Orgullo* Capítulo 2 #2
9%

Capítulo 2 #2

—Lo de Álvaro y la oferta de exponer en no-sé-dónde. Habló de pagaros, ¿cierto? ¿No arreglaría eso algo?

—Está todo muy en el aire. Aún no sabemos si va a salir algo de todo eso, ni de cuánto dinero se está hablando. Y en todo caso, lo del coche tendré que pagarlo este mes.

—¿Tan justo vas? ¿Necesitas que te eche un cable?

Leo sabía que el ofrecimiento de Lucas era sincero. Si bien su amigo no nadaba en la abundancia, su puesto como administrativo en la sanidad pública le garantizaba un sueldo fijo cada mes, aunque aún no le hubiera permitido independizarse.

—No. Gracias, pero no. Voy bien. Me estoy quejando por quejarme —dijo sin mucho convencimiento—. Estoy de un humor un poco raro…

—¿Y eso? ¿Te ha pasado algo con Lara?

—No. —«Sí». ¿Cómo podía Lucas conocerlo tan bien?—. ¡Eh! ¡ Paco! —interpeló al camarero—. Dos más —pidió, señalando a las cervezas—. Y unas aceitunitas.

—Solo pides aceitunas cuando me vas a contar algún chisme —observó su amigo, agudo como un lince—. ¿Qué ha pasado?

—El otro día por fin quedé con Iván —dijo, refiriéndose a su último ligue en Peckr—. ¿Y a que no sabes qué pasó?

Las cañas llegaron, acompañadas del aperitivo. Lucas mordió la carne de la aceituna, observando a su amigo.

—Déjame adivinar —suspiró—: otro que no se parece en nada a sus fotos.

—No, físicamente era perfecto. Más guapo incluso que en sus fotos. El problema no era ese. —Leo dio un sorbo a su cerveza—. Quedamos para cenar y se pegó todo el rato haciéndome preguntas.

—Lo normal en una cita, ¿no?

—No si las preguntas son sobre tu plan de pensiones, cuántas veces vas al gimnasio y si tienes intención de mudarte al centro en los próximos cinco años.

Lucas arqueó una ceja, soltando una risa corta y seca.

—¿Qué? ¿Estaba haciendo un estudio de mercado o algo así?

—Vete tú a saber. Cuando llegamos a su casa, parecía que todo empezaba a fluir.

Nos enrollamos en el sofá, medio lo hicimos en el pasillo y cuando llegamos a su cama y ya la cosa estaba on fire , se detuvo para preguntarme si tenía pensado adoptar un perro en un futuro cercano, porque resulta que él es alérgico y no le viene muy bien.

Lucas dejó una aceituna a medio camino de la boca.

—¿Y qué le dijiste?

—Que en mi futuro cercano solo tenía planeado correrme.

A Lucas casi se le sale la cerveza por la nariz.

—No le dijiste eso —exclamó.

—¡Por supuesto que se lo dije! —Leo parecía indignado.

Lucas se llevó la mano a la frente.

—Por favor, dime que no seguiste.

—¿Y qué iba a hacer? Estaba en pelotas en la cama de ese tío, caliente y a punto. Le dije que no me gustaba hablar durante el sexo y que se callara. —Leo dio un trago largo a la cerveza.

—¿Y qué pasó?

—Pues que él se calló por fin y pudimos terminar.

—¿Y luego?

—Salí corriendo de allí, antes de que le diera por preguntarme por mi historial clínico o algo así. Luego lo bloqueé, por supuesto.

Lucas lo miró en silencio un momento.

—El mercado está fatal.

—Y la gente está chiflada —afirmó Leo—. Ojalá pudiera decir que esa es la cita más rara que he tenido.

—Y aun así, te acostaste con él… —Lucas se reclinó en su silla para observarle—. ¿Vas a contarlo en el podcast?

Leo dudó un segundo.

—No lo sé. —Giró el vaso entre los dedos—. Es tan raro que la gente pensará que me lo estoy inventando. O que soy un rarito por quedarme.

—Un poco rarito sí que eres. Yo habría salido por patas. —Lucas bufó casi sin darse cuenta—. Antes de tirármelo, quiero decir.

Hubo un pequeño silencio, apenas perceptible. Leo dio otro sorbo y se inclinó hacia delante.

—Anda, cuéntame tú algo. Que bastante me he exhibido ya por hoy.

Lucas lo observó un instante más antes de sonreír y cambiar de tema. La conversación siguió fluyendo con la facilidad de siempre y Leo agradeció que su amigo no volviera a mencionar a Lara. Sabía que la historia de Iván había sido una distracción evidente. Y, de momento, había funcionado.

Durante los días siguientes, el nombre de Álvaro empezó a colarse en la rutina de Leo con la misma naturalidad con la que antes lo hacía el de cualquier clienta habitual del salón de su madre.

Lara llegaba siempre a todas partes con diez minutos de retraso y una sonrisa que no se molestaba en disimular; estaba siempre contestando mensajes y riéndose bajito, y si Leo la miraba fijamente para hacerle notar que su comportamiento no era el habitual, ella alzaba las cejas con un gesto que pretendía ser inocente y no lo era en absoluto, antes de seguir a lo suyo .

No era, ni por asomo, la primera vez que veía a Lara liarse con alguien, incluso enamorarse, pero no podía dejar de tener la sensación de que esta relación iba a la velocidad de la luz y que su amiga no parecía tener problema alguno en abandonar la galaxia con tal de ir de la mano de su querido Álvaro.

El susodicho apareció un par de veces por el barrio.

Se le vio entrando y saliendo del piso de Lara, se comió uno de los célebres bocadillos de calamares de La Estrella, se hizo una manicura en Beautifuck —cosa de la que Maribel no podía estar más orgullosa— y se pasó por Nave 8 para revisar unas cuestiones técnicas y escuchar con atención cuando Lara hablaba de iluminación o de la disposición de las piezas.

A Leo le sorprendía y le irritaba un poco que no pareciera impostado.

Era difícil odiar a alguien que se sumergía así en el mundo de la persona que le interesaba.

En redes, las fotos empezaron a multiplicarse.

Álvaro y Lara caminando por El Perchel. Álvaro y Lara en una terraza del centro.

Álvaro y Lara comiendo en el último garito de moda de El Cañaveral.

Y en algunas imágenes, en primer plano y completamente integrados con la pareja de moda, aparecían también Dante y Carolina, impecables, como una nota al pie que nadie pedía pero que siempre estaba ahí.

—Vamos a salir el viernes al Peacock’s. ¿Os venís? —anunció Lara un martes cualquiera.

Estaban los tres, ella, Leo y Lucas, tomándose una caña en el bar.

Lidia acababa de salir del Beautifuck y andaba por ahí con una amiga, cuchicheando e intentando sonsacarle información personal al último empleado de Paco, un jovencito llamado Rubén con pinta de tener más calle que todos ellos juntos.

Leo levantó la vista e intercambió una rápida mirada con Lucas.

—¿Que si vamos a dónde con quién?

Lara chasqueó la lengua y ladeó la cabeza.

—Al Peacock’s. Ya sabes… Dicen que está muy bien —dijo, evitando la mirada de Leo.

Leo tenía ya un «ni muerto entro yo ahí» a punto de brotar de sus labios cuando sintió unas uñas larguísimas clavándose en sus hombros y una aguda voz gritando junto a su oreja.

—¿Al Peacock’s? ¡Yo quiero ir!

—¡Lidia! —se quejó Leo .

Ella le ignoró olímpicamente y se sentó frente a Lara, olvidándose por completo de Rubén, su amiga y cualquier otra cosa que pudiera estar pasando por su cabeza.

—El Peacock’s fue inaugurado hace solo una semana —recitó Lidia de carrerilla—.

Se asienta sobre la antigua Fábrica de Vidrios de Valdemora y el nuevo dueño es Fonsi de la Riva, el hijo de la duquesa de Montalbán que, como todos sabéis, es DJ residente en Ibiza y Marbella.

El local cuenta con un sistema de sonido Funktion-One de última generación importado de Reino Unido y una instalación central de latón de ocho metros diseñada por artesanos italianos que imitan las plumas de un pavo real.

Según el Instagram de GLAM Spain, es el lugar con la política de acceso más estricta y exclusiva de todo Madrid.

¡Dime que puedo ir con vosotros! ¡Dime que puedo ir!

Lara le dedicó una sonrisa algo tensa.

—Bueno, es que Álvaro solo nos apuntó a nosotros en la lista…

—¿Álvaro nos apuntó en la lista? —se sorprendió Leo.

—Estamos apuntados en una lista —dijo Lucas en tono burlón.

Ambos amigos empezaron a reírse.

—Yo también quiero estar en una lista. —Lidia puso pucheros—. Y tener un pase VIP, y un reservado para mí y mis amigos. ¿Por qué no nací siendo rica? —gimoteó.

—Supongo que por una persona más, no pasa nada —sugirió Lara.

La cara de Lidia cambió en cuestión de segundos.

—¿Eso significa que puedo ir? ¡Me muero!

¡Katy! —gritó el nombre de su amiga al levantarse para volver con ella—.

Adivina a dónde voy a ir el viernes… —La oyeron decir mientras se alejaba.

La tal Katy pareció debatirse entre alegrarse por su amiga o entrar en el mismo círculo de autocompasión que Lidia había explorado tan solo unos segundos antes, pero Lidia empezó a planear su outfit y la pobre chica no tuvo más remedio que centrarse en el tema a tratar.

—Pues si tu hermana va a ir… —dejó caer Lara.

Leo gruñó.

— Arrgh , joder. Vale —dijo, pasándose la mano por el cabello en un gesto de rendición.

Ambos miraron hacia Lucas, que había vuelto a meter su cara en su Kindle. Al notar cuatro ojos sobre él, levantó la mirada.

—¿Qué ?

—Si yo voy, tú vas —le advirtió Leo.

—Sabéis que no me va nada ese rollo… —empezó a plantear, pero la expresión de súplica en el rostro de Leo le hizo cambiar de parecer—. Está bien, iré.

—¡ Yay ! —gritó Lara, dando brinquitos en su asiento—. Qué ilusión que salgamos todos juntos.

—Sí —musitó Leo, sorbiendo despacito su cerveza—. Qué ilusión.

No le gustaban los sitios donde alguien decidía quién entraba y quién no. Ni siquiera cuando lo consideraban a él lo suficientemente digno de entrar.