Capítulo 8
Elena ya no podía ocultar lo que le estaba pasando.
Sus senos habían alcanzado una copa K plena y seguían creciendo.
Eran monstruosos, pesados, imposibles de disimular incluso con la ropa más holgada.
Caminar hacía que rebotaran dolorosamente, y la leche no paraba de producirse. Necesitaba ordeña constante.
Pero esa noche descubrieron algo nuevo.
Marcos había recogido parte de su leche en un frasco pequeño. Por curiosidad, se la dio a probar a Elena primero.
—Bebe un poco —le ordenó suavemente.
Ella obedeció. Apenas tragó dos sorbos, sintió un calor intenso recorriendo su cuerpo. Sus pezones se endurecieron al instante y un chorro espontáneo de leche salió disparado de ellos.
—Joder… —gimió.
Marcos probó también. Minutos después, su erección era más dura y grande de lo normal. Sus ojos brillaban con una lujuria casi animal.
—La leche… tiene efecto —murmuró él, sorprendido y excitado—. Es afrodisíaca. Y creo que algo más.
…
Dos días después llegó el verdadero giro.
Sofía, la mejor amiga de Elena, pasó por el apartamento para dejarle unos documentos del trabajo. Sofía era una morena curvilínea de 26 años, con un cuerpo bonito pero nada exagerado (copa D natural).
Elena estaba sola en ese momento, solo con una bata que apenas cerraba sobre sus enormes tetas. La presión era brutal.
—Elena… ¿qué te ha pasado? —preguntó Sofía con los ojos muy abiertos al ver el escote imposible de su amiga.
—No… no es lo que piensas —intentó explicar Elena, pero un movimiento hizo que un chorro de leche salpicara directamente sobre el brazo de Sofía.
El líquido blanco y cálido cayó sobre su piel.
Sofía se quedó paralizada unos segundos. Luego se llevó el brazo a la boca y, casi sin pensar, lamió la leche.
—Sabe… deliciosa —susurró.
El efecto fue casi inmediato. Sofía se sonrojó violentamente. Sus pezones se marcaron claramente bajo su blusa y empezó a respirar agitada.
—Elena… ¿qué mierda es esto? Me siento… caliente.
Marcos llegó en ese preciso momento. Al ver la escena, sonrió con una mezcla de sorpresa y oscura satisfacción.
—Parece que tu leche contagia el efecto, mi amor.
…
Lo que siguió fue una de las noches más intensas hasta el momento.
Sofía no pudo resistirse. El efecto afrodisíaco era demasiado fuerte. En menos de diez minutos estaba desnuda en el sofá junto a Elena, besándola con desesperación mientras Marcos observaba.
Elena, dominada por su propia excitación, acercó uno de sus enormes senos a la boca de su amiga.
—Bebe… —susurró.
Sofía cerró los labios alrededor del pezón hinchado y chupó con fuerza. La leche salió a chorros dentro de su boca. Cuanto más bebía, más se excitaba. Sus propios senos empezaron a hincharse visiblemente. De copa D pasaron a una E generosa en solo minutos.
—Dios… me están creciendo —gimió Sofía entre tragos, sin poder parar.
Marcos se unió. Mientras Sofía mamaba del pecho