Oscura Mentira (Serie Oscuridad 1) Chapter 24
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Chapter 24

Elena

Presente

A medida que el día empieza a ceder paso a la noche, el barrio se llena de una luz dorada que se filtra entre las callejuelas estrechas.

Las sombras se alargan hasta perderse en los rincones, creando una atmósfera casi mágica.

Este barrio es completamente espectacular y ahora me doy cuenta de cuánto lo echaba de menos.

Paramos en una de las mejores cafeterías de la zona; necesitamos un descanso, un poco de cafeína.

La foto que Laura nos había dado ha vuelto a mi mente….Y la cruz, ese símbolo pintado encima de la foto.

—¿Crees que esos tres eran amigos? —le pregunto a Santiago.

—No lo sé. Lo que está claro es que ninguno era lo que aparentaba.

Algo dentro de mí se enciende. Miro la foto otra vez y me doy cuenta de algo que antes había pasado desapercibido: el fondo. ¿Dónde se ha tomado esa foto? Mi mente empieza a hacer conexiones.

Cojo mi teléfono, abro la aplicación de Gigle tomo una foto, hago un recorte al fondo y lo adjunto.

Ggle encuentra una ubicación.

—Necesito ir aquí.

—¿A dónde?

—A este lugar. Señalo la foto en mi teléfono.

No espero más, tomo mi bolso, salgo de la cafetería y me dirijo hacia el coche sin esperar su aprobación.

Resulta ser al otro lado del barrio, en una zona industrial donde las viejas fábricas se mezclan con los edificios residenciales abandonados. Las calles se van abriendo a medida que nos acercamos, y la mezcla del cemento y el metal envejecido crea una atmósfera gris y pesada.

Santiago aparca frente a una construcción especialmente grande, que parece haber sido un almacén en algún momento, y nos bajamos del coche intentando hacer el menor ruido posible al cerrar las puertas.

Una valla de metal oxidado, casi caída, rodea la edificación.

Las paredes exteriores están cubiertas por una capa de gratis desordenados y manchas de humedad. Es obvio el olvido del lugar.

La foto comienza a cobrar sentido. Mi mirada se fija en el edificio. Algo en el aire, la disposición de los objetos, las formas que se dibujan en las paredes, hace que me surja una sensación extraña, como si lo reconociera pero nunca hubiese estado aquí.

—Esto no me gusta, Elena —murmura Santi—. Lo que sea que esté ocurriendo aquí no tiene buena pinta.

No le respondo. Simplemente, compruebo que la puerta principal está cerrada y camino hacia una de metal oxidado en el lateral derecho. Cruje con un chirrido cuando la empujo.

La sensación de estar usurpando el lugar me recorre la espalda, pero sigo adelante.

El aire cargado de polvo deja una sensación áspera en la garganta con cada inhalación.

Me tapo la boca con la camiseta y avanzo con cautela, observando cada rincón, cada grieta en las paredes.

El suelo cruje bajo mis pies, como si la vieja estructura estuviera viva, reaccionando a nuestra presencia.

Este lugar me da muy mala espina.

En el centro, algo llama mi atención: Un altar improvisado.

—¿Qué cojones? —exclamo sin poder evitarlo.

Está cubierto por una tela deshilachada, que cuyo rojo parece casi negro por el paso del tiempo y el desgaste.

Detrás del altar reposa una cruz enorme.

No está pegada a la pared, por alguna razón la habrán separado.

Al acercarme, puedo ver manchas rojas en ella.

Sinceramente, espero que no sea sangre, que sea parte del espectáculo del Jesús crucificado, pero tomo nota mental para enviar al equipo a hacer pruebas.

—Esto... ¿Qué es? —pregunta Santiago, sin poder esconder su desconcierto.

Mis ojos se desvían, buscando algo que me dé más res-puestas. A mi alrededor, esparcidos por el suelo, hay símbolos trazados con lo que parece ser polvo o tiza, diseminados en un círculo irregular alrededor del altar.

Me agacho para observarlos más de cerca sin tocar nada, pero en cuanto lo hago, siento una presión en el pecho, como si el aire en la habitación se hubiera vuelto más denso, como si los mismos símbolos estuvieran atrapando el oxígeno a mi alrededor.

Los trazos parecen moverse ante mis ojos, pero sé que es solo mi mente. ¿Qué significan y por qué están aquí?

¿Qué está pasando realmente en este lugar?

—Puede que esto tenga que ver con lo que pasó —digo, más para mí misma que para él.

—Mira eso —Señala al techo, donde cuelgan dos gruesas cadenas.

—Santi, no es que sea yo experta en el tema pero estamos ante la escena de un crimen...

Antes de que pueda responder, el golpe seco de la entrada nos sobresalta. En la oscuridad, una silueta se desprende de las sombras y empieza a acortar la distancia entre nosotros.