Chapter 28
Elena
Sin embargo, todo se acaba de ir a la mierda con tan solo un mensaje.
No sabía si decírtelo.
Seguido de una foto con una chica rubia sentada a horcajadas en sus piernas, besándose.
Mis manos no dejan de temblar. Intento convencerme de que es mentira, que seguro hay alguna explicación, que debe ser algún tipo de error. Pero la foto está ahí, tan clara como el día, como una prueba irrefutable. Un nudo de rabia y tristeza se forma en mi garganta, pero trato de tragarlo.
Tres meses de risas, de noches compartidas, de conversaciones interminables, de una felicidad bajo las sábanas que parecía tan real, tan pura. Tres meses en los que pensé que había encontrado finalmente algo genuino.
Mi mente corre a mil por hora buscando cualquier tipo de justificación, pero no encuentro nada que encaje. Quiero escucharle, quiero que me mire a los ojos y me diga que eso no es lo que parece. Porque si no hay una explicación... Necesito escuchar esas palabras.
Llego a su piso y golpeo la puerta con una energía que no consigo controlar. La abre con una sonrisa, pero al ver mi expresión, se desmorona.
—¿Qué pasa? —cuestiona con tono calmado.
Entro sin esperar invitación y cierra la puerta tras de mí.
—Quiero que me expliques algo —le suelto, directa.
—Claro, dime. —Se nota el leve temblor en su voz. Lo conozco demasiado bien para no notarlo.
—Me dijeron que estás viendo a alguien más. —Noto el impacto inmediato en su rostro. Un parpadeo demasiado lento. Una respiración que dura un segundo más de lo necesario.
—¿Quién te dijo eso? —pregunta finalmente, esquivando el contenido de mi acusación.
Clásico.
—No importa quién. Lo que importa es si es verdad.
—Sabes que te quiero. ¿Por qué creerías algo tan ridículo?
¿De quién estamos hablando? Es un malentendido. —Se mueve hacia mí, intentando tomarme de las manos, pero retrocedo un paso.
—No juegues conmigo, Sebastián. Hay fotos.
—¿Fotos? —repite con un leve toque de desesperación
fi ltrándose en su voz.
Finalmente, suspira y cambia de estrategia.
—Escucha, sí, he hablado con otras personas. Pero eso no significa que no te quiera. Son tonterías, conversaciones sin importancia. Tú eres la única que me importa. Lo sabes,
¿no? jamás podría sentir algo por otra cuando tengo la mujer mas hermosa y perfecta a mi lado.
Siento un mareo por la mezcla de emociones.
—No puedes estar hablando en serio, eres un puto mentiroso. —No puedo evitar reírme.
—¡No! No es así. Nunca te mentí, Elena. ¿Acaso te he ocultado algo? Mira, tal vez fui descuidado, pero nunca he dejado de pensar en nosotros. Esas mujeres no significan nada.
—¿Esas? ¿En plural?
Se queda en silencio, sabe que la acaba de cagar pero fuerte.
—Si según tú no significan nada, ¿por qué lo hiciste? —Mi voz se eleva. Me arden los ojos, pero me niego a llorar.
—Por inseguridad, porque tu tienes a ese amiguito tuyo,
¿crees que no me doy cuenta? Santiago está enamorado de ti y seguramente tu también de él. —Se pasa una mano por el cabello, cada vez más desesperado.
Me quedo en silencio procesando sus palabras. Todo me parece una manipulación calculada.
—Eso es injusto. No puedes usar tus inseguridades como excusa para hacerme daño.
—¡No te estoy haciendo daño! Elena, por favor, no tires todo esto por algo que ni siquiera importa, tú sabes lo mucho que te amo —me suplica.
—Esto no es amor, es egoísmo. Y yo merezco algo mucho mejor.
—¿Mejor? ¿Mejor que yo? Nadie va a amarte como yo lo hago, no seas estúpida.
—Si esto es amor, sinceramente prefiero estar sola.