del tipo debe estar empapada, no he querido ni mirar para no entrar en pánico.
Vuelvo a abrir y de nuevo me coge el cabello con ambas manos y la mete hasta tocarme la campanilla.
Cuando tomo la decisión de que yo también quiero volver a correrme, siento algo que me roza el clítoris, algo caliente.
Por un momento creo que es mi excitación pero lo vuelvo a sentir, cada vez más. Es aire.
No puedo apartarme porque Santiago no para de follarme la boca. Intento pararlo pero me quita la mano.
–No voy a parar. Comienza a moverte, quiero que te corras conmigo.
Sigo insistiendo con la mano. Hago el intento fallido de empujarlo, le doy toquecitos en la pierna y con los ojos busco advertirlo pero no hace caso: el tipo que tengo abajo está vivo y me está respirando en el coño.
Recuerdo la navaja. Perfecto. Con una mano toqueteo el pantalón de Santi hasta conseguir su bolsillo y saco el objeto.
–¡Ah! Es que no te conformas con ahogarte, quieres más.
Sigo recibiéndolo y, aterrorizada mientras intento no ahogarme ni vomitar por lo profundo que me la está metiendo, llevo la navaja abajo. Sin poder ver lo que hago, la cojo con ambas manos y apuñalo el pecho del tipo lo más fuerte que puedo, una y otra y otra vez.
–No me jodas, voy a correrme, ahhh…
Vuelvo a recibir su semen y esta vez sí lo trago todo.
–¿Acabas de apuñalarlo mientras me comías la polla?
–pregunta cerrándose el pantalón.
–Estaba vivo, sentí su respiración.
–¿Por qué no me lo dijiste?
–Ah, no lo sé, ¿será porque me estabas atragantando?
Se ríe y me da un beso rápido antes de pararse a examinar al hombre, que parece un colador.
–¿Puedes poner uno de sus ojos en un muñeco? Quiero tener el recuerdo del primer hombre que he matado en mi vida.
–Bueno, técnicamente, no es el primer…
–Shhh… –Pongo mi dedo en su boca para que no siga hablando. Elijo vivir mi propia realidad.
Me aparta el dedo, sonriendo de medio lado.
–Si quieres, ve arriba, yo me haré cargo de limpiar.