Origen (La monja detective 3) 32
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VEGA su rostro era una máscara de cortesía ensayada.

—Señorita Baker —dijo, inclinando levemente la cabeza—. La están esperando. Pase, por favor.

Sabrina hizo amago de adelantarse, pero el sirviente extendió un brazo con una firmeza tranquila, bloqueándole el paso.

—Lo lamento, subinspectora —dijo el hombre con voz neutra—. Las instrucciones son precisas. Solo la señorita Baker.

Sabrina tensó la mandíbula y miró a Vega, esperando una señal, pero la detective asintió lentamente.

—Debo hacer esto sola, Sabrina. Es algo que me corresponde a mí.

La subinspectora la observó durante unos segundos. Vio la determinación en sus ojos, la misma que había visto cuando detuvo a Petrov unas semanas antes. Asintió lentamente y retrocedió un paso, situándose en una posición desde la que podía vigilar la calle.

—Una casa familiar —murmuró Vega para sí mientras analizaba la fachada. Luego, dirigió su mirada al establecimiento que estaba justo al lado, una pequeña cafetería de barrio cuyo logo era un círculo azul con una taza de color blanco en el centro.

Antes de decidirse a entrar, la detective palpó su chaqueta para sentir la pistola pero, para su fastidio, recordó que se la habían quedado los amables agentes de Operaciones Especiales.

Se giró a mirar a la policía, pero solo fue un momento.

No había llegado hasta allí para dejarse vencer por la duda. Respiró hondo y dio un paso adelante.

Entró y la puerta se cerró a sus espaldas, sumergiéndola en el silencio que llevaba toda su vida persiguiéndola.