Chapter 21
Elena
Presente.
El barrio sigue igual; las mismas personas con sus rutinas, los señores de siempre en la plaza, los niños en la escuela, las terrazas abarrotadas de gente tomando un café y, luego, estoy yo, caminando, observándolo todo.
No sé si es el paso del tiempo o el simple hecho de que voy a entrar a un lugar que conocía y que, de alguna manera, marcó un momento importante en mi vida.
Mi respiración se detiene por un segundo cuando llego al edificio donde vivía Sebastián Ortega. Lo reconozco al instante aunque hayan pasado algunos años. El mismo edificio en el que tantas veces entré pensando que nada podría salir mal. Ilusa.
Ahora, el edificio sigue con vida, las luces encendidas a lo lejos y el ruido de pasos en las escaleras. En cambio, las ventanas del piso de Sebastián están cubiertas por cortinas gruesas, impidiendo ver cualquier atisbo del interior, como si quisieran mantener todo lo que pasó allí bajo llave.
Santi hoy no viene conmigo, tiene que trabajar; ha llegado un nuevo cadáver. Ojalá pudiese acompañarle, me encanta verlo diseccionando cuerpos. Admito que es mi placer culposo.
Vuelvo a observar el edificio y me vienen a la mente todos esos recuerdos con Sebastián, sus palabras, sus promesas, las discusiones que se volvieron cada vez más frecuentes.
Al principio, todo parecía perfecto. Él tenía su manera de hacerme sentir especial.
Recuerdo cómo me manipulaba, cómo me hacía creer que necesitaba estar a su lado para ser alguien, que mi vida sin él no tenía sentido.
Me hacía dudar de todo, de mí misma, de lo que merecía.
Me decía que nadie más me querría de la misma manera, que nadie más sería capaz de entenderme como él.
Poco a poco, fui creyéndomelo.
Pero eso fue hace años, ¿por qué siento que aún no he escapado de él? ¿Por qué siento su sombra persiguiéndome incluso cuando ya no está?
Tras no conseguir que me abra ningún vecino desde el telefonillo, espero hasta que una señora sale con su carrito de compras.
Aprovecho para ayudarla sosteniendo la puerta.
Le sonrío amablemente y accedo al pasillo de los ascensores.
Subo al quinto piso, donde vive el propietario del edificio: un hombre mayor al que conocí brevemente en ese entonces.
A pesar de que me siento un poco incómoda en este lugar, estoy segura de que debe tener información relevante.
Toco la puerta con firmeza. Una figura delgada abre lo justo y se asoma. Es un hombre de cabello canoso, mucho más desgastado de lo que lo recordaba. Cuando me ve, saluda con una ligera sonrisa, pero no tarda en mostrarse tenso.
—¿Puedo ayudarte? —dice, su voz apenas audible.
—Buenos días, soy Elena, detective privada. Estoy investigando la desaparición de Sebastián Ortega.
El hombre parpadea y, por un momento, me parece que está a punto de cerrar la puerta. En su lugar, suelta un suspiro largo y profundo, y me invita a pasar.
El apartamento huele a moho y años de abandono. El dueño se acomoda en una silla de madera con las manos entrelazadas y yo tomo asiento frente a él en un pequeño sillón rojo.
—Sebastián es un buen hombre —rompe el silencio finalmente—. Nunca me he metido en sus asuntos personales ni somos amigos, pero teníamos una relación cordial.
—¿Sabe si alguna vez recibió alguna amenaza o lo escuchó peleando con alguien?
El hombre duda antes de responder. Algo en su mirada me dice que sabe más de lo que está dispuesto a contar.
—Bueno... alguien lo visitó un par de veces...—Hace una pausa mirando hacia la ventana antes de continuar—. Al principio pensé que era algún socio, pero no iba vestido como los hombres con los que solía tratar.
Antes de poder hacer más preguntas, el hombre se levanta abruptamente de la silla.
—Lo siento, pero eso es todo lo que sé. Si necesitas más información, deberías hablar con la policía, seguro tienen más datos.
Su actitud me resulta sospechosa, pero me parece más prudente seguirle el juego. Me levanto de la silla con cautela, caminamos hacia el pasillo, y abre la puerta. No me deja pronunciar palabra alguna antes de cerrar de golpe.
¿Por qué tanta prisa en terminar la conversación?
Hay demasiadas piezas que no encajan y este tipo definitivamente sabe algo más.