Orgullo* Capítulo 14
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Capítulo 14

Capítulo

Catorce

—¿Leo? ¿Hola? ¿Sigues ahí?

La voz de Lara, seguida de una risita, lo sacó de su estupor.

Apenas un segundo antes, Leo estaba siguiendo el hilo de su amiga frente a los micrófonos de PodStand.

Lara estaba en medio de una perorata sobre la diferencia entre el amor romántico y la atracción física cuando Leo se había desconectado, perdido en sus propios pensamientos.

Ahora, Lara lo miraba mientras el reflejo de la luz roja de ON AIR en el cristal de la pecera le recordó que estaban grabando.

—Perdón —balbuceó, ajustándose los auriculares.

Justo en ese momento, la técnico de sonido metió un inserto musical a modo de cuña y David Bowie les cantó al oído: « Ground Control to Major Tom ».

—Gracias, Susana —rio Lara—. Por un momento creí que te habíamos perdido —bromeó, pero la mirada de advertencia que le lanzó por encima del micro parecía querer decirle otra cosa.

—Es que estaba pensando…

—Algo que, en ti, siempre es peligroso.

Leo sonrió.

—Pensaba en lo que estabas diciendo, en que a veces ni uno mismo sabe quién le gusta o por qué.

—¿Qué quieres decir?

Leo hizo un esfuerzo por no chasquear la lengua.

­—Quiero decir que, a veces, te sientes atraído por la persona más improbable —afirmó. Ante la mirada desconcertada de Lara, añadió—: ¿No te ha pasado nunca? ¿Nunca te ha gustado alguien que no te gusta?

—Lo que dices no tiene ningún sentido. O alguien te gusta, o no te gusta.

—No, Lara, joder. Quiero decir… ¿Sabes lo que es el hate fuck ? —preguntó de repente.

—No tengo la más remota idea de qué estás hablando.

—Es cuando te acuestas con alguien a quien desprecias. A veces, con ánimo de castigarlo.

—Suena algo violento.

Leo tuvo un recuerdo de sí mismo, boca abajo, mordiendo una almohada, mientras unos enormes brazos le estrechaban con fuerza. Sacudió la cabeza para desembarazarse del recuerdo.

—No necesariamente —dijo. Lara lo miraba con los ojos entrecerrados, como si quisiera leerle la mente—. El otro día leí un artículo al respecto. Hablaba sobre gente que había tenido sexo con personas a las que odiaban y…

—¿Ah sí? Pon algún ejemplo, a ver si lo entiendo.

—Pues una chica confesaba que se había acostado con su ex, un tío que le había puesto los cuernos con su mejor amiga.

Decía en el artículo que lo cabalgó con tanta rabia y con tantas ganas de acabar con él, que tuvo el orgasmo más intenso de su vida.

Otro, un hombre musulmán del Medio Oriente, contaba que había conocido en un bar a una mujer bellísima que había sido miembro de las fuerzas de defensa de Israel; que empezaron a discutir acerca de Palestina, hasta que, de repente, ella lo besó.

Y que luego se pasaron la noche revolcándose y odiándose el uno al otro.

—No me parece muy sano… —musitó ella.

—No he dicho que lo fuera, solo que es un fenómeno real. Y lo suficientemente frecuente como para que se escriban artículos y subreddits sobre ello —sentenció Leo, bastante seguro de sí mismo. Sabía de lo que hablaba. Había investigado el asunto con muchísima profundidad desde el domingo pasado.

—¿Y qué me quieres decir con todo eso ?

—Que a veces, no sabemos lo que deseamos, o que deseamos algo, alguien , que es lo contrario de lo que creemos querer.

—Ya…

—Bueno. Es solo un ejemplo —improvisó Leo, no queriendo delatarse, pero, por la manera en la que Lara lo miraba, sospechaba que estaba fallando estrepitosamente—. El caso es que el deseo es una fuerza caótica. —Echó un rápido vistazo al reloj—. En fin, hasta aquí el programa de…

—Un segundo, chocho —intervino Susana—, que tengo una canción perfecta para acabar.

Se empezó a escuchar una sensual voz femenina que cantaba: « Zero in common, just hate and disgrace, I hate your friends and your stupid face. I hate you so much, I really do, but I love you, baby, when I’m hatefucking you »⁠ * .

—Esto es «Hatefucking You», de Sloane Vane —leyó Leo en el monitor de continuidad.

—Nuestra maravillosa técnico de sonido, que siempre encuentra la canción perfecta —rio Lara.

—La verdad es que sí ­—siguió hablando Leo, por encima de la canción­—. Gracias por escuchar Orgullo! , el podcast para disidentes.

—Hasta la semana que viene. Adiós, chocho —se despidió Lara.

—Adiós, chocho.

Los micrófonos se apagaron y Lara, que lo había estado observando durante la grabación, soltó una risita que retumbó en los auriculares de Leo. Se los quitó, algo irritado, mientras ella se seguía riendo.

—Madre mía… —dijo Lara entre risas—. Estás tan rallado que hasta Susana se ha dado cuenta.

—No estoy rallado —protestó él, aunque sentía que las orejas le ardían.

—Ya, y yo soy Beyoncé —replicó su amiga, levantándose para dar por terminada la sesión mientras la música seguía sonando atenuada en el fondo—.

Anda, vámonos ya. Lucas nos estará esperando y creo que vas a necesitar una copa bien cargadita para explicarnos a qué viene este repentino interés que tienes por el sexo de venganza .

Leo esbozó una mueca de fastidio a la vez que notaba un vuelco desagradable en el estómago. Porque, cuanto más intentaba convencerse de que el sexo con Dante había sido por odio, más empezaba a temer que no lo hubiera sido.

Habían quedado con Lucas en un conocido restaurante mexicano en el centro de Valdemora.

A aquella hora, el local estaba hasta los topes, razón por la cual Lucas había insistido en reservar una mesa con antelación.

Como Lara había anticipado, Lucas estaba ya esperándolos, con la cabeza tan metida en su inseparable libro electrónico que no pareció percatarse de su cercanía.

—¿Qué estás leyendo con tanta atención? —preguntó Lara a la vez que cogía el libro electrónico para mirarlo.

—¡Dame eso! —se quejó Lucas, levantándose para quitárselo rápidamente de las manos.

—¿Tu libro va sobre un minotauro? —preguntó Lara, a la que había dado tiempo de leer algunas palabras antes de que Lucas le quitara el libro.

—Es de fantasía —se excusó él.

—¿Y de qué va?

Lucas puso cara de circunstancia.

—Déjalo tranquilo, Lara —intervino Leo, sentándose a la mesa.

—Vale, no te pongas así. —Lara también se sentó—. Ha estado insoportable desde que salimos del estudio —le dijo a Lucas a modo de confidencia.

—¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

—¡Nada! —protestó Leo.

—Pregúntale a él —contestó Lara, al unísono.

Lucas los miró de hito en hito antes de sentenciar:

—Pidamos algo de alcohol.

—Sí, por favor —exclamó Leo.

Justo entonces apareció el camarero e hicieron las comandas de comida y bebida. Frecuentaban el restaurante lo suficiente como para saber qué querían comer sin necesidad de consultar la carta. Una vez tuvieron una jarra de margarita delante, se sirvieron unas copas, brindaron y empezaron a charlar.

—Cuéntame qué tal te fue la convivencia con mi novio —pidió Lucas.

—¿No te lo ha contado ya Germán?

—Claro, pero ahora quiero conocer tu versión de los hechos —dijo Lucas con voz de presentador televisivo.

—Germán es un amor, se portó genial conmigo.

—Ya, ¿y en el foro qué tal?

—Intenso —repuso Leo—. Pero fue muy… educativo. Leguina dice que mis artículos y, sobre todo, la entrevista a la jefa de tu novio, han tenido bastantes lecturas.

—Y repercusión —intervino Lara—. Esta mañana escuché a los tertulianos de la cadena VER comentando «el titular». —Lara extendió los brazos ante sí como si las palabras estuvieran impresas en un enorme cartel.

Leo sabía a qué titular se refería: «¿Pretende que celebre formas de vida contrarias a la moral?

». Esas habían sido las palabras textuales de la ministra y Leo no se había podido resistir a destacarlas en el título de la entrevista.

Al día siguiente tenía una reunión con Leguina para hablar de su futuro en LaRedacción.es .

—Ya, es que es muy heavy —dijo Lucas—. Pero ya sabemos cómo se las gasta la facha esa… Por cierto, ¿nos vas a contar de una vez qué ocurrió entre Dante y tú?

El súbito cambio de tema descolocó a Leo tanto como a Lara. Pero por razones muy distintas.

—¿De qué hablas?

—¿Cómo lo sabes?

Ambos amigos habían vuelto a hablar a la vez. Luego intercambiaron una rápida mirada. Lucas se recostó en su asiento, aparentemente feliz por haber desencadenado el caos.

Lara ahogó una exclamación.

—¡Dante fue tu hate fuck ! —Lo acusó, apuntándolo con un dedo.

—¡Baja la voz, coño! —replicó Leo, agarrándola del dedo para bajarlo.

Justo entonces, el camarero regresó con la comida. Lucas cogió un nacho, lo bañó en abundante guacamole y queso fundido, y se lo llevó a la boca, divertido.

—Qué bien me lo estoy pasando.

—¿Cómo lo has sabido? —volvió a preguntar Leo.

Lucas cogió otro nacho y dijo como si nada.

—Me lo contó Germán.

­—¿Y cómo…?

—Mi novio tiene ojos en la cara, ¿sabes?

El jueves, le preguntaste si sabía si Dante iba a estar en el foro.

El viernes vio que había mucha tensión entre vosotros.

El sábado por la noche desapareciste misteriosamente y no volviste al piso hasta la madrugada.

Y el domingo le confesaste a Germán que habías estado con alguien y luego os vio tener una conversación «corta pero muy intensa». Tal como me lo contó, era superobvio.

­—Pero si él ni siquiera sabe que Dante es gay —siseó Leo.

—¿Y por qué no lo iba a saber Germán? ¿Por qué no lo iba a saber yo? —Lucas parecía extrañado. Leo lo miró con la confusión pintada en su rostro—. ¿Qué te crees, que eres el único con gay radar ?

—Pero si a Dante no se le nota.

—¡Y una mierda! —le contradijo Lucas—. Claro que se le nota. Como a todos.

Lara, que había mirado el intercambio en silencio, preguntó:

—¿De verdad te acostaste con él?

—Sí, joder. —Leo hundió la cabeza en las manos.

—Pero si siempre te ha caído como un tiro —dijo Lucas.

—De ahí, el interés que tiene por el hate fuck —aclaró Lara.

—¿Eso qué es?

—Es cuando te tiras a alguien que…

—¿Queréis parar ya? —les pidió Leo, levantando la cara.

—No hasta que no tenga detalles.

—¿Qué pasó? —se unió Lara.

—¡ Arrghh ! Vale —se exasperó—. Os lo cuento, pero luego me dejáis en paz.

Los dos asintieron, ansiosos.