Orgullo* Capítulo 10 #3
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Capítulo 10 #3

La insinuación quedó en el aire unos segundos, en los que todos recordaron la vergonzosa proposición de Germán, la ya célebre cobra de Leo, las burlas de Lara y Lidia al respecto y el enfado de Lucas.

Lucas fue el primero que empezó a reír, disolviendo la súbita tensión que él mismo había creado, y los demás lo siguieron, demostrando que todo eso había quedado ya en el pasado .

—Te acepto la invitación, Germán. Muchas gracias —dijo Leo en cuanto las risas se apagaron.

Germán hizo una leve inclinación de cabeza.

—De nada. Es siempre un placer poder ayudar a un amigo.

Y Leo no dudó ni por un segundo que aquello fuera verdad.

El resto de la semana pasó muy rápido. Leo grabó el podcast, escribió su columna, se reunió con Leguina acerca del foro y, para cuando quiso darse cuenta, estaba haciendo la maleta para pasar fuera el fin de semana.

El jueves por la tarde, un taxi lo dejó frente al portal de Germán.

Había decidido aprovechar la cuenta de gastos para ir al centro y volver a casa el domingo; al fin y al cabo, esos eran los únicos desplazamientos que necesitaba hacer.

El edificio estaba situado en una de las calles más silenciosas de Jerónimos, y su mera ubicación era imponente, sin necesidad de fijarse en la mampostería de la fachada, el portal de madera oscura o el latón pulido del interfono. Leo tocó al timbre y esperó.

—¿Leo? Te abro —escuchó la voz metálica de Germán antes del zumbido que indicaba que la puerta estaba abierta. Empujó el pesado portalón y se adentró en el edificio.

El interior era fresco y oscuro. Leo se dirigió al ascensor de jaula, una estructura de hierro forjado y filigrana que ascendía por el hueco de la escalera como una pieza de relojería antigua.

Al cerrar las puertas, el metal gimió y la cabina empezó a elevarse lentamente, permitiendo a Leo ver cómo los rellanos quedaban atrás a través de la densa rejilla negra.

Cuando se detuvo en el último piso, Germán ya esperaba por él.

Abrió la puerta corredera y cogió la maleta de Leo, no parándose a escuchar sus protestas al respecto.

—Eres mi invitado —dijo como toda explicación, guiándolo hasta la puerta del piso.

El piso de Germán tenía techos altos, molduras antiguas y una enorme cantidad de metros cuadrados.

Leo sabía por Lucas que Germán había heredado el piso de su abuela, aparte de una suma económica que le permitía mantener el inmueble en perfecto estado, algo que no podría hacer con su nómina de funcionario.

Leo se adentró en la casa, silbando por lo bajo.

El espacio era elegante pero funcional, sin el barroquismo que Leo esperaba de alguien tan ostentoso.

Lo que más le llamó la atención fue la terraza: una amplia extensión de baldosas de barro cocido donde convivían un limonero en maceta, un pequeño olivo y una mesa de cultivo llena de brotes verdes.

—Has encontrado mi pequeño refugio —explicó Germán, apareciendo tras él tras haber dejado la maleta en alguna de las habitaciones. Se puso a su lado y acarició una de las hojas del limonero, para aspirar luego su fragancia—. ¿Te gusta la jardinería?

—Nunca he conseguido mantener una planta con vida —confesó.

—Es una responsabilidad. Mantener cosas con vida —aclaró—. Pero es una responsabilidad reconfortante, al menos para mí. —Señaló la mesa de cultivo y empezó a explicarle—. Eso es perejil, cilantro, albahaca. —Enumeraba las plantas señalándolas una a una—. Ruda, rúcula… ¿Te aburro?

—En absoluto. No sabía esto de ti.

Germán se encogió de hombros.

—Me relaja, y siempre tengo condimentos para la cocina. Ven, que te enseño el resto de la casa.

Germán le mostró la cocina, los baños, su dormitorio, la biblioteca y, finalmente, la habitación de invitados.

—He pensado que podrías quedarte aquí, si te parece bien.

La habitación era pulcra, amplia, con una cama doble y sábanas de hilo. Bajo la ventana, que daba a un silencioso patio interior, había un pequeño escritorio de madera castaña. Su maleta descansaba junto a un armario de la misma madera.

—Es perfecta.

Se retiraron de nuevo a la terraza. El sol de la tarde empezaba a caer, bañando los tejados de Madrid con una luz dorada y mortecina. Germán sacó una tabla de quesos, unas rebanadas de pan, un racimo de uvas y un par de copas de vino blanco bien frío. Se sentaron en el pequeño cenador.

—Mañana será un día relativamente suave —dijo Germán, cortando el queso en cuñas—.

Habrá un par de actos por la apertura del foro, que te servirán para situarte en el Palacio de Tepa, ver quién es quién y recoger el material de prensa.

Luego un plenario sobre «Nuevos marcos normativos» y un par de paneles sobre financiación de proyectos locales.

Yo estaré ocupado toda la mañana con la recepción de las delegaciones autonómicas, pero nos cruzaremos por allí.

Justo después será el descanso. Los  caterings  en estos eventos suelen ser muy buenos, y el momento perfecto para mezclarse y tener conversaciones informales.

También ten en cuenta que la mayoría de los ponentes y políticos asistentes se alojarán en el hotel del mismo palacio, así que muchos seguirán por ahí por las noches, cuando acaben las ponencias.

Por la tarde hay una mesa redonda sobre la diversidad en el Congreso de los Diputados y una ponencia sobre la modificación de la ley de igualdad.

Leo asintió, dando un sorbo al vino. El frescor del blanco contrastaba con el calor residual de las baldosas de la terraza.

—¿Y el sábado? —preguntó Leo revisando la agenda que le había dado Leguina.

—El sábado es el día fuerte. A las diez, Cayetana Valcárcel y Margarita Alonso-Braña abrirán el panel sobre «Instituciones y Diversidad».

Se espera que anuncien el nuevo plan estratégico del Gobierno, así que la sala principal estará a reventar de cámaras.

He hablado con un contacto de Protocolo; después del discurso, habrá un pequeño encuentro con doña Cayetana en una sala VIP.

Puedo colarte como mi acompañante antes de que la prensa generalista la asedie.

—Vaya, eso estaría genial.

—Por la tarde hay mesas redondas sobre representación en los medios —siguió hablando Germán—, y una charla sobre «Derechos LGTBI en la agenda internacional», donde participarán miembros de varias embajadas.

—¿En serio te has aprendido la agenda de memoria? —inquirió Leo, viendo que el tríptico que tenía en la mano no era ni la mitad de informativo que Germán.

El funcionario se limitó a encogerse de hombros.

—Ya te dije que estas cosas me interesaban.

—Ya veo. ¿Y estará también el asesor de la ministra? —preguntó Leo, intentando que sonara casual mientras revisaba el tríptico.

Germán alzó la vista.

—¿Valcárcel? No, en principio no. Aunque Cayetana vaya a presidir un panel, tengo entendido que él no piensa asistir este año. Me dijo Lucas que lo conocisteis hace unos meses. —Y luego, con bastante tacto añadió—: Como es amigo del ex de Lara…

Leo asintió como si aquello no tuviera ninguna importancia.

—Sí. Mejor que no vaya a estar. No tengo ganas de verlo.

Germán dejó el cuchillo sobre la tabla y miró a Leo.