Oscura Mentira (Serie Oscuridad 1) Chapter 23
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Chapter 23

Elena

Presente

He dado algunos pasos importantes, pero siento que solo he rozado la superficie del iceberg y estoy demasiado lejos de saber qué pasó y dónde están sus cuerpos, si es que están muertos.

Tras horas de reunión con mi jefe para ponerlo al día con la investigación, hemos decidido volver al piso y tomar un descanso.

El sonido del móvil de Santiago me despierta de mis pensamientos. Se levanta de la cama y sale de la habitación mientras acepta la llamada. Cuando vuelve, lo hace más serio que nunca.

—¿Va todo bien?

—Sí, sí, me han llamado por un cuerpo que debo entregar mañana. Hoy vamos a ver a la familia de Sebastián ¿no?

Asiento y me levanto con esfuerzo. Tengo el cuerpo adolorido; si antes no podía descansar, ahora con todo esto mucho menos.

La casa de los Ortega está situada en una de las calles más exclusivas del barrio.

Sebastián nunca estuvo satisfecho con lo que tenía, siempre quería más; más poder, más dinero. Siempre fue así: un hombre insaciable, incapaz de encontrar satisfacción en nada.

Golpeo la puerta y después de unos segundos, una mujer mayor aparece en el umbral.

—¿Sí?

—Buenas, señora Ortega. Somos Elena Santos y Santiago Herrera. Estamos investigando la desaparición de su hijo Sebastián. —Intento sonar lo más profesional posible, aun-que no puedo evitar que el nudo en mi garganta oprima mis palabras.

Nos observa con una mirada vacía. Se la ve destrozada y lo entiendo, su hijo ha desaparecido.

Saca la llave del bolsillo de su pantalón y nos abre, saludándonos amablemente con la cabeza.

Al acceder a la mansión, me sorprende el silencio abismal.

El olor a madera vieja se mezcla con el de perfume caro.

Caminamos hacia el salón, donde nos ofrece asiento mientras le pide a la chica que se encuentra en la esquina que nos traiga algo de beber.

—Como comprenderán, esto no es nada fácil, no saber si tu hijo está vivo o muerto. Pueden preguntar lo que necesiten, solo les pido que lo encuentren. O al menos su cuerpo para poder enterrarlo y despedirme de él.

Se le escapan unas lágrimas que inmediatamente busca secar con un pañuelo que sostiene en su mano derecha.

—¿Qué sabe de sus relaciones personales? —comienzo, tratando de suavizar la tensión—. ¿Había algo fuera de lo normal en su vida?

Nos mira como si se estuviera devanando los sesos para recordar algo importante. Lo normal es que los padres no sepan muchos detalles de la vida personal de sus hijos cuando ya no viven juntos, pero no está demás intentarlo.

—Hubo algo. —Hace una pausa, como si las palabras le costaran—. Mi hijo era... un hombre difícil. No tenía amigos más que sus conocidos del trabajo, sus socios. A veces, me lo llegué a cruzar por el barrio junto a personas extrañas, de mala apariencia.

Eso me hace detenerme; coincide con lo que dijo el dueño del edificio.

—¿Se refiere a alguien en particular? Se encoge de hombros.

—Lo único de lo que estoy segura es que su desaparición no fue un accidente y hay un culpable suelto por ahí mientras yo estoy aquí llorando a mi hijo.

Mi móvil suena, interrumpiendo el momento. Un mensaje de texto, de nuevo.

«Sabemos lo que ha hecho. Estás más cerca de lo que crees»