Oscura Mentira (Serie Oscuridad 1) Chapter 18
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Chapter 18

Elena

La brisa salada me acaricia la piel mientras caminamos por la orilla de la playa, los pies descalzos hundiéndose en la arena.

Ricardo pasea a mi lado, su brazo rozando el mío, y puedo escuchar su risa, su comodidad.

Todo se siente tan fácil, como si finalmente, después de tanto tiempo, la vida me estuviera dando un respiro.

El sonido de las olas rompiendo suavemente en la orilla consiguen que por un momento me olvide de todo. De las dudas, de las preguntas que siempre rondan mi cabeza. Siento que, en este instante, nada podría salir mal.

Han pasado dos meses desde el día en que me pidió ser su novia. Y ahora, aquí estamos, en la Costa Brava, rodeados de sus amigos, charlando y bebiendo unas cervezas.

—Es perfecto este lugar, ¿verdad?

Lo miro de reojo, viendo lo tranquilo y feliz que está.

Nos unimos al grupo, sentados en un semi circulo, uno de sus amigos, un chico que siempre me ha parecido algo detestable, habla y ríe demasiado alto.

Me genera incomodidad, no sé cómo lo soportan.

Además, conmigo ha sido bastante intenso.

En ocasiones ya había notado esa forma en que me observa, con maldad y deseo. Qué puto asco.

Ricardo está distraído charlando con los demás mientras el hombre se acerca a mí. Su aliento a alcohol me golpea de inmediato. La calidez del ambiente se convierte en algo pesado, asfixiante.

—¿Qué pasa, Elena? —me dice sonriendo—. ¿No te diviertes?

Intento retroceder con disimulo, incómoda, pero él no lo permite y se acerca aún más.

—No te hagas la rara, ven aquí. —Aprieta mi brazo con más fuerza de la que esperaba.

No quiero causar un escándalo frente a todos, así que intento respirar profundo. Pero, sin previo aviso, noto la mano de Ricardo en mi otro brazo. Me tira hacia él con violencia, tanta que siento que me arranca la piel.

—¿Vas a por mi amigo o qué te pasa? —¿Qué?—. ¿Crees que no he notado cómo se miran? Ya sabía yo que una mujer como tú no es confiable, perra asquerosa —añade con rabia, empujándome.

Caigo de cara contra la arena, con todos a nuestro alrededor viendo el espectáculo en silencio.

Me coge del cabello de manera repentina.

—¿No soy suficiente para ti y estás buscando más? Yo te voy a dar más. —Saca su miembro arrugado del short de playa y me empuja la cabeza hacia él.

Intento retroceder, defenderme, pero será imposible por-que su amigo está justo detrás de mí.

Volteo, buscando ayuda de alguien, todos contemplan la situación en completo silencio. ¿Por qué nadie hace nada?

Ricardo se acuclilla aún con mi cabello entre sus manos.

—Me la vas a chupar, te vas a tragar mi leche frente a todos y vas a demostrar que estás conmigo y con nadie más.

Se palpa la maldad en cada frase que sale de su boca.

Mi mente simplemente deja de funcionar, mis oídos de escucharlo y bloqueo cada palabra hiriente que pronuncia.

Las lagrimas caen por mis mejillas sin poder evitarlo.

No puedo respirar bien, no puedo pensar. Lo único que quiero es salir de este lugar, pero mis piernas no responden y nadie me va a ayudar.

Cuando se da cuenta de que no estoy abriendo la boca, me vuelve a lanzar contra la arena.

Caigo esta vez de espaldas y de un segundo a otro me golpea en la cara con su mano abierta.

Se pone de pie y sin parar, patea mis costillas.

Es en ese momento cuando por fin alguien grita, cuando las personas a mi alrededor intentan ayudarme, pero ya es demasiado tarde.

Al despertar, estoy en la cama de un hospital y gracias al hombre que está sentado a mi lado, me entero que no solo me golpearon, también me dejaron tirada en la playa.

Lo último que recuerdo es la golpiza que me estaban brindando hasta que alguien gritó, pero nadie hizo nada más, tan solo detuvieron el maltrato.

¿Cómo es que tantas personas me dejaron sola? Hijos de puta.