Capítulo 7 #3
—Sí, soy parte de un equipo de ingenieros que trabaja con los astilleros de Trieste.
Estoy colaborando con el hospital en algunos proyectos relacionados con la recuperación de los trabajadores que sufren accidentes.
—Su tono era directo y profesional, pero no parecía que lo dijera por ser alguien importante.
Había algo casual en su voz, como si hablara de un tema que le era completamente familiar.
Y luego, de forma inesperada, mencionó el nombre que yo no esperaba escuchar—.
Hace unas semanas, uno de los nuestros, Giorg von Hohenfeld, pasó por aquí.
Estaba de paso por Viena, recuperándose de una pequeña lesión.
Nada grave. Solo unos días de reposo. —Me miró con una sonrisa leve, como si no fuera nada fuera de lo común—.
Él también trabaja con nosotros en Trieste.
Al escuchar el nombre de Giorg, sentí que mi corazón dio un pequeño salto. El nombre me detuvo. No pude evitar que mi mirada se tornara un poco más fija en el hombre, buscando más información, como si cualquier detalle fuera una pista para entender más de Giorg.
—¿Él está bien? —pregunté, más rápido de lo que hubiera querido. No sabía qué estaba buscando en esa respuesta, pero me sentía inexplicablemente nerviosa.
El hombre asintió, indiferente, como si hablara de cualquier persona.
—Sí, claro. Un par de días de descanso y ya está listo para regresar a Trieste. Es un tipo bastante fuerte. Enseguida se recupera de cualquier cosa.
Mi mente no dejaba de dar vueltas, mientras escuchaba esas palabras tan simples. Giorg estaba por regresar a Trieste. Solo unos días más y él se iría, probablemente para no volver a cruzarse en mi vida.
El hombre continuó hablando de otros temas relacionados con los proyectos, pero yo no podía concentrarme.
Mi mente seguía en ese nombre, Giorg von Hohenfeld.
Se iría pronto, regresaría a su vida en Trieste, y yo seguiría con la mía, como si nada de esto hubiera pasado.
Pero en algún lugar, una pequeña curiosidad seguía latente, preguntándose quién era realmente ese hombre que había capturado mi atención de una manera que no podía explicar.
—Gracias —dije, aunque ni siquiera sabía si realmente le había prestado atención a lo que acababa de decir. El hombre sonrió cortésmente, y se alejó, mientras yo seguía allí, en el mismo lugar, con la mente llena de Giorg.
Era un día cualquiera en el conservatorio, hasta que entró el chico nuevo.
Mi atención, que de costumbre se perdía entre los papeles, se vio inmediatamente atraída por su presencia.
Era joven, de cabello oscuro y ojos brillantes.
Su caminar era confiado, y sonreía a todo el mundo como si la vida le sonriera siempre.
Tenía esa facilidad que algunos chicos tenían para hacer que las cosas parecieran sencillas, sin esfuerzo.
María, como siempre, fue la primera en notarlo.
Se giró hacia mí con una sonrisa juguetona, como si ya supiera lo que pensaba.
—Mira quién acaba de llegar, Anna.
¿Lo ves? —me dijo, levantando una ceja, completamente entretenida por la situación.
Yo me encogí de hombros, intentando mostrarme indiferente, aunque no pude evitar fijarme un poco más en él. Él me miró, y al hacerlo, me sonrió de una manera tan abierta y directa que sentí una extraña mezcla de incomodidad y curiosidad. No era desagradable, pero no era Giorg.
María lo observó un momento más y luego, con su tono característico de broma, me susurró:
—¿Qué te parece? Creo que va a ser de esos chicos que te siguen como un perro. A ti te encantan esos, ¿no? Los que te miran como si el resto de la habitación no existiera.
Me reí nerviosamente, aunque algo en sus palabras me hizo sentir incómoda. María tenía razón, pero no estaba segura de qué pensaba yo realmente. Mientras ella hablaba, mi mente seguía volviendo a Giorg, a su figura tan seria, tan distinta, tan… fuera de lugar en este ambiente.
En cuanto terminó la clase, mientras recogía mis cosas, María siguió con su charla.
—Sabes, Anna, este tipo está totalmente perdido por ti. Lo tienes en el bolsillo, ¿eh? —dijo con una sonrisa traviesa, pero también divertida, como si no tomara en serio lo que estábamos discutiendo.
Yo la miré, un poco sorprendida. ¿Realmente este chico estaba interesado en mí? Tal vez. Su actitud era tan directa, tan fácil, que de alguna forma me sentí un poco… vacía ante ello. Me sentía como si estuviera jugando a algo que no me importaba mucho.
María notó mi expresión y, con una mirada más crítica, se inclinó hacia mí.
—¿Estás pensando en otro tipo, ¿verdad? —dijo, como si lo supiera de antemano.
La miré, sorprendida de lo bien que me conocía.
—No sé qué pensar. Es solo que… —Me quedé callada por un momento. ¿Cómo podía explicarlo? ¿Cómo podía decirle que había algo en ese chico nuevo, me parecía… vacío? —No lo sé. Me hace sentir como si no estuviera realmente aquí, como si todo fuera… demasiado fácil.
María se cruzó de brazos, pensativa.
—¿Demasiado fácil? ¿Eso es lo que te pasa? Anna, cariño, no busques algo difícil todo el tiempo. A veces, los chicos sencillos, son los que valen la pena. No todo tiene que ser tan complicado como ese tipo de hombre que te traes en la cabeza, ¿sabes?
Eso me hizo pensar. Mientras caminábamos, comencé a cuestionarme si en realidad me atraía la complejidad de Giorg solo porque era algo inalcanzable o idealizado, mientras que los chicos como el nuevo parecían… sencillos. Fácil de entender. Sin complicaciones.
Esa noche, mientras cenábamos, no pude evitar mencionar el tema a mi madre, que siempre estaba dispuesta a escuchar sin juzgarme.
—Mamá, ¿qué piensas de los chicos como de hoy? —le pregunté, mientras removía la sopa. Mi madre, alzó una ceja, como si estuviera esperando que la pregunta llegara, porque me conocía bien.
—A veces, los chicos fáciles son solo eso, fáciles. —Su tono no era crítico, más bien reflexivo.
Me quedé en silencio por un momento, pensativa.
—¿Qué quieres decir? —le pregunté, sin estar del todo segura de lo que intentaba transmitir.
Mi madre me miró, como si quisiera explicarme algo más allá de las palabras.
—Lo que trato de decirte es que la sencillez de un hombre puede ser fascinante, pero solo si sabes mirarlo bien. Si vas por ahí buscando complicaciones, como ese tipo que te tiene dándole vueltas a la cabeza todo el día, a lo mejor es que te gusta más el misterio que la persona.
Me quedé pensativa, jugando con mi cuchara.
—¿Entonces no me atrae nada real? —le pregunté, preocupada, como si mi madre pudiera darme la respuesta mágica.
Ella sonrió con ternura y me acarició la cabeza.
—No, cariño, no te digo que te olvides de él —dijo—.
A veces lo que vale de verdad es lo más sencillo.
Ese chico te parece un aburrido ahora, pero igual lo que te da es calma, o cariño, o algo que ni te imaginas.
No hace falta alguien que te ponga la vida del revés a cada paso, a veces lo que necesitas es alguien fácil, alguien que esté ahí.
La chispa con el otro está muy bien, sí…
pero si lo idealizas, al final vas a acabar queriendo a un fantasma.
Me quedé allí, mirando mi plato, mientras mis pensamientos seguían entre los chicos fáciles y la figura idealizada de Giorg. Tal vez no era tan complicado, después de todo. Tal vez lo que realmente quería no era alguien difícil, sino alguien que, de alguna forma, me diera algo más real.