Elena
5 meses antes de la boda
Hace una semana que nos mudamos a esta enorme casa en la que aún no me siento cómoda. Es perfecta, hermosa, pero también absurdamente enorme.
Hemos follado en cada espacio que vamos descubriendo pero aún queda uno, al menos de los que conozco.
Hace una semana trajeron todo el equipo para que pueda trabajar desde casa.
Ese siempre ha sido su sueño, poder estar aquí, presente, cuando nazcan nuestros futuros hijos.
Él ya tiene un plan de vida conmigo y yo aún estoy intentando descubrir dónde está el jodido baño de invitados en este lugar para no quedar de imbécil cuando reciba visitas. Pero eso será para otro momento.
Bajo dos escalones intentando hacer el menor ruido posible.
Me encanta verlo trabajar desde acá, a través de los barrotes. Me acomodo y me preparo para el espectáculo. He llegado justo a tiempo.
Ya ha tomado los apuntes para documentar todo acerca del cuerpo que tiene acostado en la mesa.
Comienza haciendo un corte desde el hombro derecho que baja hasta el pecho, luego sigue desde el otro hombro formando una Y que se une en el esternón y continúa hasta el abdomen.
Este es uno de mis momentos favoritos, cuando el cuerpo de esa persona ya está completamente abierto.
Verlo cómo hace todo con tanta delicadeza, con tanta técnica.
No aguanto más, abro un poco las piernas y mi mano derecha se desliza por mis bragas. Acerco el dedo del medio a ese bulto palpitante y lo masajeo haciendo pequeños círculos ejerciendo un poco de presión, disfrutando la sensación mientras lo veo trabajar.
Intento controlar mi respiración cuando la excitación aumenta.
Estoy empapada, voy a dejar los escalones hechos un cuadro pero no puedo parar, tan solo de imaginar cómo infringe esas heridas en mi cuerpo mientras me penetra…
Nunca lo ha hecho pero me encantaría, es esa fantasía que nunca me ha querido cumplir.
Cuando estoy a punto de correrme, escucho pasos. Antes de poder sacar la mano de donde la tenía, abro los ojos y allí está, frente a mí, con el cúter en la mano, mirando directamente hacia mi centro con cara de sorpresa.
–¿Me podrías explicar por qué estás masturbándote viéndome trabajar sin yo saberlo?
–Yo… yo… eh… yo…
–Tú, nada. Camina –me dice señalando las escaleras que están a su espalda.
En cuanto llego abajo, me coge por sorpresa llevándome a su hombro.
Da unos pasos, deja el cúter en la mesa más cercana y me lleva hasta la otra cama que está libre.
–La próxima vez que se te ocurra tocarte en mi puta cara sin yo saberlo van a haber consecuencias.
–¿Qué tipo de consecuencias?
–No quieres descubrirlas, Elena, créeme que no. Ahora, continúa donde lo dejaste, yo tengo que trabajar.
Hago lo que me ordena sin rechistar. Si antes estaba empapada ahora creo que estoy desbordada con esa actitud. Me encanta cuando se pone en plan malote.
Vuelve a acercarse al cuerpo y comienza a hacerle una incisión en el cuero cabelludo. Va a coger la sierra, es mi parte favorita.
Apenas la enciende mis dedos comienzan a moverse cada vez más rápido.
–¿Te pone que use la sierra? –Me observa de lejos y puedo notar el bulto en sus pantalones. Le gusta lo que ve, claro que le gusta.
–Ábrelo más, ábrelo para mí –pido entre gemidos.
–Yo tengo algo mejor para ti pero vas a tener que esperar, aguanta un poco.
–Necesito correrme, Santi, no puedo más.
–Claro que puedes y claro que lo harás. Valdrá la pena, te lo prometo.
–¿Habrá sangre?
–Si es lo que quieres, quién soy yo para negarme.
Se me escapa un gemido. No creo poder aguantar pero dejo de tocarme y respiro hondo.
Unas horas más tarde, tras haber olvidado el episodio de no poder tener ese orgasmo que mi cuerpo necesitaba, aquí estoy, terminando de hornear unas galletas para merendar algo.
Últimamente tengo muchos antojos, entre ellos el chocolate.
Siempre he sido de sabores amargos pero llevo un par de días implorando dulce; mientras más empalagoso, mejor.
–Mmmmm, huele de muerte –dice Santi anunciando que ya terminó su jornada por hoy.
–Nunca mejor dicho, ¿te imaginas hacer galletas con restos de las personas que tienes ahí abajo y luego dárselas de comer a los que me apetezca matar? Sería alucinante.
–Definitivamente sería espectacular. Me lo apunto y lo tendré en cuenta. Ya te buscaré la receta pero ahora mismo, si puedes y quieres, acompáñame de nuevo abajo, ¿sí?
–¿No has terminado?
–Sí, pero sabes lo mucho que me encanta sorprenderte y quiero mostrarte algo que creo que te gustará mucho.
Saco la bandeja del horno, me apresuro a quitarme el delantal y le sigo.
Cuando llegamos al sótano, veo una de las mesas ocupada con otro cuerpo que no estaba antes. Entiendo que lo tenía guardado en una de las cámaras.
–¿Lo reconoces?
Me acerco un poco más e intento descifrar quién es pero no hay nada que pueda darme alguna pista.
–Ehhh, no, ni puta idea, ¿quién es?
–Miguel
–¿Qué? ¿Cómo que Miguel? Imposible.
–Es posible y es real, aquí lo tienes.
Lo estudio aún con más detenimiento pero el cuerpo no tiene ningún rastro del chico que alguna vez fue.
–¿Por qué lo tienes aún?
–Porque la policía estaba demasiado activa. El gilipollas al que le pasaron tu caso se las quiso dar de inteligente y me estaba tocando las pelotas, así que decidí no deshacerme del cuerpo durante un tiempo hasta que todo se calmara un poco.
–Entonces, ¿puedo deshacerme yo de él?
–Todo tuyo.
–¿Todo mío de verdad? ¿Puedo hacer lo que quiera?
–Repito, todo tuyo…
–Dame la sierra ya mismo.