Capítulo 8 #3
—¿Ves? Ese es el problema. Lidia es una malcriada y todo el mundo la defiende porque es la pequeña, incluso tú.
Así no va a madurar nunca. No terminó el instituto, se pegó cuatro años de nini , y ahora, cuando por fin decide hacer algo con su vida, es un módulo para poder heredar el Beautifuck cuando mi madre se jubile.
—¿Y por qué eso te parece mal?
—Porque Lidia es la persona más inteligente que he conocido en mi vida —afirmó Leo, antes de pararse a pensar en lo que iba a decir.
Lara se reclinó contra su asiento y lo miró.
—Así que es eso… ¿Crees que Lidia se está desaprovechando a sí misma? —Leo abrió la boca, pero Lara no se dejó interrumpir—. ¿Crees que Lidia tenía que haber hecho lo mismo que tú: terminar el bachillerato, ir a la universidad, buscarse un trabajo de mierda? ¿Es eso?
—Yo no lo he dicho.
—Pero lo piensas —le acusó Lara. Luego continuó—: Mira, yo sé que a Lidia le ha costado encontrar su camino, y que ha hecho muchas tonterías, pero no más que nosotros mismos.
Y ahora ha encontrado algo que quiere hacer el resto de su vida, y está dispuesta a trabajar con tu madre, a ayudarla, y a seguir con su negocio cuando ella no pueda.
No me digas que no sientes alivio de que tu madre no tenga que seguir haciendo todo eso ella sola.
Y tampoco me digas que no es arriesgado, por parte de Lidia, querer continuar un negocio de barrio.
Sabes lo duro y lo sacrificado que es. Dale una oportunidad, coño, que la chica lo está intentando.
—Joder… —Visto así, Leo se sentía como un gilipollas por machacar tanto a su hermana.
Jimena volvió con las comandas y Lara se apresuró a morder su roll .
— Mmmhh —gimió—. Tienes que probar esto. Está de muerte. ¡Cómo echaba de menos desayunar aquí!
—Ya, claro, si siempre te quedas a dormir con Álvaro. ¿Por qué la excepción este finde?
—Está liado —se apresuró a responder, antes de dar otro mordisco. Luego dijo algo más que fue ininteligible por tener la boca llena de masa con canela.
—¿Qué?
Lara tragó.
—Que tiene que coordinar una exposición en la catedral de Toledo. Por no sé qué centenario. No hemos hablado mucho esta semana. —Lara lo comentó como de pasada, pero su expresión se ensombreció un poco.
—¿Todo bien? —preguntó Leo con cautela.
Lara resopló.
—Sí. No lo sé. Lo noto raro últimamente. Dice que está muy liado, pero ya sabes que…
—Que muchas veces, eso no es más que una excusa —terminó él—. ¿Crees que quiere romper contigo?
—No —la manera en la que lo dijo fue casi una interrogación.
Lara hundió la cara en las manos—. Vamos, espero que no.
Pero… No sé… Hoy ni siquiera me ha mandado los buenos días.
Él siempre me escribe para darme los buenos días.
Incluso cuando estoy en su casa y nos levantamos juntos, en cuanto me voy al baño, me escribe para darme los buenos días. Casi era una broma entre nosotros.
—¿Ha pasado algo?
—No, nada. Hemos estado bien, como siempre. Al menos, hasta el fin de semana pasado. Desde entonces siento que me está dando largas. ¿Me estaré emparanoiando?
El primer instinto de Leo fue decirle que sí, que seguro que no era nada. Pero sabía, por experiencias propias y ajenas, que cuando algo no se sentía bien en una relación, era porque algo estaba pasando.
—No sé, Lara. Deberías hablar con él.
—Ya. A ver si la semana que viene está «menos liado». —Hizo el gesto de las comillas—. Joder, de verdad que espero que no esté con otra. No quiero ni pensar que Álvaro sea uno de esos…
—Ya, yo tampoco .
—¡ Arrgh ! —exclamó—. Cambiemos de tema, por favor. Estoy a punto de entrar en bucle.
—Como quieras. —Leo sacó su móvil y navegó hasta dar con la última publicación de @Lucas_mdn. La puso delante de la cara de Lara—. ¿Qué me dices de esto?
Lara apartó el móvil de Leo y le dio un sorbo a su café.
—Ya te dije que…
—¿Pero tú sabías que iban a quedar?
Ella suspiró.
—Sí. Lucas me lo contó el jueves.
—¿El jueves?
—Leo, por favor, no seas crío.
—¿Lo sabías desde el jueves? ¿Por qué no me dijo Lucas nada a mí?
—¿Por qué crees tú? —le encaró ella. Ante el mutismo de Leo, continuó—: Porque le preocupan las opiniones que su cita con Germán pueden suscitar.
—Y si le preocupa lo que piensen los demás, ¿por qué lo publica en Instagram?
—Porque lo que le preocupa es lo que puedas opinar tú, pedazo de zoquete.
Leo bajó la mirada para clavarla en su capuchino, aún sin probar.
Le dio un sorbo para ganar algo de tiempo mientras sentía cómo las mejillas le empezaban a arder.
Recordó entonces el intento de Germán por besarle en la gala de los Premios Prisma, las palabras que le había dedicado acerca de cómo era él su pareja ideal.
Y de eso hacía apenas una semana. ¿Le habría dicho Germán las mismas cosas a su amigo que le había dicho a él?
¿Habían sido las palabras de Germán en la gala mera palabrería?
No era que envidiara la posición de Lucas, pero que el funcionario pusiera sus ojos en otra persona tan solo unos días después de su rechazo le desconcertaba sobremanera.
Y que estuviera usando a Lucas para superar el desengaño que debía haber sentido tras aquella monumental cobra le parecía una opción no solo plausible, sino probable.
Pero no sabía cómo expresar sus pensamientos sin que pareciera que estaba celoso.
—¿Crees que Germán es uno de esos que va tirando la caña a diestra y siniestra, a ver quién cae? —preguntó al final.
—¿Lo dices porque te tiró los trastos a ti primero? No, no me da esa impresión —negó Lara.
—Pero, ¿no te resulta raro que después de que yo…?
—Esto no tiene nada que ver contigo, cariño.
Leo dio un nuevo sorbo a su café.
—No, ya veo que no.
Leo salió de la cafetería con las palabras de Lara todavía dándole vueltas en la cabeza.
«Lo que le preocupa es lo que puedas opinar tú, pedazo de zoquete».
La frase le escocía más de lo que estaba dispuesto a admitir, precisamente porque Lucas parecía haber tenido razón en no decirle nada.
De saber de antemano que su amigo había aceptado quedar con Germán, se habría burlado de él con tanta crueldad como Lidia lo había estado haciendo un rato antes en el Beautifuck.
Ahora consideraba que la actitud de su hermana era injusta, que su propia actitud era injusta.
¿Y qué si Lucas estaba cometiendo un error?
Todos los cometíamos, y Leo el primero. Si alguien supiera que aquella misma mañana se había pajeado pensando en el hombre más detestable e hipócrita que había conocido en su vida, ¿qué pensarían sus amigos de él?
El viento húmedo amenazaba lluvia de nuevo, y el olor del petricor proveniente de los parterres se intensificaba por momentos.
Mientras caminaba de vuelta a casa, Leo sacó el móvil del bolsillo trasero de sus vaqueros y abrió el chat que tenía con Lucas.
Su « Estás ahí? » de aquella mañana seguía sin contestación, pero tenía ya el doble tick azul y vio que Lucas había estado conectado al WhatsApp hacía escasos minutos. Empezó a teclear.
Podemos hablar?
Igual ahora no te apetece
Solo quiero saber cómo estás
Llegó al portal y abrió la puerta. En cuanto se adentró en el zaguán, le sonó una notificación.
Ey!
Leo dejó escapar un suspiro de alivio. Empezó a subir las escaleras.
Muy de resaca o qué?
Nos vemos esta tarde?
Imagino por qué quieres quedar
Las noticias vuelan, eh?
Sí…
No tenía sentido negarlo.
En la estrella, a eso de las cinco, para un vermú?
Genial. Te veo luego
Bloqueó el móvil y lo guardó de nuevo justo antes de entrar en casa.
El resto de la mañana, Leo aprovechó para trabajar un poco.
Le envió a Lara el guion del lunes, prácticamente terminado, a falta de que ella añadiera algo de su cosecha.
Luego encabezó su columna semanal para LaRedacción.es , creó algo de contenido para sus redes y calentó la comida que Maribel había dejado preparada el día anterior justo a tiempo para comer los tres juntos, en cuanto ellas hubieran echado el cierre al negocio familiar.
Se echó una pequeña siesta antes de volver a salir, bien pertrechado con un paraguas para protegerse del aguacero que estaba cayendo, para acudir a su cita con Lucas.
Como era habitual, Lucas había llegado antes que él.
Leía algo en su inseparable Kindle mientras daba buena cuenta de unos cacahuetes.
Colgado del asiento de su silla, había un llamativo chubasquero amarillo, pero su amigo tenía el cabello y el cuello de su jersey algo húmedos, como si hubiera caminado bajo la lluvia con la capucha bajada.