Orgullo* Capítulo 17 #2
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Capítulo 17 #2

De Julián llegaban únicamente noticias fragmentadas, siempre escasas.

Sabían que había una investigación en curso y que la policía no podía facilitarles más detalles, solo que Oliver seguía bajo custodia y que el procedimiento sería largo.

No hubo más explicaciones: ni sobre el alcance del caso, ni sobre lo que le habría ocurrido a Lidia, ni sobre los cargos concretos que se estaban construyendo.

Para Leo, esa falta de información era asfixiante, pero sabía que debía esperar para obtener respuestas.

Y mientras tanto, la vida continuó. A Leo se le acabaron los días libres y se incorporó de nuevo a La Redacción .

Leguina se había ofrecido a adelantarse un par de semanas más de vacaciones, pero Leo lo rechazó y se volcó en su trabajo como si fuera una terapia, aunque supiera que algo en su vida seguía estando en pausa.

A finales de julio, Leo acudió a Los Alcorques él solo. Maribel había retomado el trabajo en el Beautifuck tras un periodo de cierre obligado, y aunque Leo sabía que, de haber podido permitírselo, su madre habría prolongado la ausencia, también intuía que volver a la rutina le estaba haciendo bien.

Se reunió con Lidia en el amplio jardín que había tras el edificio principal, su lugar favorito para verse.

Aunque el calor era asfixiante, decidieron dar un corto paseo hasta la linde de la propiedad, donde unos árboles ofrecían algo de abrigo contra el inclemente sol.

Se sentaron junto a uno de ellos, apoyándose contra el rugoso tronco.

—La policía volvió ayer —dijo Lidia de pronto—. Querían que mirara algunas cosas. Del caso. —Leo guardó silencio, sintiendo que era mejor que Lidia decidiera cuánto quería contarle. Ella lo miró—. Una vez, Oliver me habló de ti… Me contó que os habíais liado y eso.

La chica bajó la mirada y se concentró en juguetear con el tejido de su camiseta.

—Fue aquella noche que vino a buscarme a casa. Luego no volvimos a salir.

—¿Por qué no? —preguntó Lidia, aún sin mirarle.

—Porque yo no quise… Digamos que no tuve una buena experiencia.

—Oliver me dijo que fue él quien no quiso volver a verte.

Que no tenías más de un polvo encima. —Ahora sí que lo miró—.

Pero que yo sí que lo tenía, que era mil veces mejor que tú.

Qué capullo, ¿no crees? —Lo que Leo opinaba se lo guardó de momento—.

Me siento un poco tonta. Por haber creído todo lo que me dijo.

No eran más que mentiras… —Escupió en el césped y bajó de nuevo la mirada.

—No eres tonta…

—Ya, ya me lo han explicado. Que me manipuló. Que es muy fácil caer en las redes de un narcisista. Creo que fue así como lo llamó mi psicóloga: narcisista. No sé muy bien lo que es, pero no creo que sea nada bueno.

«Casi hago que te desmayes del gusto». A pesar del calor, Leo se estremeció.

—No, no lo es.

—Nos liamos después de Navidad —empezó a contar Lidia—.

Él me convenció para que no dijera nada.

Que nadie nos iba a entender, y menos el «estirado de tu hermano».

Así te llamaba, ¿sabes? Y a mí me hacía una gracia tremenda.

—Leo guardó silencio y ella continuó—. Él fue quien me presentó a Sheila.

Me dijo que era amiga suya; luego me enteré de que era su ex.

Ahora creo que es otra chica tonta a la que engañó.

—Que no eres tonta. Y, probablemente, Sheila tampoco.

—Ya, bueno… Sheila me dijo que era modelo.

Me enseñó sus fotos. —Bufó—. Eran una pasada.

La mayoría se las había sacado Oliver. Él decía que yo era aún más guapa que ella, que si Sheila se ganaba la vida como modelo, ¿por qué no iba a poder yo?

Me convenció de que lo del módulo era poco para mí, que yo merecía más: más dinero, más lujos, que todo el mu ndo pudiera verme y admirarme.

Y me encandiló. Y luego veía a Sheila, que siempre iba guapísima y bien vestida y, joder, yo quería ser como ella.

Dirás que no soy tonta, pero me dejé engañar como si lo fuera.

—De nuevo Leo dio la callada por respuesta—.

Así que empecé a dejar que me sacara fotos, en ropa interior, sobre todo.

Él me compraba lencería y yo me la ponía para él.

Era como un juego, pero me decía que iba a ser famosa.

—Soltó una risita, como si se estuviera burlando de sí misma—.

Me empezó a llevar a fiestas, a locales superexclusivos. Me pagaba las copas… las drogas.

—Cuando nos decías que ibas a salir con Sheila, ¿estabas en realidad con él?

Lidia asintió.

—Casi siempre. Y nunca me quedé a dormir en casa de ella: pasaba las noches con Oliver.

Pero a veces sí que salíamos nosotras dos solas, como aquella vez que me viste en The Vault.

Oliver decía que así era mejor para hacer contactos .

—A Leo no le gustó nada cómo sonó eso—. Ahora suena absurdo, pero en ese momento parecía todo muy lógico.

—¿Qué tipo de gente te presentaba Sheila?

Su hermana dio un largo suspiro.

—No sé. Eran tíos que estaban dispuestos a pagarme la fiesta.

Sheila me decía que este era un representante, aquel un director de una agencia…

Ahora creo que era todo mentira. Luego Sheila se iba con uno de ellos y yo me iba con Oliver.

Pensaba que eran sus ligues, pero luego supe que no. Y me enteré también de otras cosas.

—¿De qué cosas?

Lidia pareció dudar un momento.

—De que Sheila no era modelo, no de verdad. Que sí que ganaba dinero con sus fotos, pero de otra forma… ya sabes. Y que no sólo ganaba dinero con sus fotos, sino haciendo otras cosas.

Leo sintió que se le helaba la sangre.

—Me lo dijo aquel viernes, el día que no volví a casa. —Se rascó el pulgar con la uña, sin darse cuenta—. Fue un accidente. Me enteré sin querer de que…

—¿De qué?

—Por eso está Oliver detenido, Leo. Por eso lo denuncié.

Leo sabía que no debía presionarla, pero no pudo evitar preguntar:

—¿Quieres contarme qué ocurrió?

Ella asintió y tragó saliva .

—Esa noche me dio por mirarle el ordenador.

Me estaba emparanoiando y se lo miré. —Leo no la interrumpió y Lidia soltó una risa corta, sin humor—.

Y no sé… al principio no entendí lo que estaba viendo.

No sé qué pensé. Que eran cosas suyas o algo…

—Se encogió de hombros, como si eso pudiera borrar el recuerdo—.

Luego lo entendí. —Se detuvo más tiempo—.

Era un perfil en JustFans con mi cara y mi nombre.

Y estaban las fotos que él me hacía, las que decía que eran para el book .

Estaban todas ahí. Y otras fotos más íntimas y también…

—Otra pausa más larga—. Te juro que yo no sabía que él iba a…

Cuando nos grababa, yo no pensaba que él…

—No supo cómo seguir y se calló de repente.

—¿Os grababa teniendo sexo? —preguntó Leo con suavidad. Ella asintió—. ¿Y subía esos videos a internet sin tu consentimiento? —Un nuevo asentimiento—. Hijo de puta… —dijo, hundiendo la cara en las manos para evitar empezar a gritar allí mismo.

—¿Sabes que él lo negó? Me intentó hacer creer que lo que acababa de ver no existía.

Pero yo me acordaba de los datos de la cuenta, del nombre exacto.

Y de la contraseña que tenía apuntada en un post-it junto al ordenador.

Así que me encerré en el baño y accedí a la cuenta de JustFans que Oliver había abierto, y allí estaba todo.

—Se llevó la mano a la boca un segundo, como si le molestara haberlo dicho en voz alta—.

Y luego entré en el chat y pude ver las peticiones: «Lidia, quiero una foto de tu coño», «Lidia, quiero que tu novio te dé por el culo», cosas así.

—Lidia estaba llorando, pero no dejó de hablar y Leo no la interrumpió—.

Y entonces entendí por qué a veces Oliver se empeñaba en hacerme una foto muy concreta, o en una postura muy específica.

O por qué, a veces en la cama me pedía cosas que…

—Se le rompió la voz y Leo la abrazó, estrechándola fuertemente contra su pecho.

Aun así, Lidia siguió hablando, como si una vez que hubiera empezado no pudiera parar—.

Porque todo era para el perfil y todo lo que me hacía no era porque él quisiera, sino porque se lo pedían los clientes.

Y él ganaba dinero con eso y yo fui tan idiota que me creí que me quería.

Lidia rompió a llorar entre sus brazos y Leo sintió que algo se le rompía por dentro.

Recordó haberse encontrado a Oliver unos meses antes, lo bien que le parecía estar yendo con su nuevo proyecto profesional y su nueva pareja.

Y todo mientras se limitaba a explotar sexualmente a su hermana.

Lidia seguía hablando, de manera más incoherente ahora, contándole cómo, tras descubrir todo eso, sintió tanta vergüenza que pensó que nunca podría volver a casa.

Que Oliver y Sheila la convencieron para que se quedara con ellos, que nadie más la entendería.

Que podía ganar mucho dinero así, que ser modelo estaba sobrevalorado.

Y cómo, al ver que no se calmaba, Oliver empezó a darle droga, para que estuviera tranquila.

—Yo me dejé, Leo, porque estaba histérica y porque de verdad creía que si mamá…

Que si tú te enterabas de todo esto… Que no ibas a querer volver a verme.

Y preferí estar colocada a tener que enfrentarme a que esa iba a ser mi vida.

Así que empecé a beber y a tomarme todo lo que Oliver me daba.

Y nos fuimos de fiesta y perdí el control.

—Se quedó un momento sin hablar, mirando al suelo, como si se hubiera quedado sin aire.

—Y te despertaste en un hospital —terminó Leo por ella.

Lidia se separó un poco de él, asintió y se limpió los mocos con la manga de la camisa.