Chapter 32
Se inclina un poco más hacia mí hasta que puedo sentir su aliento cálido acariciar mi piel.
—Elena, te amo —susurra con voz rasposa.
La verdad en sus ojos es tan palpable que no puedo evitar acercarme un poco más, con una fuerza invisible que nos une.
Su mano, cálida y firme, se desliza suavemente por mi brazo, dejando una estela de fuego a su paso.
Mis sentidos se agudizan, y el mundo exterior se desvanece.
Solo existimos nosotros dos, atrapados en este momento.
—Siempre te he amado —continúa, su voz más suave, casi un murmullo.
El deseo, ese deseo reprimido, surge en mí como un torrente. La vulnerabilidad en su mirada me hace querer entregarme por completo.
—Santiago... —susurro, sintiendo cómo su nombre se desliza por mis labios.
Su rostro se acerca aún más, y puedo sentir su pulso entrelazarse con el mío.
Cierro los ojos, permitiéndome sentirlo.
Pero la chispa de deseo en su mirada se apaga y es reemplazada por algo oscuro y profundo.
—Lo siento, amor. —Un escalofrío recorre mi espalda.
Antes de que pueda reaccionar, un destello de metal brilla en su mano. La navaja.
Sin darme tiempo a pensar, su mano firme y fría se cierra en torno a mi cuello. La navaja presiona contra mi piel, un recordatorio cruel de que el amor puede transformarse en algo aterrador en un abrir y cerrar de ojos.
—No quería llegar a esto, pero tengo que hacerte recordar como sea.
Mi corazón se detiene. La vulnerabilidad que sentía se transforma en terror.
—Por favor, no... —imploro.
—Es por tu propio bien, tú solo déjate llevar.
Siento el aire escapar de mis pulmones mientras su agarre se afianza.
La navaja presiona con más fuerza contra mi piel y un dolor punzante me llena el cuerpo entero.
Llevo mi mano al cuello y siento que me voy a desmayar.
Todo se nubla, escucho su voz a lo lejos, siento la navaja bajando por mi cuerpo, rozándome sin hacerme daño.
Lo miro sin poder mediar palabra, le pongo las manos en el cuello y siento su otra mano cuando me comienza a tocar.
Me masturba con la navaja mientras me ahorca. Gimo de placer, mis piernas tiemblan necesitando su cuerpo.
—Todo lo que he hecho, lo he hecho por ti —En su voz suena un eco de locura que me aterra.
Aleja la navaja de mí y en un simple movimiento ya me tiene sobre él, contra la pared, mis piernas envolviéndolo. Con una mano se desabrocha el pantalón y saca su miembro. Necesito a este hombre, lo necesito.
Sin dudarlo un segundo me aparta las bragas, me embiste con fuerza, y yo grito. Aprieta la mandíbula y comienza a besarme de una manera muy poco romántica, devorándome.
Siento mis piernas temblar a su alrededor, cómo sus embestidas están logrando que me corra, cómo sus besos me generan todo lo que estoy sintiendo en el corazón.
Siento el orgasmo invadir cada parte de mi cuerpo y en ese momento, me golpea un fuerte dolor de cabeza, comienzo a ver borroso, estoy a punto de desmayarme.
Y entonces, llega la oscuridad...