Capítulo 7 #3
—Mi madre quería que fuera enfermera, como ella —explicó Lara.
Ella también era hija de una madre soltera que había tenido un lío de una sola noche con un hombre del que nunca supo nada más y que le dejó una hija mestiza de la que encargarse…
con toda su familia en contra por haber decidido tener a «la hija de un negro»—.
Me decía que es un trabajo muy bonito, aunque a mí me han dado fatigas al ver la sangre desde que soy una cría.
Y cada vez que la veía llegar a casa después de trabajar de noche, con unas ojeras tremendas, me preguntaba no sólo cómo podía ser ella feliz así, sino cómo pretendía que yo lo fuera.
—Leo asintió—. Cuando le dije que iba a hacer el bachillerato de arte, se montó una tremenda en casa…
—Mi madre nunca tuvo problemas con que quisiera ser periodista, pero… —Dudó un momento antes de seguir y Lara asintió, animándolo—. Pero supongo que ella siempre ha querido para mí lo mismo que la madre de José quiere para él.
—Un chico serio con un trabajo estable —dijo Lara.
— Bufff , no solo eso. Me da una vara tremenda porque lo que quiere es que tenga pareja. Como si estar en una relación monógama fuera la única manera válida de habitar este mundo.
—La mía se conformaba con que no me preñara de adolescente como ella.
—Lara sonrió sin alegría—. Pero siempre quiso también que encontrara a alguien.
Que no estuviera sola, como lo ha estado ella.
Y sin embargo, sola no le ha ido nada mal.
Es mucho más feliz que algunas mujeres casadas que conozco —afirmó.
—La mía también, pero están tan atravesadas por las expectativas sociales que para ellas la soledad sigue siendo un fracaso y la pareja una aspiración. Un trofeo —apostilló Leo, inclinándose hacia el micro—. Sobre todo si es funcionario.
Lara hizo un ruido que era entre una risita reprimida y un resoplido.
—Qué decepción se llevó la pobre mujer cuando se enteró de que no te querías liar con un hombre con trabajo estable.
—Y qué contenta debe de estar tu madre con el partidazo que te has buscado. —Leo hizo una pausa dramática y clavó sus ojos en los de su amiga con una chispa de malicia.
—¿Qué? —le retó Lara, con una expresión pícara—. ¿A que estás celoso?
—Mucho —repuso en broma.
—Es que me he marcado el braguetazo de la década —presumió—. Es rico, guapo, conservador —enumeró—. Vamos, el sueño de toda madre.
Leo soltó una carcajada.
—Seguro que la madre de José quiere uno así para su hijo.
Pero esa es la cuestión: que es lo que su madre quiere, no lo que él quiere.
Si uno se encuentra con un partidazo así y está follable y te lo quieres quedar, pues adelante.
Pero no deberías sentirte obligado a estar con alguien por las expectativas de los demás.
José de Sevilla, creo que te toca tener otra conversación complicada con tu familia y hacerles entender que tu modo de vida no es una fase.
Y que si algún día estás en una relación estable, será porque quieras estarlo, y no para satisfacer a nadie.
Mientras tanto, disfruta de la vida, que son dos días.
—Eso. Y no te ates a nadie, si no quieres —añadió Lara—. Que a veces la monogamia es una mierda y hay mucho bocadito delicioso por ahí suelto.
Ahora fue el turno de Leo de reírse.
—Si yo fuera tu novio, no estaría nada tranquilo ahora mismo.
Su amiga le guiñó un ojo.
—Pues es una suerte que él no escuche el podcast, ¿no?
—Y hasta aquí el programa de hoy. Gracias por escuchar Orgullo!
—Gracias a los oyentes, gracias a Susana y gracias a PodStand por alojarnos.
—Hasta la semana que viene, chochos —se despidió Leo.
—Adiós, chochos.
Los micrófonos se apagaron, sonó la cortinilla final y las cámaras dejaron de emitir.
Leo se sintió satisfecho. Había sido uno de esos programas que quedan redondos: honesto, divertido y con ese punto de incorrección política que sus oyentes adoraban. Al otro lado de la mesa, Lara recogía sus cosas con una sonrisa ligera.
—Conque la monogamia es una mierda, ¿eh? —la picó .
Ella sonrió.
—Sólo cuando no estás con la persona adecuada.
—Pero es una maravilla cuando estás enchochada hasta las cejas, como tú ahora mismo.
Lara se encogió de hombros, pero no pudo evitar que una expresión soñadora acudiera a sus ojos.
—¿Sabes una cosa? Creo que a veces, a veces —recalcó—, nuestras madres no van tan desencaminadas al desear amor y relaciones estables para nosotros. —Leo torció el gesto—. ¿Qué? Lo digo en serio. Cuando conoces a la persona adecuada y te enamoras…
—¿Cuando te enamoras? —Leo elevó las cejas en un gesto de sorpresa—. ¿Desde cuándo estás tú enamorada de Álvaro?
Lara volvió a encogerse de hombros.
—Probablemente, desde el principio. Pero creo que me he venido a dar cuenta estos últimos días. Las cosas se están poniendo muy intensas y muy bonitas entre nosotros, Leo. Estoy loca por él.
Y tras decir eso, salieron del estudio sin saber que, si hubieran grabado ante los micrófonos la última parte de su conversación, se habrían ahorrado muchos de los problemas que les deparaba el futuro no muy lejano.