Operación Femme Fatale Chapter 1 #33
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Chapter 1 #33

¡Qué mono es! Y cómo lo echo de menos. Me ha dicho que no ha dormido pensando en mí y no quiere que esto termine.

¿Qué hago? Yo también estoy un poco tontita al respecto, porque la verdad es que hemos estado tan bien juntos…

Por cierto, cuando ya colgábamos se le ha escapado un «¡Te quiero!

», superrápido, pero superdulce… Yo le he preguntado «¿Cómo?

» y ha colgado. ¡Ja! Pero… ¡lo ha dicho!

¡Chicas, lo acabo de hacer!

Le he escrito un mensaje a James y le he dicho que, aunque sé que es una locura, mañana cojo un vuelo a Shanghái a las diez de la noche.

Si es capaz de llegar a tiempo, que se venga conmigo.

¿Estoy fatal? Me lo pedía el cuerpo, creo que vale la pena intentarlo.

Pero bueno, no me ha respondido, ahora ya está en sus manos.

Si viene, no me preguntéis qué pasará con Vincent, porque aún no lo sé.

Por suerte, no le he dicho que voy porque quería que fuese una sorpresa, pero el plan irá cambiando sobre la marcha.

Aunque bueno, quizás no venga, yo le di plantón una vez, igual me lo devuelve.

Acabo de entrar en el local de Chus,. la verdad es que cómo cambia el ambiente según el día de la semana. Los jueves son más de gente afterwork y también estudiantes y los sábados está lleno de pandillas de amigos y muchas más chicas. Se respira ambiente de ligoteo total.

Me he ido a mi sitio favorito, la barra, pero esta vez, como voy con más prisa, directamente me he ido a hablar con Chus a ver si había alguna novedad.

Al verme, lo primero, como siempre, sus achuchones de rigor y mi copa de ron.

Me ha dicho que el jueves había estado por allí Rodri (lo sabía, se muere de la curiosidad).

Y que le iba a mandar un mensaje para que sepa que estoy.

Va el tío y me abraza y automáticamente nos hace un selfi y se lo manda.

Otro que tal baila, están siempre picándose el uno al otro. Y me dice:

—¡Ya verás lo que tarda en aparecer!

Dicho y hecho, no sé dónde vive, pero en media hora lo teníamos allí.

Os tengo que confesar que verlo fue un poco raro y me entró una cosa por dentro con la que no contaba.

Sigue igual, su pelo larguillo, sus ojos azules… Eso sí, han empezado a salirle canas, pero normal a nuestra edad, ¿no? Le dan un aire muy interesante.

Fue superagradable. Olvidadas todas nuestras rencillas, estuvimos poniéndonos al día.

Se notaba que estaba superfeliz de verme y, no sé por qué, pero me da que esa sonrisita pícara que siempre me ponía volvía a resurgir de sus cenizas.

Lo encontré muy simpático y, en el fondo, cuando me miraba, hasta un poco triste.

A saber lo que pasaba por su cabeza. Me daba la sensación de que, pese a su fantástica vida de glamour , alta sociedad y despreocupación total por el trabajo (él siempre soñó con eso, un braguetazo y no trabajar en su p.

.. vida, aunque mucho ya no hacía cuando estaba conmigo), me daba la sensación de que le faltaba algo (y no me refiero a niños como a mí, porque él tiene dos).

Estuvimos toda la noche de risas, recordando el pasado, pero, además, nos dio tiempo de un poco de desahogo. Creo que yo era con la única con la que de verdad podía desahogarse. Nos conocíamos a la perfección, en lo bueno y en lo malo, y eso fue el detonante para que me contase cómo se sentía.

A todo esto, Chus iba y venía todo el tiempo para ver qué estaba pasando. El local estaba lleno y no podía quedarse a la charla, pero no nos quitaba ojo de encima.

Lo que os decía, Rodrigo tenía la vida perfecta, pero me dijo que se sentía un poco vacío a veces.

Ya no se divertía y, pese a que su mujer lo adoraba, sentía morriña.

Le pregunté por el tema tabú de las drogas y me dijo que, cuando nacieron sus hijos, lo dejó de raíz.

Además, su suegro, que, por cierto, les mantenía, era superestricto, pero que no era eso lo que echaba de menos.

Copa tras copa, se hicieron las tantas y yo me tenía que ir. Tenía que coger un vuelo al día siguiente y debía irme antes de cometer un error.

Diréis que precisamente ese error era lo que había ido a buscar, y tenéis razón, pero creo que no era el momento ni estaría bien para ninguno de los dos (o tres, según se mire).

Sé que verme, para Rodri, fue un poco como para mí, volver al pasado y saber que esa persona que está en frente de ti se muere por tus huesos como siempre había sido, y eso es raro.

Si lo forzaba, seguro acabábamos en mi casa, pero no era el momento ni yo estaba pensando en eso mientras hablaba con él.

No tenía deseos sexuales, sino un cariño infinito.

Decidí despedirme y prometer que teníamos que repetirlo, cuando Rodri me dijo:

—A veces creo que no lo hice bien contigo, y que me equivoqué.

A lo que yo respondí:

—Por supuesto que te equivocaste, pero tranquilo, yo estaré aquí siempre.

Y me dijo:

—Ya pero no solo para mí.

De repente, una lágrima cayó por mi mejilla y a él le pasó lo mismo. Nos dimos un superabrazo y, con un fugaz piquito, me fui del local como sombra que lleva el diablo.

Había sido más duro de lo que pensaba. Estaba claro que éramos los de siempre, la vida había pasado, pero nuestros sentimientos seguían allí.

Como ya os conté al principio, el tema Rodri era peligroso, y tenía que ser muy fría e inteligente en este caso.

Si llegaba a pasar algo, debería ser algo no buscado (bueno, al menos que lo parezca) y olvidado al día siguiente.

Tal y como lo había visto, estaba en un momento superbajo como para plantearse locuras y yo no sería la causante de una ruptura matrimonial con niños de por medio por mi único afán de ser madre.

Era complicado, seguramente ahora las cosas serían diferentes, pero, si las cosas pasaron así, seguro fue por algo.

Como os podréis imaginar, lo de dormir aquella noche sería complicado. Estaba claro que con mi plan femme fatale el descanso brillaba por su ausencia.

Y no tenía noticias de James… Quizás se había enfadado con mi invitación repentina y con mi comentario (que no os había dicho, por cierto), diciéndole que «podría ser una luna de miel improvisada».

Igual fue muy fuerte recordarle ese episodio fatal de su vida…

No sé, a veces se me va la pinza. Pero bueno, lo que sea será.

Nada, sin noticias de James, pero mensaje de Rodrigo diciéndome que le había encantado verme y que le gustaría que pudiésemos quedar de vez en cuando. No sé cómo tomármelo, la verdad. En el fondo es buena gente, pero lo veo perdido. Quizás quede algún otro día, ya veremos.

¡Ja! Y mensaje de Chus, que ya me valía, que ayer me fui sin despedirme. Cómo es la competitividad masculina…

Con el que todavía no he avanzado nada de nada es con Isaac.

No he podido recibir ningún dato de su universidad.

Tendré que seguir insistiendo, pero lo veo complicado.

Hace muchos años y, sin unos apellidos, la cosa se hace muy difícil.

A ver si vuelvo a llamar y doy con un buen samaritano que no le importe perder su tiempo en mi búsqueda desesperada.

¡Chicas! El momento ha llegado, estoy embarcando rumbo a Oriente y sin noticias de James, pero bueno, era de esperar. Mi propuesta creo que fue de lo más inesperada y era un poco imposible conseguir llegar a tiempo.

En unas horitas os contaré qué tal el vuelo, tengo que pensar la estrategia para ir a ver a Vincent y planificar mi semana, que me la tomaré de relax y también de intentar localizar al chico perdido, aunque eso está muy difícil.

Acabo de enviar un mail a Vincent desde el avión para decirle que viajaba por trabajo y que ojalá pudiésemos vernos. Vamos a ver qué tal su respuesta.

¡Os podéis creer que tras cuatro horas de vuelo, dormida profundamente como estaba, y me despierta un pasajero diciéndome «Lo siento, señorita, pero está usted ocupando dos plazas y una es para mí»!

Un tipo raro ataviado con turbante y gafas de sol.

Yo, como estaba medio grogui, le pedí disculpas y, sin mirarlo, me giré hacia la ventanilla y seguí durmiendo.

Una hora después, pasa el servicio de comidas y me despierto cuando, de repente, el señor que tenía al lado dice:

—Tráiganos la carne y un par de copas de champagne para mí y la señorita.

Me incorporo rápidamente y veo que don Turbante ¡¡era el loco de James!! ¡¡¡Medio disfrazado para darme una sorpresa!!! No me lo podía creer, pero ¡¡qué tío!!

Por lo visto, como su billete de última hora no estaba a mi lado, había estado negociando con la tripulación para que le dejasen cambiarse a la plaza contigua a la mía y que yo me había apropiado para poder dormir a mis anchas.

Está como una cabra, pero ¿qué pintas eran esas? Indescriptible momento…

¡Qué agradable sorpresa! Y no sé por qué me dio por llorar.

Sí, la digna que no lloraba nunca (creo que eso últimamente está empezado a cambiar) se había echado a llorar, pero de alegría, porque, pensándolo bien, el irme sola me había puesto muy triste y no haber recibido ni una respuesta por su parte también, porque pensaba que la había vuelto a cagar con James…

Pero NO, parece que el chico tenía «un par» y se había venido sin dudarlo y, quizás, sin pensarlo.

Estoy feliz, porque me voy a pegar una semana en un paraíso al lado de este chico, que, además de hacerme reír porque es un payaso, creo que le importo un poquito y me trata como a una princesa.

Ahora tengo que capear el temporal con Vincent.

Menos mal que mi correo había sido supercorrecto y nada picantón.

Puedo decirle que, finalmente, las reuniones no me van a permitir vernos o, si me apuras, puedo forzar un almuerzo superpolite con él y, de paso, justificar mi viaje a Asia con James como algo profesional.

De momento, disfrutemos de este maravilloso instante y vamos a despojar a James de ese estúpido y ridículo disfraz.