Oscura Mentira (Serie Oscuridad 1) Chapter 22
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Chapter 22

Elena

Presente

Desayuno en silencio, mi mente sigue intentando armar el rompecabezas. Santiago, a mi lado, tiene la mirada fija en su café. Sé que piensa lo mismo que yo.

Llegó anoche después de trabajar para no dejarme sola en esa casa y conseguí ponerlo al día antes de dormir.

—Hoy tenemos que hablar con los vecinos de Ricardo

—No levanto la mirada mientras trato de ordenar mis pensamientos—. Santi, si no me puedes acompañar hoy, no hay problema, ¿vale? Es mi trabajo, estoy acostumbrada a hacer esto sola, no hace falta que te quedes conmigo.

Asiente sin decir nada, solo me coge ambas manos y les da un suave beso a cada una.

—Sabemos que Ricardo Calderón fue un hijo de puta conmigo, eso está claro, pero no sabemos si lo fue con más personas —le explico mientras vuelve a concentrarse en su taza, pensativo.

Si fuera una persona racional, que claramente no soy, estaría contenta con su desaparición; al menos no dañará a más mujeres, aunque lo que debería estar es preso.

Ojalá esté sufriendo allá donde esté. No puedo ni llegar a imaginar que pudo haber hecho estando en privado si lo que me hizo a mi fue a plena luz del día y con espectadores.

—¿Sabes algo más de él?

Saco mi libreta y observo mis apuntes de la investigación.

—No mucho. Tenía algunos problemas con su jefe, el director de la escuela.

No eran precisamente amigos, por decirlo de alguna manera.

Parecía estar distanciado también de los demás docentes, y a veces incluso llegaba tarde o no se presentaba.

Sus alumnos tampoco hablaban muy bien de él.

Había rumores de que tenía un temperamento explosivo.

Charlamos un poco más antes de salir y continuar la puñetera investigación, le cuento también mis planes para esta tarde e insiste en acompañarme.

De alguna manera me relaja poder contar con él y exteriorizar todo lo que me ronda la cabeza.

La calle donde Ricardo vivía es un lugar tranquilo, casi demasiado tranquilo para una persona como él.

Al llegar al edificio, las primeras sensaciones son de calma, pero eso cambia al mirar a mi alrededor; noto algo inquietante en el ambiente.

No hay nadie afuera. No hay niños jugando ni gente charlando en las puertas. Qué raro.

Unos pocos apartamentos más arriba del suyo encontramos a una mujer mayor que se asoma por la ventana cuando la llamamos por el telefonillo, pero al principio parece que no está muy interesada en darnos información. Sin embargo, termina contestando.

—Hace meses que no lo veo. Venía casi todos los días a charlar. Pero luego... Luego se fue. No volvió más.

—¿Sabe usted a dónde? ¿Alguna vez le mencionó algo?

—le pregunto con calma.

—No sé si lo sabe, pero tenía muchas peleas con la gente de por aquí.

Terminó por no salir de su casa más que para ir a trabajar y volver.

Muchas veces llegaban personas cercanas a tocarle la puerta, preocupados y él no les atendía, se volvió un ermitaño con un carácter detestable, aunque yo siempre supe que era un buen hombre, conmigo siempre fue bueno.

—¿Está segura de que no lo ha visto desde entonces? — insisto, ignorando lo que acaba de decir, si esta pobre señora tan solo supiera lo mal nacido que era ese hombre...

—No, lo siento. Ya no lo he visto más.

Lo intentamos con algún vecino más, pero ningún parece querer colaborar hoy así que le doy las gracias y nos alejamos del edificio.

Estoy acostumbrada, esto suele ocurrir cuando la policía se involucra primero en una investigación, en el momento en el que entro yo en acción, ya las personas están cansadas y no suelen querer colaborar, lo que me hace el trabajo mucho más complicado.

Si tan solo mi hermoso jefe tuviera la cabeza para llamarme antes que la policía meta sus narices, otro gallo cantaría.

Pero, no... Tienen que meterse para nada, porque siempre tenemos el mismo resultado, me llama Riquelme con el mismo guión, diciendo que la policía no pudo conseguir nada y que confía en mí para resolverlo. .. Estoy harta.