Chapter 17
Me toma unos segundos darme cuenta de que llevo demasiado tiempo mirándolo, así que trato de disimular, pero estoy segura de que ya lo ha notado.
—¡Elena! —Me saluda con entusiasmo dándome un breve abrazo—. Te ves espectacular.
—Gracias —respondo, sintiendo cómo el rubor inunda mi rostro. En su presencia, siempre me siento especial.
Caminamos juntos hasta el restaurante que eligió.
Un espacio romántico, suelos de madera oscura, paredes oscuras, iluminado por velas como centro de cada una de las mesas.
Llegamos a la nuestra, Ricardo me invita a sentarme sosteniendo mi silla y luego camina hacia la suya, arremangando su camisa.Nos sirven un poco de vino blanco.
Él pide algunos platos que yo sinceramente no conozco y el camarero se va
de nuestra mesa con la orden hecha.
El silencio entre nosotros se vuelve un poco incómodo y siento que el momento ha llegado.
—Princesa… —comienza con voz suave cogiendo mis manos—. Quiero hablarte de algo.
Mi respiración se acelera, mi corazón late con fuerza y la ansiedad vuelve a acumularse en mi estómago.
—Te conozco desde hace muy poco tiempo… —Intenta buscar las palabras, como si estuviera dándome el tiempo necesario para entender qué está a punto de decirme—.
Pero desde que te conocí, todo ha cambiado.
No puedo dejar de pensar en ti, en lo que eres para mí.
Y… quiero saber si tú también sientes lo mismo.
—¿Qué… qué quieres decir? —Dudo, me tiembla la voz y él dibuja una sonrisa de medio lado que hace que me derrita por dentro. Es imposible no sentirse a salvo en su presencia.
—¿Quieres ser mi novia?
En cuanto pronuncia esas palabras me ahogan las ganas de vomitar.
Algo me dice que mi respuesta tiene que ser un «no», pero no lo digo… simplemente acepto.
Un par de horas más tarde ya estamos en su habitación besándonos completamente a oscuras; no le gusta hacerlo con la luz encendida.
Su mano roza mi cuerpo de arriba abajo sin hacerme sentir nada, pero, a pesar de no estar mojada, necesito sexo.
Ya ninguno de los dos conserva prenda alguna, así que no espero a que dé el primer paso y me siento a horcajadas sobre él metiendo su polla dentro de mí, sintiendo el dolor por no estar mojada.
Cuando lo siento dentro por completo, me inclino hacia atrás, con una mano apoyada en su pierna y la otra tocando mi clítoris, moviendo las caderas, buscando el orgasmo.
Lo escucho gemir en silencio, otro detalle que no me gusta; yo siempre he sido más del rollo de palabras obscenas y hombres dominantes pero él es todo lo contrario.
Antes de conseguir el orgasmo, me aprieta fuerte las cade-ras y en pocos segundos me levanta para correrse fuera. Me invita a tumbarme a su lado, me da un beso en los labios y suelta un «buenas noches, princesa».