Oscura verdad (Oscuridad 1.5) Elena
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Elena

Actualidad

–Se te abre de piernas y ya aceptas. Eres un fácil…

–Amor, sabes que no puedo resistirme a esto –admito, rozándole el coño sobre el pantalón.

–¿Cuántas personas van?

–Dos…

–No me mientas.

–Doce.

–¿Doce hombres muertos en este lugar? Tienes que estar de coña.

–No, la verdad es que no, y hemos tenido muy buen sexo. No sé cómo no has quedado embarazada. Me has exprimido pero bien…

–Santiago, cállate, no estás ayudando.

Salgo del ático dejándolo atrás; necesito pensar. Bajo las escaleras y me dirijo a mi habitación pero, antes de abrir la puerta, veo una sombra que pasa rápidamente a mi derecha.

¿Qué cojones? Mi cuerpo se pone en alerta, no puedo soltar el mango de la puerta, no consigo moverme ni decir nada. Hay alguien dentro de la casa y es imposible que sea Santiago; estaba conmigo arriba.

Respiro profundo y logro controlar el pánico. Camino despacio sin hacer mucho ruido hasta las escaleras para volver a subir y buscar a Santi.

Cuando toco el primer escalón, subo a toda prisa, sin poder apenas respirar, y me encuentro el lugar completamente vacío, sin rastro de mi novio.

–¿Santiago? ¿Dónde mierda estás?

No pienso volver a bajar ni muerta, y la única opción que tengo es pasar al ático. Cierro la puerta y acerco la pequeña mesa para impedir que nadie pueda entrar.

Me siento en el borde de la cama y espero. Pero algo me toca el tobillo y suelto un grito, corriendo hacia la puerta con los ojos cerrados.

–¿Amor? –Tocan la puerta del ático, eso quiere decir que quien esté abajo de la cama no es él.

Me apresuro a apartar la mesa y al abrir lo encuentro allí frente a mí.

–Hay alguien bajo la cama –susurro cerca de su oreja.

–De nuevo, lo siento por no habértelo contado, pero es la doceava persona.

La madre que los parió.

–¿Sigue vivo?

–Sí, porque cuando conseguimos traerlo, Elena sintió que estaba yéndose así que la ayudé a dejarlo abajo de la cama antes de que tú llegaras. Pero yo juraba que ella ya te había contado todo esto, lo siento.

–Si vamos a tener una jodida relación de tres, yo necesito comunicación. Casi me da un infarto del susto que me pegué.

–Tienes toda la razón. Y hablando de comunicación...–Solo de ver su cara sé que no va a gustarme lo que dirá–. Este doceavo venía doble y su hermano anda perdido en alguna parte de la casa.

–En serio, la madre que os parió…

Salgo a toda prisa con Santiago siguiéndome los pasos. Bajo a la cocina en busca de algún cuchillo que pueda servir para defenderme en caso de que me encuentre con el intruso de cara.

–Tú tienes la navaja. –No le ofrezco ningún cuchillo. Nos miramos, entendiendo nuestro silencio, y comenzamos a buscar por la casa.

Intentando no emitir ningún ruido, comenzamos a caminar a lo largo del salón. Es entonces cuando la puerta del sótano cruje. La han abierto.

Santi corre a toda prisa, baja los escalones y se encuentra con él de frente. Consigo verlo de pie en el medio del lugar.

Nos quedamos todos paralizados sin saber qué hacer hasta que el hombre comienza a lanzarnos todo lo que ve en medio.