Oscura Mentira (Serie Oscuridad 1) Chapter 12
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Chapter 12

Elena

Presente.

Despertar en esa casa no fue sencillo. Al principio, el dolor de cabeza era lo único que sentía, y me costó mucho abrir los ojos.

Pero, cuando lo hice, ahí estaba él, con un café en la mano, siendo tan atento como siempre, con esos detalles que tiene.

Si tan solo nos hubiésemos parado para comprar comida, seguro que hasta me habría traído el desayuno.

Pero somos como somos, y ese detalle se nos pasó por alto.

Ahora, aquí, en la cafetería, sentados frente a un par de bocadillos y un café ya frío, tratamos de disfrutar de la calma antes de la tormenta.

—Amor, tienes que comer algo, sé que no tienes estómago ahora mismo pero de nada sirve que te desmayes.

Miro el bocadillo de tomate con jamón serrano.

Le doy un pequeño mordisco y se me escapa un pequeño gemido de placer.

Sin duda es la combinación perfecta para mí, podría comer esto junto con un buen café todos los días de mi vida, pero hoy…

Hoy definitivamente no tengo estómago. Apenas logro tragar.

Santi me observa en silencio, probablemente reconociendo que, aunque me vea sentada aquí, mi mente está en otra parte, concretamente en la libreta que descansa en la mesa, con todos los detalles que he ido recolectando.

—¿Tú crees que tenía familia? ¿Hijos, esposa, alguien?

—No tiene hijos —respondo sin dudar mientras pienso en todo lo que he descubierto esta madrugada—. Se dedica a pintar cuadros. Su familia tiene todo el dinero del mundo y nunca le hizo falta mucho esfuerzo para vivir bien.

Mi mente, sin quererlo, vuelve a ese momento, al recuerdo tan vívido que, a pesar de los años, sigue clavado en mi piel como un tatuaje.

La humillación que sentí entonces, la rabia que creció en mi pecho.

Quería ver cómo caía, cómo se derrumbaba ante lo que había hecho.

Pero, justo cuando empecé a trazar planes en mi mente, cuando mi enfado me llevó a desear que todo lo que me hizo le llegara de vuelta, se fue.

Una semana después, se mudó a Londres con su familia.

Todo había terminado antes de que pudiera hacer algo.

—¿Y su familia sigue en Londres?

—Sí. ¿Recuerdas que a su padre le salió un trabajo allí? Después él regresó al acabar la universidad. Decía que Barcelona es más bohemia, que allí no entendían su forma de vivir. Que aquí, al menos, podía ser él mismo sin importar lo que los demás pensaran.

Santi suelta una ligera risa y sacude la cabeza.

—El poder de Facebook. ¿Todo lo sacaste de ahí o fueron tus amigas?

—Soy detective, Santiago —respondo levantando una ceja con una sonrisa que intento que sea seria, pero la risa me traiciona—. No cuestiones de dónde saco la información de las víctimas.

Suelta una carcajada, y eso me hace sentir un poco más ligera.

—Pues, ¿sabes qué creo? Que deberíamos ir a su casa. Tal vez haya pistas, alguna nota, un diario… Algo que nos diga qué pasó.

—Lo más probable es que esté muerto —Le doy un sorbo al café. No sé si la idea me da paz o me descontrola más, pero no puedo evitar pensar que esa podría ser la única explicación posible.

Me observa por un momento, frunciendo el ceño.

—No lo creo. Las peores noticias son las primeras en salir, ¿no? Tendría que ser alguien muy bueno en ocultar cadáveres para esconderlo o deshacerse de él y que nadie encuentre ni una de sus partes.

—Maneras hay, Santi, maneras hay…