Oscura Mentira (Serie Oscuridad 1) Chapter 19
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Chapter 19

Elena

—¡Amor! ¿Me puedes pasar una sudadera? —escucho a Santi desde la ducha—. ¡Está en el cajón de la derecha!

No suelo hurgar en sus cosas, pero, como está ocupado, voy directo al cajón. Al levantar la tapa, el olor de su ropa me llama la atención. Inhalo un poco y sonrío. Intentando decidir cuál de las sudaderas pasarle, pero descubro algo que no esperaba encontrar: un antifaz negro.

Santiago sale del baño con una toalla alrededor de la cintura y el agua chorreando del cabello. Al verme con el antifaz en la mano, levanta una ceja, sonriendo divertido.

—¿Y esto? —Señalo el antifaz con curiosidad.

—¿Eso? —replica, apoyándose en el marco de la puerta—.

¿Qué? ¿Piensas que no tengo mis líos?

Me río, sorprendida por su tono.

—¿Líos? No sabía que eras de los que tienen fetiches — bromeo, levantando el antifaz para mirarlo con más detalle—.

¿Y exactamente para qué usas esto?

—Puedes ponértelo y te digo exactamente para qué.—Extiende la mano para recuperarlo, pero no se lo devuelvo.

—No voy a ponerme algo que Dios sabe cuántas se han puesto antes. Qué puto asco.

—¿Celosa?

—No, yo, ehhh… No.

—¿Puedes darme la sudadera?

—Tu ropa huele bien —admito, lanzándole la prenda—.

Huele a hombre… Me gusta.

—¿Ah sí? No sabía que te gustaba mi olor.

—Bueno, mmm… Sí. —Joder, seguramente estoy roja de la vergüenza.

Se acerca un poco más, con esa sonrisa juguetona.

—Entonces debería pasar más tiempo cerca de ti ¿no? Así puedes sentir el «aroma a hombre» todo el día.

—Nunca pensé que te irían estas cosas de antifaces. —Se me da fatal desviar un tema.

—Creo que no me conoces tanto como crees, muñequita.

Algunos gustos los guardo para… momentos especiales.

Levanto la ceja, haciéndome la despreocupada, aunque noto que me late más rápido el corazón.

—¿Momentos especiales?

Se ríe por lo bajo y, en vez de retroceder, se acerca un poco más, dejándome completamente pegada a la pared sin poder escapar.

—Si quieres, puedo enseñarte ese lado que no conoces…

—susurra, con la boca demasiado cerca de la mía, mirándome intensamente.

Lo empujo y me escabullo por la puerta de la habitación que da al salón. Al estar a salvo, con la puerta cerrada, me siento en el suelo, sintiéndome mareada, con dolor de cabeza y, de un momento a otro, llega la oscuridad.