Oscura verdad (Oscuridad 1.5) Elena
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Elena

No lo pienso dos veces, no por miedo, joder, claro que no le temo a este hombre. Le sigo el juego por morbo, nunca había actuado como hoy y esto me tiene en mi máximo nivel de excitación. Podría parar todo y dejar que me atrape, que haga lo que quiera conmigo, pero no, vamos a jugar un poco.

Subo los escalones hasta el salón y lo escucho formular la cuenta atrás.

¿A dónde mierdas voy? Podría ir al estudio o a la cocina.

No, a algún lugar lejano donde le cueste encontrarme.

Subo las segundas escaleras que dan a las habitaciones, las abro todas hasta que doy con una que tiene otra puerta dentro. Creyendo que es el baño la abro, pero me encuentro con otras escaleras.

Joder, qué puto miedo, esto parece una película de terror.

Son las típicas escaleras que nadie debería subir porque sabes que vas a encontrar algo arriba, pero esto no es una película de miedo así que las subo sin pensarlo mucho.

Cuando llego arriba, me encuentro con un ático. Claro, eso que se veía desde fuera que me daba tanta curiosidad.

Me quedo unos segundos en silencio intentando escuchar sus pasos para saber si está cerca y también observándolo todo a mi alrededor.

Hay una cama en este lugar. ¿Por qué hay una cama?

¿Quién con dos dedos de frente dormiría en un lugar como este? Bajo la cama hay unos barrotes, ¿una jaula?.

En la esquina derecha hay un bote sin ningún líquido dentro, justo al lado de una pequeña mesilla de noche. No sé qué habrá en los cajones, solo puedo detallar una cuerda sobre esta.

El lugar está limpio, como si alguien lo hubiese utilizado hace poco tiempo. Cuando voy a continuar con mi inspección, me doy cuenta de que ya me ha atrapado. Está pisándome los talones, pero no me da tiempo a darme la vuelta antes de escucharle.

–Te encontré –susurra en mi oído–. ¿Por qué no gritas de miedo?

–¿Habías visto este espacio antes?

–Sí… No te lo contó ¿verdad?

–¿Quién?

–Elena.

–La madre que la parió… No me ha mencionado nada de esto, ¿puedes explicármelo tú?

–Vale, pero, por favor, no te pongas histérica.

–Aja… Suéltalo.

–Pues resulta que me pidió tener un espacio para desarrollar su «creatividad».

–¿Su creatividad? ¿Follan mientras se ahorca con la cuerda o cómo va la cosa?

–Lo hicimos una vez, sí, estuvo bien. Creo que deberíamos repetirlo. ¿Quieres probarlo?

–Santiago, concéntrate…

–Vale… Cuando digo creatividad, me refiero a que sigues matando hombres.

–¿Perdona?

–Sigues matando homb…

–Ya te escuché –le interrumpo–, no soy imbécil, pero no lo entiendo, ¿a quién cojones está matando si ya no tenemos un ex novio vivo?

–Bueno, ahí viene la parte interesante…