Chapter 16
Elena
Me maquillo frente al espejo de mi habitación, con el estuche abierto sobre mis piernas, concentrada, intentando que ambas líneas de los ojos queden bien, lo cual es casi imposible porque las manos no paran de temblarme.
—¿Nerviosa? —pregunta Isa que está sentada en el borde de la cama.
Dejo el delineador en la mesa, respiro hondo y me giro hacia ella.
—Estoy cagada de nervios —Mi tono sale un poco más bajo de lo normal.
Voy a tener una cita muy especial con Ricardo Calderón, un chico guapísimo que conocí hace unos meses en una cafetería.
Ese día tenía que trabajar, aún estaba de prácticas. Debía reunirme con una persona para continuar una pequeña investigación y lo hicimos tomando un café en la rambla de Poble Nou.
Casualmente, ese día, a esa hora, entró por la puerta con una sonrisa espectacular, alto y rubio con el cabello recogido en un moño.
Se sentó en una mesa muy cerca a la mía y, en cuanto notó que me ponía de pie, él también lo hizo, abordándome de frente.
La verdad es que parecía un buen hombre, docente en una escuela primaria, viviendo en Sant Andreu, por lo que dejaba ver que le gustaba la tranquilidad.
Pensé que con el sí funcionaría, aunque el sexo no es muy bueno, debo admitir.
De tamaño es decente, pero las cosas que hace con la boca o las manos en mi coño no llegan a convencerme del todo, pero nada que no se pueda arreglar.
El tema es que me pidió tener una cita bonita, elegante, refinada, en un buen restaurante, y fue entonces cuando me
pregunté si me pediría ser su novia.
Isa se acerca hasta abrazarme por detrás. Su presencia, tan reconfortante y firme, me ayuda a calmarme un poco. Siempre ha sido esa amiga que sabe cómo hacerme sentir mejor sin mucho esfuerzo. La mejor amiga que cualquiera podría pedir.
—Si no te lo pide, es un idiota. Estoy completamente segura de que hoy es la noche —Aprieta mis hombros—. Te quiero, te mereces ser feliz, y si no es él, ya sabes que en mi casa tengo un bate que puedo usar cuando lo necesites.
Se me escapa la risa por su comentario.
—¿Adrián y tú habéis hablado más? —intento cambiar de tema mientras me aplico el labial. Isa se encoge de hombros, pero hay una pequeña sonrisa juguetona en su rostro que no puedo pasar por alto.
Isabella y Adrián han sido una de las últimas sorpresas para mí: Mi mejor amiga y el hermano de Santi juntos.
—Hablamos todos los días, es muy lindo… Es tímido y muy serio. Es como todo lo opuesto a mí.
—¿Y qué piensas hacer?
—Hasta que él no me demuestre con hechos lo que quiere, intentaré no ilusionarme. —Se vuelve a encoger de hombros y yo asiento con la cabeza.
—Además, me voy en una semana… —añade con tristeza, puedo ver cómo se le empañan los ojos.
La observo y, por un segundo, la ansiedad por mi propia cita desaparece opacada por una sensación de nostalgia. No quiero tenerla lejos.
—No tienes que irte, lo sabes, ¿no?
—Sí tengo que ir. Es parte de lo que elegí.
Pero eso no significa que no podamos seguir en contacto.
Si es para mí, no le importará la distancia…
supongo. —Aunque su voz se mantiene firme, hay tristeza en sus ojos.
No quiere irse sin él—. Volviendo a tu tema y a lo que importa en este momento, estás perfecta.
—Voy a salir ahora. ¿Estás segura de que no es demasiado atrevido? —Me miro una vez más el vestido. Es elegante a su justa medida, de seda negra, por encima de las rodillas, de tiras con escote corazón con una caída de la tela que roza mi piel en cada movimiento.
—No seas tonta, con ese físico de muñeca gótica sensual no hay manera que no te lo pida.
Me pongo de pie, respiro profundo y me encamino a la salida, dándole un fuerte abrazo y prometiendo enviarle mi ubicación.
Comienzo a ser consciente del latido de mi corazón en cuanto llego al lugar donde acordamos.
Lo veo en la esquina, de pie, con su amplia sonrisa y esos ojos brillantes.
Tiene una energía tan diferente a la mía.
Yo soy más reservada, cautelosa y él parece tan seguro, tan extrovertido, tan frío.
Y eso, a veces, me asusta. Pero, a la vez, es justo que me atrae.