Orgullo* Capítulo 14 #5
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Capítulo 14 #5

Intercambió unas rápidas palabras con él, mientras jugueteaba con un mechón de su pelo. Luego la oyó gritar:

—¡Lidia! ¡Hola!

Lidia la vio y no pareció extrañada de su presencia.

Le hizo aspavientos para que se uniera a ellos, y el resto de sus amigos no puso objeción a que tremenda mujer se les uniera.

Lidia asintió y el securata le franqueó el paso, pero antes de entrar volvió a hablar con él, mientras señalaba en dirección a Leo y Lucas.

El hombre los vio, rodó los ojos, pero asintió con la cabeza.

Se acercaron justo a tiempo de oír a Lara darle las gracias con una voz coqueta e infantil que no era nada propia de ella.

—¡Lara! —oyeron gritar a Lidia, a la vez que un hombre ayudaba a bajar de la mesa cogiéndola por la cintura.

Ella se dejó hacer y luego correteó hasta donde estaban ellos.

Fue entonces cuando vio a su hermano y a Lucas y soltó un chillido antes de lanzarse a abrazarlo—.

¡Leoooo! —gritó, colgándosele del cuello—. ¿Pero qué haces tú aquí?

Leo la sujetó por la cintura, cada vez más seguro de que ella necesitaba un punto de apoyo.

—Exactamente, ¿cómo de colocada vas ahora mismo? —le susurró. Como toda respuesta, obtuvo una sonrisa tontorrona—. Ya, eso me suponía.

Uno de los babosos también se había acercado, comiéndose a Lara con la mirada, a pesar de que ella ya se había bajado la falda hasta su longitud habitual.

—¿Cómo estás, preciosa? —preguntó.

—Nada interesada —respondió ella, para luego ignorarlo por completo.

Leo había apartado un poco a su hermana de los demás.

—¿Me dices qué has tomado? —le preguntó directamente.

Lidia chasqueó la lengua.

—Qué pesado eres, de verdad.

—Lidia…

—Solo me lo estoy pasando bien.

—Sabes que no pasa nada por divertirse, pero…

—¿Pero qué? ¿Sólo puedo colocarme si estoy contigo?

—Pues mira, como norma general, me parece adecuada. O al menos cuando estés con alguien que sepas que va a cuidar de ti.

—Pero mira a toda la gente que tengo a mi alrededor —exclamó, abarcando con su brazo a los presentes en el reservado.

—Eso es exactamente lo que me preocupa. ¿Quién te ha dado la droga, Sheila? —insistió. Lidia se mordió los labios, negándose a contestar. Leo suspiró—. ¿Vas a quedarte en su casa esta noche?

—Sí.

—¿Y quién es toda esta gente?

—Te lo dije antes: fotógrafos, modelos, representantes… Estoy trabajando mi red de contactos. A ver si me sale algo.

—Sí, un herpes.

—¿Qué? —parecía confusa.

—Vente a casa conmigo, anda —le pidió.

—¡No quiero irme a casa !

—Vale, pues vámonos a otro sitio. Nos vamos al Sodoma si quieres —propuso—, o al Bargarabana.

—Estoy harta de ir a sitios para maricas. Déjame en paz.

Leo vio cómo Sheila se les acercaba. La modelo parecía estar en mejor posesión de sus facultades que su hermana.

—Hola, Leo —le dijo—. ¿Todo bien?

—¿A ti qué te parece?

Ella miró a Lidia, luego se volvió a Leo.

—Ya, ya lo sé. —Sonrió—. La niña se nos ha desmadrado un poco esta noche.

Pero no te preocupes: no voy a dejar que haga ninguna tontería.

—Se acercó más a él—. Ni la voy a perder de vista, con tanto tío suelto…

—Él la miró, como sopesando sus palabras—.

Te lo prometo, hoy hago yo de hermana mayor.

Felicidades por lo del contrato, por cierto. Lidia no ha dejado de presumir de ti.

Leo asintió y se giró hacia su hermana.

—No te separes de Sheila, ¿me oyes? De aquí te vas directa a su casa, y mañana me llamas en cuanto te despiertes.

Lidia fue asintiendo mecánicamente ante cada una de sus indicaciones.

—Sí, papá. —Su tono era burletero.

—No te pongas idiota, o te arrastro por los pelos hasta tu cama.

Ella puso los ojos en blanco.

—Vale.

Le dio un beso en la frente, odiándose por sentirse tan preocupado por ella.

—Pásalo bien. Y ten cuidado.

—Vale —repitió ella.

Y antes de que pudiera decirle nada más, Lidia se dio la vuelta, gritó alguna incoherencia y la volvieron a subir a la mesa. Sheila miró de nuevo a Leo y le hizo un pequeño asentimiento, como queriendo decir que ella se encargaba. Leo le dio las gracias y se alejó.

Lara y Lucas le esperaban fuera del reservado.

—Conque por eso querías venir, ¿eh?

—¿Por qué no nos lo dijiste, idiota? —secundó Lara—. Hubiéramos venido igual.

—Ya. Pero es que sé que es estúpido. Ya es mayorcita. Y está con su amiga .

—Es tu hermanita —Lara se colgó de su brazo—, es normal que te preocupes por ella.

—Y ahora, por favor, ¿podemos ir a un sitio para gente decente?

Leo sonrió.

—¿Al Sodoma?

—Claro. —Lucas asintió—. Salvo que te dé miedo.

—Mira que eres gilipollas.

Leo rio, dándole un codazo a su amigo. Y, aun así, mientras abandonaban el local, no consiguió desprenderse de la incómoda sensación de estar dejando algo atrás.

No sabía todavía que el tiempo de las advertencias se había acabado y que, en unos pocos meses, se arrepentiría de no haber escuchado a su propio instinto aquella noche.

*   Nada en común, solo odio y malas vibras, odio a tus amigos y tu estúpida cara. Te odio tanto, de verdad, pero te amo, cariño, cuando te follo con odio.