Epílogo
El verano parecía no haberlos abandonado aún del todo aquella calurosa tarde de mediados de septiembre.
El aire acondicionado del Beautifuck funcionaba a toda pastilla.
Eso, unido al sonido del torno de limar que Lidia usaba en aquel momento para terminar de perfilar las uñas de Mari Carmen, hacía que la contaminación acústica fuera insoportable.
Ajenas al ruido, ambas charlaban animadamente con Lara, que esperaba a que llegara Leo.
Por eso, cuando Conchi entró en el salón de belleza y le dijo algo a su hermana desde la entrada, Maribel solo la vio mover los labios y escuchó un murmullo de fondo.
—¿Qué? —le gritó. Conchi hizo un gesto de exasperación y se acercó a ella enarbolando unas revistas, lo que hizo que Maribel ahogara una exclamación—. ¿La GLAM de esta semana? —preguntó, uniéndose a su hermana en el centro del local.
—¡Sí!
Conchi se la tendió y Maribel la abrió, ansiosa.
—¿Pero ya la has mirado? ¿Sale…?
No le dio tiempo a terminar la pregunta: allí, a todo color, estaba lo que había esperado ver: la fotografía del beso en el Palacio de Cibeles ocupaba una página entera de la sección de sociedad.
La instantánea era nítida, preciosa: Leo, con su chaqueta destellando bajo los flashes, agarraba a Dante Valcárcel por la nuca mientras el asesor lo estrechaba contra su cuerpo, ajenos por completo al revuelo de los fotógrafos a su alrededor.
El titular, en letras bien grandes, no dejaba lugar a dudas:
El hermético asesor político y sobrino de la marquesa de Hinojosa causó un auténtico terremoto mediático al oficializar su homosexualidad con un apasionado beso al periodista y escritor Leo Gallardo.
A lo largo de los años, nuestra revista ha intentado desentrañar los misterios del corazón de Dante Valcárcel, vinculándolo siempre con figuras de alto perfil como Carolina de Ulloa.
Sin embargo, el que es considerado uno de los solteros más codiciados de la capital ha elegido el escenario más inesperado para dar un paso histórico en su vida privada.
Leo Gallardo, espectacular con un atrevido estilismo de traje esmeralda sin camisa y finas cadenas doradas sobre el torso desnudo, fue el centro de todas las miradas y se ganó la admiración del asesor.
Ajenos a la rigidez del protocolo y ante la estupefacción de los allí presentes, Dante y Leo se fundieron en un apasionado beso frente a las ráfagas de los fotógrafos.
Quienes presenciaron el momento aseguran que la complicidad entre ellos era total.
Aunque, como viene siendo habitual, no ha habido confirmación oficial por parte del entorno del asesor, lo cierto es que una imagen vale más que mil palabras y, tras este espontáneo y valiente gesto, no nos queda más que preguntarnos: ¿estamos ante la presentación en sociedad de la pareja más sorprendente, audaz y revolucionaria de la temporada?
—¡Madre mía, Conchi, míralo qué guapo está! —exclamó Maribel, con los ojos brillando de pura emoción y separando la revista para poder enfocarla mejor—. ¡Si es que parece un actor de Hollywood!
—Ya tienes tu propio Leonardo DiCaprio —dijo Conchi en tono burlón, pero abrazando a su hermana por los hombros para mirar la fotografía con lágrimas en los ojos—. Como siempre has querido.
El revuelo había llamado ya la atención de las demás. Lara se puso de pie con intención de acercarse, pero Lidia apagó el torno y se levantó de la silla de un salto, adelantándose a Lara y dejando a Mari Carmen con una mano a medio limar.
—¡A ver, déjame ver! —chilló, metiéndose entre su madre y su tía para devorar la página con los ojos. Lara se acercó y miró por encima de su hombro—. ¡Bua, menudo fotón!
—Salen increíbles —intervino Lara.
—¡Ja! Si ya le había dicho yo a mi hermano que, con ese outfit , le salía novio.
Mari Carmen también se había puesto de pie para mirar.
—La verdad es que hacen una pareja estupenda. No exagerabas para nada, Maribel.
—¡Te lo dije! ¡Claro que no exageraba! Este hombre —dijo, golpeando la revista con el dorso de su mano repetidamente—.
Este hombre es un monumento. Si te lo digo yo, que lo he visto en persona.
Es altísimo y muy guapo. Pero es que mi hijo está espectacular y no tiene nada que…
—Se interrumpió al ver que la puerta del establecimiento se abría y contra la iluminación exterior se recortaron dos figuras.
Sonrió al reconocerlas—. Y hablando del rey de Roma.
Leo y Lucas entraban en el salón, hablando animadamente.
Leo llevaba unos vaqueros y su camiseta con el logo del podcast, un signo de exclamación sobre un fondo multicolor.
Lucas, a su lado, vestía un pantalón de pinzas y un polo celeste, evidenciando que venía directo del trabajo.
En cuanto vieron a las cinco mujeres arremolinadas frente al papel cuché, se detuvieron en seco.
—Hola, hijo —saludó Mari Carmen .
—¿Qué pasa? —preguntó Lucas.
—Nada. —Lara esbozaba una misteriosa sonrisa—. Solo que nuestro Leo se ha hecho un poquitín más famoso. Mira.
Y arrancándole a Maribel la revista de las manos, se la tendió a su amigo. Maribel fue a quejarse, pero Conchi le tendió otro de los muchos ejemplares que había comprado.
—¿No me digas que ha salido la foto en la GLAM ? —preguntó Leo casi compungido.
—¿De verdad te pensabas que no iba a salir? —se burló su hermana de él.
—Pedazo de fotón —exclamó Lucas.
—Eso mismo dije yo.
—Trae. —Leo le quitó la revista a su amigo para mirarla él mismo. Todos los presentes, que lo observaban con atención, pudieron ver cómo se ruborizaba—. Joder… —masculló.
—¡ Ooooh ! Mira, mi hermano se ha puesto tontorrón pensando en lo que ocurrió luego.
—¡Lidia!
—¿Qué? Toda España sabe que, después de tremendo beso, os fuisteis a follar. Es lo más natural del mundo.
El rubor de Leo se intensificó aún más y las mujeres empezaron a reír.
—Sois lo peor —dijo, completamente abochornado.
En ese momento, el móvil le vibró en el bolsillo. Lo cogió para ver que tenía un mensaje de Dante.
Por lo visto, nos hemos hecho famosos
…
En cuanto vio los tres puntos, Leo se apartó de los demás.
Qué guapo sales en la foto, por cierto
No puedo dejar de mirarla
Leo sonrió.
Ya, yo la acabo de ver
Mi madre está flipando
—Mira la carita que ha puesto. —Oyó decir a Lidia que había vuelto a sentarse para seguir trabajando en la manicura de Mari Carmen—. ¿Te estás mensajeando con el marqués?
Leo le hizo un corte de mangas y escribió:
No sabía que leías la GLAM
Jajaja, no. Te imaginas?
Pero mi tía sí
Estabas con ella cuando vio la foto?
Sí
Quieres hablar?
Vio los tres puntos que indicaban que Dante estaba escribiendo durante unos segundos antes de que el teléfono empezara a vibrar con una serie de mensajes.
Mejor te lo cuento en persona luego, pero…
Bueno, te hago resumen
Primero, le ha dado un parraque
Segundo, ha dicho que cree que la foto está retocada porque dijo, y cito, nadie puede ser tan guapo
Tercero, me ha preguntado de qué diseñador era tu traje
Cuarto, ha confesado que, para ser un don nadie, mi novio tiene muy buena planta
Leo soltó una carcajada en mitad del salón de belleza, atrayendo de nuevo las miradas de todos. Luego tecleó rápidamente:
Y si se entera de que el traje era de una tienda de segunda mano de Malasaña?
Le daría otro parraque?
Creo que con eso, nos la ganamos
A Leo le alivió que, al menos, se tomara el asunto con buen humor.
Por cierto, novio???
Dante:
Son sus palabras, no las mías
Los tres puntos volvieron a aparecer y a Leo le pareció una eternidad hasta que vio la contestación de Dante.
Pero yo no me opongo
Ya sabes como somos los conservadores
Necesitamos ponerle etiquetas a todo
Rapidito
Lo hablamos luego?
Durante la cena?
Claro
¿A qué hora sales del estudio?
Quiero pasar a buscarte
En media hora empezamos
Vente cuando quieras
Si llegas a tiempo, podrás ver la grabación
Con lo fan que eres
Genial
Pues nos vemos en un rato
Y por cierto…
Sí que eres tan guapo
Leo guardó el móvil con una sonrisa boba que ya no se molestó en disimular. Se giró hacia los demás con la intención de despedirse.
—¿Y bien? —quiso saber Maribel, cruzándose de brazos—. ¿Qué dice el marqués?
—Nada, que su tía opina que tengo buena planta —bromeó—. Y no es un marqués, dejad de llamarle así.
—Pero lo será, hijo, lo será.
—Oye, y si te casas con él, ¿tú serías un marqués también? —le preguntó Lidia.
Todos le miraron con sumo interés.
—Y yo qué sé. Además, no ando yo pensando en bodas.
—Pues ya deberías —le soltó Maribel poniendo los brazos en jarras—. Que tienes una edad. Y Dante también. Qué manía tiene la gente joven con no querer casarse.
Leo puso los ojos en blanco.
—Vale, mamá.
—Deja al chico tranquilo —intervino Conchi, siempre con mejor sentido común que su hermana—. Aunque no me importaría a mí que te quedaras bien amarrado a ese hombre, con lo buena persona que es —añadió.
—Ya te digo —intervino Lidia.
—Y por cierto, ¿cuándo lo vas a traer a casa a comer? Que quiero conocer a mi yerno. El domingo, por ejemplo.
Leo decidió, por el bien de su salud mental, ignorar a su madre.
—Venga, Lara, muévete, que tenemos un podcast que no se va a grabar solo.
—Y una nueva temporada que inaugurar —asintió ella cogiendo su bolso—, como para llegar tarde hoy.
—Yo me voy con vosotros —anunció Lucas—, que he quedado con Germán en el centro.
Los tres amigos se despidieron y salieron del local en dirección al coche de Leo.
Maribel se quedó mirando hacia la puerta por la que había desaparecido su hijo. Posó la revista sobre la mesa, en la que aún Lidia trabajaba en la manicura de Mari Carmen.
—Bueno, hija mía —suspiró—. Leo ya tiene su marqués. —Le puso una mano sobre la cabeza a Lidia y la miró muy seriamente—. Ahora solo nos falta buscarte a ti un príncipe.
Para no variar, Leo y Lara llegaron a la grabación un poco justos de tiempo. Corrieron por los pasillos de PodStand y entraron en el estudio justo a tiempo de ver que Susana salía de su cabina de sonido.
—Joder —les gritó—, que ya iba a salir a buscaros.
—Lo siento, lo siento —gimió Lara.