Ordeñada Capítulo 5
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Capítulo 5

Los siguientes días se convirtieron en una rutina adictiva y obsesiva.

Marcos llegaba todas las noches a las 8:30 en punto.

Apenas cerraba la puerta, Elena ya estaba esperándolo con la bata abierta o completamente desnuda de cintura para arriba.

Sus senos no dejaban de crecer. Al quinto día ya habían alcanzado fácilmente una copa H.

Eran enormes, pesados, con una forma redonda y llena que los hacía rebotar obscenamente con cada paso.

—Dios, mírate… —gruñó Marcos la primera noche de esa nueva rutina, cerrando la puerta tras de sí—. Cada día están más grandes.

Elena ya no sentía vergüenza. Solo un calor constante entre las piernas y una necesidad desesperada de que él la tocara.

Esa noche la llevó directamente al sofá. La sentó a horcajadas sobre sus piernas y hundió la cara entre sus tetas gigantes.

—Necesito ordeñarte —murmuró contra su piel caliente.

Tomó ambos senos con sus manos grandes y fuertes y empezó a chupar alternando entre los pezones. La leche salió inmediatamente en chorros potentes y dulces. Marcos bebía con avidez, tragando ruidosamente mientras sus manos amasaban la carne blanda y pesada.

Elena gemía sin control, moviendo las caderas contra la erección dura que sentía bajo los pantalones de él.

—Chúpame más… sácalas toda —suplicaba, apretando la cabeza de Marcos contra sus pechos.

Después de varios minutos bebiendo, Marcos se separó con los labios brillantes de leche y una mirada salvaje.

—Hoy voy a follarte mientras te ordeño.

La puso de rodillas en el sofá, con el pecho apoyado en el respaldo. Desde atrás, le separó las piernas y metió dos dedos en su coño empapado, comprobando lo mojada que estaba.

—Estás chorreando solo de que te mame las tetas —se rio oscuramente.

Se bajó los pantalones y, sin más preámbulos, la penetró de una sola estocada profunda.

Elena gritó de placer. Sus enormes senos colgaban pesadamente hacia abajo, balanceándose con cada embestida. Marcos los tomó desde atrás y empezó a ordeñarlos con fuerza mientras la follaba.

Cada vez que apretaba y succionaba, chorros de leche salían disparados hacia el sofá y el suelo. El sonido húmedo de la penetración se mezclaba con el de la leche salpicando.

—Así… así… ¡sí! —gritaba Elena, empujando hacia atrás para recibirlo más profundo.

Marcos cambió de posición. La tumbó de espaldas, le levantó las piernas y volvió a entrar en ella. Esta vez se inclinó hacia adelante y tomó uno de sus pezones en la boca mientras la penetraba con fuerza. Bebía su leche al mismo ritmo que la follaba.

Elena estaba en el paraíso. Sus senos ya tan grandes que casi le cubrían parte de la cara. Cada succión, cada embestida, cada chorro de leche la acercaba más al orgasmo.

—Quiero correrme en tus tetas —gruñó Marcos de repente.

Salió de ella, se colocó entre sus pechos enormes y los juntó con sus manos. Sus senos estaban tan grandes que envolvían completamente su polla gruesa. Empezó a follarse sus tetas, usando la leche que seguía saliendo como lubricante natural. El sonido era obsceno y mojado.

Elena lo miraba fascinada, excitadísima. Abrió la boca y sacó la lengua para lamer la cabeza de su polla cada vez que salía entre sus pechos.

—No aguanto más… —jadeó Marcos.

Con un gruñido animal, se corrió violentamente.

Chorros gruesos de semen cayeron sobre sus senos, mezclándose con la leche blanca.

Elena tomó sus propios pechos y los apretó, untando la mezcla caliente sobre su piel mientras tenía su propio orgasmo solo con la fricción y la vista de él corriéndose encima de ella.

Cuando terminaron, Marcos se quedó mirándola, acariciando sus senos todavía hinchados y goteantes.

—Esto no va a parar, Elena. Cada día vas a estar más grande. Más llena. Más mía.

Ella, todavía jadeando y cubierta de leche y semen, sonrió con una mezcla de placer y rendición total.

—Quiero que sigan creciendo… Quiero que me ordeñes todos los días.

Marcos besó uno de sus pezones, sacando una última gota de leche.

—Entonces prepárate. Mañana traeré algo especial.