Oscura Mentira (Serie Oscuridad 1) Chapter 5
12%

Chapter 5

Elena

Presente.

El móvil suena, arrancándome del sueño y desorientándome. Quisiera ignorarlo, pensar que es una pesadilla. Pero no lo es. Es real.

« Maldita sea, sigue sonando »

Parpadeo y me giro hacia el reloj en la mesilla de noche: las siete de la mañana. Me han quitado media jodida hora de sueño.

Solo dos personas podrían llamar a esta hora: Santiago, con algún plan random en mente, como irnos de peregrinaje por el simple hecho de poder decir «Me llamo Santiago e hice el Camino de Santiago» o, por el contrario, mi jefe, que aunque no me apasiona en lo absoluto escuchar su voz sin haberme tomado al menos un café, prefiero esa segunda opción antes de irme a caminar media España con una mochila que pesa más que yo a la espalda.

El puto móvil sigue sonando. Respiro hondo y me obligo a sentarme en la cama.

Me pesa todo el cuerpo de haber dormido así de mal.

Lo último que recuerdo del día de ayer es el cementerio, supongo que después Santi me trajo a casa.

La cabeza no para de dar vueltas pero, sin pensarlo mucho más, atrapo el móvil con una mano temblorosa.

—¿Sí? —Carraspeo, intentando que mi voz suene lo bastante clara—. ¿Quién habla?

—Elena, tienes guardado mi número en tu móvil, puedes ver quién te llama —Me incorporo lo más rápido posible, a medida que el sueño se disipa a la vez que mi mente se ajusta a la realidad—. Ha surgido un caso delicado. Necesito que nos veamos lo más pronto posible.

Pero antes de yo poder contestar, añade:

—En Sant Andreu. —Y ahí es donde el aire parece vol-verse más denso.

Mi corazón se encoge, un dolor sordo me recorre el pecho y mis pensamientos se vuelven confusos.

Ese barrio. Esa zona de Barcelona que abandoné hace tantos años.

—¿Elena? ¿Me escuchas? —Su voz me hace volver a la realidad.

—Sí —respondo, sintiendo las palabras atascadas en mi garganta.

No estoy preparada para regresar a ese lugar pero, el trabajo no entiende de deseos personales.

—¿De qué se trata?

—Desapariciones. Tres hombres hasta ahora. La policía no ha podido encontrar ningún rastro. —Hay una pausa, una que hace que mi cerebro trabaje a toda velocidad, pero no consigo encajar las piezas—. Necesitamos de tu ayuda, Elena. No hay nadie mejor que tú para manejar este tipo de casos.

Sus palabras son halagadoras, pero el hecho de que el caso sea en Sant Andreu, cambia todo, maldita sea.

—Está bien, envíame ubicación y hora por mensaje y ahí estaré —Accedo y finalizo la llamada.

Me tumbo boca arriba en la cama con las manos en la frente, una de ellas sosteniendo el móvil con fuerza.

Necesito hablar con Santi. Necesito que me ancle a la realidad, que me devuelva un poco de calma y la única persona que conoce mi historia es él.

Sabe cuando necesito que me escuche y ahora mismo no quiero hablar, pero lo necesito, son demasiadas cosas juntas.

¿Cómo es que voy a volver a ese lugar justo cuando me entero de que mis padres están muertos?

Una lágrima corre por mi mejilla mientras busco su contacto con rapidez. Están muertos.

Contesta al tercer tono.

—Amor, ¿qué haces despierta a esta hora? ¿Todo bien?

—Suena preocupado.

—Santi… —Mi voz es un susurro tembloroso—. Necesito que vengas conmigo. Es un caso…en Sant Andreu.

El silencio dura apenas unos segundos. Mi respiración se acelera, la angustia me consume mientras espero.

Tras la espera, su voz regresa.

—Sabes que no tienes que pedírmelo. Dame unos veinte minutos.